Vinos para acompañar los platos invernales

7 vinos perfectos para acompañar platos de cuchara

De aquí en adelante, nada más queda apechugar y pasar el invierno, abrigándonos cada vez más y comiendo, también, cada vez más calórico: guisos de lenteja, locro, goulash y pucheros pueblan el horizonte gastronómico. Y los vinos se ajustan a la cocina de mayor impacto. A continuación, una selección de siete etiquetas para comidas de invierno.

Tracia Cabernet Sauvignon 2011 ($22) para un guiso de lenteja. La verdad es una sola: nunca se hace un gran guiso de lentejas a menos que sean muchos los invitados. Básicamente porque la cantidad dignifica a los ingredientes, con abundante panceta, más y mejor longaniza, mayor cantidad de morrón. De ahí que un vino accesible y sabrosos, frutal y de paso suave, como Tracia, sea el candidato perfecto. El típico tinto que se puede comparar por caja.

Michel Torino Colección Tannat 2010 ($25) para un goulash potente. Los húngaros idearon un plato para pasar el duro invierno de Europa del este y por eso emplean carne, cebolla, pimentón y páprika, todo organizado en un estofado de alto impacto. La receta no es compleja y se consigue en internet con facilidad, y se saborea mejor con un tinto de cuerpo medio, frutado y cierta presencia de espíritu, como este Tannat salteño.

Portillo Malbec 2011 ($26) para un buen puchero. Y buen, en este caso, implica osobuco, cebolla de verdeo, calabaza y choclo, entre otros ingredientes, que cada especialidad hogareña suma desde chorizo colorado y morcilla o a lonchas de panceta. Para atemperar semejante contundencia, nada mejor que un tinto del Valle de Uco, con acidez jugosa y buen andamiaje tánico, para morigerar los efectos del puchero.

Territorio Cabernet Sauvignon 2010 ($40) para acompañar una cazuela de garbanzos con chorizo. La ecuación es precisa: por un lado, un tinto con buen cuerpo y aromática entre frutal y especiada, típicamente salteño, como este Cabernet; por otro, un guiso legendario en la cocina española, donde a la contundencia de los garbanzos se le suma la del chorizo de cerdo. En cuanto a la receta, el único detalle a tener en cuenta es hervir previamente el embutido hasta que desgrase. Todo lo demás, será disfrute.

Kaiken Cabernet Sauvignon 2010 ($49) para darle vida a unas chistorras con papa. Primero aclaremos, por las dudas: la chistorra es una longaniza vasca, finita como una salchicha criolla, y sabrosa por su abundante pimentón y ajo. Con ese preámbulo, un potaje a base de papas y chistorras es, además de un plato sencillo, un manjar calórico. Y para acompañarlo nada mejor que este tinto fuera de serie, de aromas frutados y boca cordial, con paso suelto y armónico.

Saurus Chardonnay 2009 ($53) con una sopa crema de cebollas. Pocas sopas son tan ricas como esta. El truco está en que el sabor ácido de la cebolla marida a la perfección con la untuosidad de la crema. Y ambas, a su vez, calzan como guante a un Chardonnay fresco y de rica acidez, y con el paso levemente untuoso de forma que se acompañan con la crema. Idealmente hay que beberlo a unos 12ºC para que la magia del vino funcione en modo invernal.

Durigutti Bonarda 2010 ($55) para un locro completo. Y con locro completo decimos carne vacuna, patitas de cerdo, panceta ahumada, chorizo colorado, tripa gorda (eventualmente, claro), además por supuesto del poroto y el maíz. Digamos un plato hipercalórico, al que se lo decora con un chimichurri arriba para darle frescura al momento de servirlo. El vino, entonces, tiene que ser frutado, de cuerpo medio y con buena acidez, para darle nervio a una propuesta tan aturdidora como el locro. Tal y como es este Bonarda de Durigutti.

(Fuente: Bien jugoso. Planeta Joy.)

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