El robot que escribe y ahora tiene derechos

China protegió con “copyright” un artículo escrito por un algoritmo de inteligencia artificial. Las personas, cada vez más valiosas.

“Dreamwriter” no lo hizo nada mal la primera vez. Lo pusieron a escribir una noticia sobre economía y negocios y presentó una historia de 916 palabras en tan sólo 60 segundos (oh, la “debilidad” de cualquier jefe de redacción). Quienes lo leyeron aseguran que el texto estaba bastante bien. “Ni siquiera podría decirse que no ha sido escrito por una persona”, afirmaron los críticos. Corría el año 2015 y el “periodismo artificial” daba sus primeros pasos.

Desde entonces Dreamwriter -un algoritmo de inteligencia artificial creado por la poderosísima compañía de comunicaciones china Tencent- no paró de despachar notas para diversos portales. Pero la semana pasada volvió a ser noticia, y esta vez fue por la denuncia de plagio que hizo Tencent en la Justicia china contra un sitio local.

Tras estudiar el caso, el fallo de un tribunal de Shenzhen, en la provincia de Guangdong, fue contundente. Los jueces determinaron que los artículos escritos por robots deben ser protegidos por elcopyright (derecho de autor), de la misma forma que los elaborados por cualquier ser viviente. Al tiempo que ordenaron al sitio a pagar a Tencent una multa equivalente a unos 220 dólares.

El artículo era un informe sobre las actividades en la Bolsa de Shanghai del 20 de agosto de 2018. “La forma de expresión se ajusta a los requisitos del trabajo escrito y el contenido muestra la selección, el análisis y el juicio de la información y los datos relevantes del mercado de valores”, dice el fallo. Agrega que el texto tiene una “estructura razonable”, una “lógica clara” y “cierta originalidad”.

Ya veníamos acostumbrados a que la inteligencia artificial lograse cosas que los humanos no podemos. Especialmente, desde que la supercomputadora Deep Blue, de IBM, llegó a ganarle al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov, en 1996. Pero que ahora, además, empiecen a tener los mismos derechos nos obliga a reflexionar sobre el tipo de educación que necesitamos.

En el futuro, que ya es hoy, la diferencia la van a hacer quienes sepan programar los dispositivos digitales, y quienes conozcan sobre la lógica detrás de la inteligencia artificial y las redes neuronales. Una educación básica ya no puede prescindir de estos saberes. Algunos le llaman «educación digital» o «pensamiento computacional», no importa el nombre.

Porque una nota podrá ser escrita en tiempo récord por un robot, pero el verdadero periodista –aplica también a otras tantas profesiones- será aquel que le dé un enfoque y un valor adicional propio, y de valor, a los datos (o los “imputs”) con los que se nutran a las máquinas.

 

 

 

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