Espumantes: por la crisis, los argentinos compraron 22 millones de botellas menos que hace tres años

En el momento récord, el consumo superó el litro per cápita. Sin embargo, la pérdida del poder adquisitivo impactó sobre las ventas

Una multiplicidad de factores afectó a la industria vitivinícola, que el año pasado vio cómo el consumo interno se desplomó hasta tocar el peor registro de los últimos 70 años.

Y esto no solo obedeció al encarecimiento de la bebida nacional frente a los salarios –esto, en parte, por algunas vendimias con flojos resultados en términos de volumen-. También fue consecuencia de un fuerte cambio de tendencia en los hábitos de consumo que tuvo lugar en la Argentina y en el mundo.

Es que, mientras que en los años ’60 o ’70 las bodegas no tenían grandes competidores, en la actualidad, el vino debe pelear por cada punto de share contra otras categorías hoy muy instaladas, como la cerveza, los bitters e, incluso, las gaseosas y las aguas saborizadas.

Si a esto se suman los cambios de hábitos mencionados –de hecho, es cada vez menos usual que un día de la semana se abra un vino en un hogar-, está dado el cóctel perfecto para que el consumo caiga al mínimo histórico.

Las burbujas resistían, pero…

A contramano de esta tendencia, la comercialización de espumantes no solo venía resistiendo, sino que comenzó a dispararse a partir de 2010.

Esto, en gran medida, por el esfuerzo que hicieron las bodegas para desestacionalizar el consumo, de modo que las burbujas no estén relacionadas únicamente con las celebraciones de fin de año.

En este sentido, un informe de la División Vinos del Banco Supervielle destaca entre los cambios notables de los últimos años «el espectacular crecimiento del consumo de vinos espumantes que dio lugar a una gran expansión de bodegas tradicionales en este tipo de vinos como de otras que los añadieron a sus portfolios».

En 2016 (considerando el período cerrado al mes de marzo), se vendieron en el país 5,3 millones de cajas de 12 botellas, equivalente a 9 litros. Esto representó unos 47,7 millones de litros, marcando un récord histórico.

Sin embargo, tal como señala el informe, «luego comenzó una declinación que sigue hasta nuestros días y ubica el despacho al mercado doméstico en valores similares a los de 2011».

En efecto: en los últimos doce meses, con datos cerrados a marzo, el volumen se desplomó hasta las 3,36 millones de cajas, lo que representa unos 30,2 millones de litros.

Esto implica que, en el término de tres años, los argentinos dejaron de consumir unos 17,5 millones de litros desde el pico histórico.

«La causa dominante de esta caída es el poder adquisitivo de los consumidores en una bebida altamente prescindible», indica el análisis del Banco Supervielle.

«Es posible pensar que una recuperación del ingreso afectará positivamente a este consumo aunque no se debe esperar que esto ocurra rápidamente porque antes lo harán una gran cantidad de bienes cuyo consumo también fue postergado», advierte el documento.

Además, señalan otra dificultad que enfrentan las bodegas del sector: el mundo casi no demanda espumantes con sello argentino, a diferencia de lo que ocurre con los llamados vinos tranquilos (el clásico tinto, por ejemplo), que sí tiene demanda en los mercados internacionales. Así que la industria no tiene capacidad para derivar los stocks hacia el exterior.

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