TEXTO DE MONONA RAMIREZ SOBRE LA PUEBLADA DE ALVEAR

A continuación, MendozaOpina publica un texto sobre un análisis sobre un evento puntual que realiza la Profesora Mirtha Monona Ramírez, escrito en junio de 2007.

Los hechos mencionados son más conocidos para los pobladores de esa zona, al sur este de Mendoza. Mirtha Monona Ramírez, una inquieta y destacada mujer, pensadora y comprometida con el momento que le tocó vivir.

Para quienes no la conocen les contamos que Monona fue estudiante de periodismo en la década del 70 hasta la interrupción de la vida democrática por los dinosaurios de la atroz dictadura autodenominada «Proceso de Reorganización Nacional», dirigido por la junta militar conformada por Videla Agosti y Massera y avalado por numerosas instituciones civiles, gremiales empresarias y la cúpula de la iglesia con sede en Roma.

En meses previos al golpe militar, el compañero de Monona Ramírez, Amadeo Sánchez Andía, peruano de 25 años, estudiante de periodismo y secretario del Centro de Estudiantes, sufrió lesiones graves en un accidente a la altura de La Paz en un colectivo de la empresa Colta donde viajaba con rumbo a Córdoba. Fue derivado al Hospital Regional de San Martín, de donde fue secuestrado por un grupo comando vinculado a la policía federal, la noche del 5 de junio de 1975, por “cuatro o más personas encapuchadas y con armas largas”.

Mirtha Haydée Ramírez, nuestra “Monona”, era la esposa de Amadeo, cuyo cuerpo sin vida fue hallado en Canota, brutalmente torturado y con inscripciones. Monona, estaba embarazada y a los seis meses del asesinato del peruano Sánchez Andía, nació su hija…

Gladys, «La Negrita» es la hija de Monona y el Peruano… Mirtha y Amadeo, heredera orgullosa de esta historia de pasión, militancia, amor, compromiso,  persecución, torturas y muerte.

Este texto, decíamos, pertenece a Mirtha Monona Ramírez pero por causas que desconocemos, otra persona lo ha publicado recientemente adjudicándose la autoría y desconociendo a la autora original.

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Sabemos quién fue el que ha sustraído el texto, y esperamos que corrija el «error» de la autoría en su página web. Y también esperamos que pida las disculpas públicas correspondientes.

Mirtha Monona Ramírez soportó bastantes atropellos y violencias en su vida, como para soportar este intento de enajenación después de muerta.

El texto a lo mejor no es tan importante… pero es de ella.

Por ese motivo y a modo de desagravio lo publicamos a continuación.

Muchas Gracias.

Loto

EVDS

 

 

La pueblada de Alvear

por Mirtha Monona Ramírez

Analizar la pueblada de Alvear demanda de nosotros despojarnos de viejas categorías de análisis que se dan de bruces con la realidad, sacarnos el corset del marxismo ortodoxo, con su lucha de clases antagónicas, su burguesía y proletariado, fuerzas productivas y otras yerbas para mirar sin anteojeras este fenómeno social. El vocabulario de las ciencias sociales y su sujeto histórico hace agua cuando tratamos de rastrearlo en esa heterogénea multitud de alvearenses que masivamente se volcó a la calle, en diferentes momentos y con diverso grado de compromiso y concientización.

El sujeto situado se salió de sitio y nos dejó sin palabras. Fue, poco a poco, pero inexorablemente…Algunos supieron sentir cómo bullía silenciosamente ese “algo” que se venía, otros lo negaban porque respondía, según ellos, a los intereses de los burgueses del pueblo, entiéndase cámara de comercio y afines, otros, no se preguntaban nada, porque no les interesaba; pero como otras veces, el pueblo, ese de abajo, de arriba, de centro y adentro, los “iguales pero diferentes” les dio una lección a los intelectuales que creyeron que había llegado la revolución y los dejaba de lado. ¿No veían la unidad de lo diverso, lo situacional de lo complejo?¿Lo multicausal de lo heterogéneo? Se habían quedado sin categorías de análisis, por la ventana se había filtrado un aire de libertad subversiva, rebelde y risueña que le ponía acción a las palabras y pensamiento a lo concreto, mientras circulaba el mate, las tortas fritas y la olla popular.

Como aquel 20 de diciembre la historia nos sorprendió haciéndose presente, nos pegó un portazo en la cara y desde la calle nos interrogó sobre nuestras convicciones. Viejos de rostro curtido y manos callosas, rusos, gallegos, ucranianos, ganaderos, comerciantes, obreros, jóvenes, niños, docentes, médicos, pobres, ricos y no tanto, mezclaron su pasión y convicción de lucha por algo tan sagrado como es la vida de los suyos y no tan suyos. Algunos rezaban a su Dios, a sus vírgenes, otros a los políticos de turno, otros a su propia fuerza, pero todos sin exclusión confiaban en el poder de la unión y el sacrificio cotidiano.

Fueron días maravillosos, inolvidables para una ciudad pequeña y ¿conservadora? Perdida en el mapa de un país con ojos extranjeros, esos mismos ojos celestes del corte de Bowen, que se mezclaba con la piel morena de Carmesa, y los castaños de la antena y el puente.

Éramos todos y muchos más. Éramos un pueblo que latía, que sentía… que tenía miedo a la palabra piquete mientras lo protagonizaba, a la palabra asamblea mientras deliraba y tomaba decisiones colectivas, al concepto de insurrección mientras cortaba sin temores pero nuestra gente se encargó de llenarlas de esperanza, de lágrimas y sonrisas, de abrazos fraternales entre “nosotros y ellos”, que en esta pueblada se convirtió en un nosotros que no permite que nos etiqueten y nos pongan en boca de intelectualoides o políticos que se sientes dueños de una batalla ganada a puro corazón, a puro huevo, a pura libertad de elegir un destino más digno, mas propio y más vivo que nunca.

Monona Ramírez – Profesora en Ciencia Política – Junio del 2007

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