Un diario chileno publicó que Gustavo Cerati había muerto

En la búsqueda constante de la primicia, y basados sobre el concepto de »periodismo ciudadano» nos llamó la atención la noticia -que llegó a nosotros a través de uno de nuestros colaboradores- publicada por uno de los diarios más prestigiosos del vecino país que suponía la muerte del célebre artista. A Continuación la nota publicada por el diario EMOL de Chile:

 

Después de cuatro días intentando sobrevivir a un devastador accidente cerebral, el ex líder de Soda Stereo murió a causa de un… Con él parte uno de los pocos artistas del continente que pudo conjugar una obra artística de altura con un indeclinable estrellato, que lo mantuvo en la primera línea por más de 25 años.

 

Fue una lucha durísima, extrema, que implicó someterlo a operaciones tan agresivas como la apertura de cráneo. Sin embargo, después de cuatro días de agónica batalla Gustavo Cerati ya no pudo más: Una de las mayores estrellas musicales que alguna vez haya dado Latinoamérica, falleció esta tarde a las… en el Centro Médico La Trinidad de Caracas, a causa de las consecuencias derivadas de un devastador accidente cerebrovascular.

 

La noticia fue confirmada hace pocos instantes por el médico…

 

Un continente en duelo

 

La partida de Gustavo Cerati deja un innegable vacío en la escena del pop y el rock de Latinoamérica. A sus 50 años, el ex líder de Soda Stereo se encontraba en plena actividad, como una figura completamente vigente y sumando siempre nuevos fans a lo largo del continente. Pese a sus casi 30 años de trayectoria, el argentino nunca explotó la tan rentable nostalgia. Por el contrario, su preocupación estuvo siempre ligada a la avanzada y la vanguardia, características que cultivó empeñosamente y que transformó en sus sellos.

 

Ese perfil, que en más de una ocasión le valió el rótulo de »cazatendencias» —siempre poniendo al día su halo de vanguardia y la rentabilidad de su negocio—, Cerati lo cultivó prácticamente desde sus inicios con Soda Stereo, la banda que formó junto a Zeta Bosio y Charly Alberti, y que dejó su nombre inmortalizado como una de las principales del rock en español.

 

Sus inicios (Soda Stereo, 1984) estuvieron marcados por un sonido lúdico, deudor del ska, combinado con letras livianas y sin complejos. Sin embargo, ya para el segundo disco del grupo Cerati inició su seguidilla de marcados giros, una actitud que marcaría su vida artística. Nada personal (1985) se inserta en la llamada new wave de los 80, y tanto en ejecución como en producción la mano cuidadosa del argentino comienza a hacerse notar.

 

Fue el inicio de la verdadera revolución que protagonizó el grupo, con singles expandiéndose por las radios y escenas de delirio de fans que se repetían por todo el continente. Chile, por supuesto, no fue la excepción, e incluso Cerati se refirió a su primera visita al país como un auténtico punto de quiebre: »Luego de Chile estábamos muy felices, porque queríamos la fama, vender muchos discos y creíamos que éramos el mejor grupo del mundo», dijo alguna vez sobre sus concurridas presentaciones de 1986.

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Una historia esencial

 

Discos como Signos (1986) y Canción animal (1990) no estuvieron ajenos a la carrera de Cerati por estar en la delantera del pop y el rock, pero fue el álbum de 1992, Dynamo, el que más lejos pareció llegar en esas intenciones. Plagado de sonidos electrónicos, el disco generó tantas alabanzas como incomprensión, situación que se reviritió con Sueño Stereo (1995), continuador de la misma fórmula, pero generalizadamente aplaudido.

 

Ése sería el último álbum del trío, que cerró su trayectoria con el disco en vivo Confort y música para volar (1996), y una gira de despedida al año siguiente.

 

Para entonces, Cerati ya había probado suerte en solitario y con éxito. Durante una crisis de Soda Stereo, en 1993, aprovechó de grabar Amor Amarillo, un disco de delicadas composiciones donde acentuó la exploración electrónica, tal como había hecho en su reciente colaboración con Daniel Melero (Colores Santos, 1992). La atmósfera final, en el caso de su primer álbum como solista, la dio la combinación con su naciente vida familiar, tras contraer matrimonio con la modelo chilena Cecilia Amenábar y el venidero nacimiento de su primer hijo, Benito.

 

Ese período, hasta el final de Soda, permitió que Cerati terminara de instalarse como un referente latino, un integrante de las grandes ligas, una especie de faro, impregnado de una estela de »vanguardia» que en adelante no abandonaría.

 

Solo y arriba

 

En esa línea continuó tras el fin de Soda Stereo, ya con la oportunidad de dar rienda suelta a ocurrencias que no requirieran de la estructura del trío para materializarse. Es entonces cuando Cerati se muestra definitivamente como ese artista que no tiene complejos en subirse a los barcos que están por llegar al puerto trayendo las últimas novedades.

 

Así, con todo gusto se empapó de la electrónica que en esos días recién comenzábamos a importar en masa, y en la que se dejó ver como DJ, pero sobre dando vida a proyectos como Ocio y Plan V, este último con un trío de músicos chilenos.

 

Esas incursiones post-Soda, sin embargo, revelaron su función total recién hacia el final de la década: Fueron de exploración, una forma de impregnarse de nuevos elementos, pero también de transición hacia el gran golpe que daría en 1999, con su segundo álbum firmado con nombre y apellido. Fue Bocanada, un disco de singles tan difundidos como »Puente» y »Paseo inmoral», y en el que los condimentos electrónicos y los efectos de pedaleras no perdonaron a ningún corte.

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Esa misma línea sería la que mantendría para Siempre es hoy (2002), un álbum recibido con algo menos de entusiasmo por la crítica, pero que igualmente se diseminó rápidamente gracias a esa habilidad para hacer melodías recordables e irresistibles, que Cerati exhibía a flor de piel desde sus orígenes.

 

Pero en 2006 el barco que se acercaba al puerto traía otras noticias. Tras largas temporadas de efectos, la avanzada del rock y el pop había proclamado su regreso a la guitarra eléctrica y la distorsión, y Cerati no se excluyó de aquello. Así nació Ahí vamos, un disco potente, eléctrico y con una energía suficiente para devorar cualquier prejuicio de origen.

 

Ya a nadie le podía caber la duda, Cerati era un rockstar latino en actividad constante, un permanente flujo de novedades por sí mismo. Sin embargo, del continente entero surgían cada tanto preguntas y versiones sobre un posible regreso de Soda Stereo, como una pérdida que no se lograba asimilar, como un duelo sostenido con más majadería que buenas razones. Cerati era conciente de esto, y no desconocía que el cántaro en algún minuto se iba a romper.

 

El fin de la gira de promoción de Ahí vamos, el acercamiento personal con Bosio y Alberti, además de una buena oferta arriba de la mesa, permitieron que el trío se juntara en 2007, diez años después de su disolución. El resultado fue un multitudinario tour, con todos los recursos a su disposición para hacer el espectáculo que siempre quisieron, y que aunque abrió el apetito de fanáticos, productores y ejecutivos, Cerati siempre definió con la misma noción: »Una burbuja en el tiempo».

 

La vida útil de la burbuja era acotada, con plazos conocidos de antemano. A fines de ese año todo debía volver a la normalidad y así sucedió. Con el hambre de Soda Stereo satisfecha, ahora podía volver a sus proyectos, y así fue como reapareció en 2009. La consigna ahora se llamaba Fuerza natural, un disco inscrito en nueva new wave y en el rescate de las guitarras acústicas, y que Cerati presentó, como siempre, con una amplia gira por el continente.

 

En eso estaba, la noche del sábado 15 de mayo de 2010, cuando todo se oscureció: Tras terminar su concierto en la ciudad venezolana de Caracas, Cerati se desvaneció, llegó al hospital de urgencia y se le diagnósticó el inmisericorde derrame cerebral, publicaba el prestigioso diario chileno emol.com.

 

 

 

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