El Tribunal Superior Electoral (TSE) iniciará este jueves un juicio por supuesto abuso de poder por parte del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien puede quedar inhabilitado para ejercer cargos públicos por ocho años. La acusación, extensiva al general Walter Braga Netto, compañero de fórmula de Bolsonaro como candidato a vicepresidente el año pasado, sostiene que el líder de ultraderecha violó la ley electoral en varias ocasiones por los ataques proferidos contra el sistema electoral de urnas electrónicas a lo largo del proceso que llevó a la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva.

    Abuso de poder

    El proceso fue abierto por una denuncia del hoy oficialista Partido Democrático Laborista (PDT) del candidato presidencial Ciro Gomes. Está centrado en la dura campaña de descalificación que Bolsonaro mantuvo contra la justicia electoral y otras instituciones durante los dos años previos a los comicios de octubre pasado. El TSE reservó tres audiencias para este caso, por lo que la sentencia, que puede declarar «inelegible» a Bolsonaro durante ocho años si fuera declarado culpable, sería dictada la semana próxima.

    Un punto central de la acusación es una reunión que Bolsonaro convocó en la residencia oficial de la presidencia con medio centenar de embajadores extranjeros el 18 de julio de 2022 para insistir en su campaña de descrédito contra el sistema electoral. En esa reunión, transmitida por la televisión pública por orden expresa de la presidencia, intentó convencer a los diplomáticos de los supuestos fraudes que permitirían las urnas electrónicas que se usan en las elecciones en Brasil desde 1996, pese a que nunca desde entonces se comprobó una sola irregularidad.

    «Tenemos tiempo de resolver el problema, con la propia participación de las fuerzas armadas», dijo el entonces mandatario, que acompañó el discurso con una presentación de PowerPoint con supuestas irregularidades en el sistema electoral, sin el respaldo de ninguna auditoría. La reunión con los embajadores fue la punta de una campaña contra las urnas electrónicas a la que Bolsonaro imprimió más violencia aún desde marzo de 2021, cuando la Corte Suprema anuló los juicios por corrupción que llevaron a la cárcel a Lula, quien desde ese momento paso a liderar todas las encuestas electorales para 2022.

    De acuerdo a la acusación, Bolsonaro incurrió en «abusos de poder político» y en «uso indebido de los medios públicos», al valerse de la residencia oficial de la presidencia para esa reunión y ordenar su transmisión por la televisión pública. Sin embargo, el PDT fue más allá y sostuvo que Bolsonaro «buscó la adhesión de países extranjeros para, en caso de promover un golpe de Estado, conseguir apoyo con la tesis de que el proceso electoral no habría sido confiable y sería el resultado de un fraude».

    «No van a cambiar nuestra forma de actuar»

    Bolsonaro admitió públicamente la posibilidad de un revés, aunque anticipó que buscará seguir gravitando en la política. «Nadie va a cambiar nuestra forma de actuar. Sabemos cómo es la justicia en Brasil. Pase lo que pase, nos preparamos para buscar alternativas«, dijo el expresidente la semana pasada en un acto del Partido Liberal en Brasilia.

    La considerada segura condena de Bolsonaro en la justicia electoral es vista por los analistas como una reducción de la tensión política, ya que la derecha y la ultraderecha tendría otras opciones para 2026, como por ejemplo los gobernadores de San Pablo, Tarcisio de Freitas, y de Minas Gerais, Romeu Zema. El presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, aseguró que en caso de ser inhabilitado Bolsonaro será el «gran elector» de las municipales de 2024 trabajando las candidaturas de la fuerza que es la primera minoría en la Cámara de Diputados.

    Desde Roma, donde se reunió con el papa Francisco y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, Lula aseguró que espera que Bolsonaro «tenga la presunción de inocencia, el derecho a la defensa y un juicio justo». En diálogo con el diario Corriere Della Sera, el presidente de Brasil aseguró: «Quien siembra vientos recoge tempestades. Mi antecesor no plantó ni el viento, plantó el odio. Habló contra la democracia, contra las instituciones».

    El rol de Bolsonaro en el intento de golpe

    Contra Bolsonaro, aunque no esté expreso en los cargos, juega todo lo ocurrido después de que Lula ganó las elecciones y el asalto a la sede de los tres poderes de la nación del ocho de enero, ocho días después de la investidura del actual mandatario progresista.

    El líder de ultraderecha no reconoció el resultado de las urnas, alentó a sus simpatizantes a resistir y el país entró en una escalada de tensión, con miles de activistas acampados a las puertas de los cuarteles del Ejército exigiendo sin pudores un golpe militar. Todo eso en plena transición, con Bolsonaro en un completo silencio frente a los actos antidemocráticos, que rompió dos días antes de la investidura de Lula para anunciar que viajaba a Estados Unidos, donde permaneció tres meses.

    Bolsonaro responde en otra decena de acciones penales y una de ellas lo tiene como sospechoso de haber incentivado el asalto a los tres poderes de enero pasado. La investigación de esos hechos incluso llevó a la policía a descubrir, en manos de algunos de sus más cercanos asesores, borradores de decretos que anularían el resultado de las urnas tras la victoria de Lula y planteaban hasta una «intervención militar» para mantener a Bolsonaro en el poder.