¿TAN SÓLO LA PATOTA? Una lectura, otra, del asesinato de Fernando por Jorge Garaventa

¿Tan sólo la patota?

Una lectura, otra, del asesinato de Fernando

Jorge Garaventa*

Otra vez la expresión más salvaje de las violencias muestra su arista tremendamente cruda sin que nos permita suponer que el horror que genera pueda pensarse como el último acto. Circularidad mortuoria que se grafica en el luctuoso y desanimante significante del “otra vez.”

Mientras nos detengamos en los rugbiers, las drogas o el alcohol estaremos en el campo de algunos efectores y detonantes pero no en las causas primeras y últimas de las violencias.

Cualquiera de los asesinos de Fernando puede haber tenido una educación o formación diferente pero no una composición especial. No son monstruos, son productos sociales a los que la sociedad ve circular como si nada hasta que se produce un estallido que alarma. Nada de esto los disculpa. DISFRUTAN de lo que hacen, SABEN lo que hacen, y lejos de ser impulsivos, PLANIFICAN sus actos y toman decisiones. “Decidieron matar a Fernando” dijo la Fiscal, pero también alguien del club dijo “sabíamos que hicieron esto varias veces, en Zárate todo se sabe”. ¿Y entonces? “Pero nunca habían llegado a tanto”, finalizó. O sea, las golpizas en banda están dentro de lo tolerable.

Hay una lógica contundente en lo social que viene de la mano del incremento de la crueldad y de la barbarización de los vínculos.

Lo más grave de las violencias es que están instaladas como trato natural en los vínculos cotidianos de toda índole por lo cual solo centran la atención y el repudio “cuando se llega a tanto”

¿Es pensable una sociedad sin violencia juvenil cuando ésta habita todas las etapas de las personas?

¿Puede pensarse como excepcional lo ocurrido cuando presenciamos impávidos un femicidio cada 26 hs, el alarmante avance de la violencia contra la niñez denunciado por UNICEF el año pasado, el preocupante crecimiento del bulling que no es otra cosa que violencias entre niños y niñas? Y hay más.

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El alcohol y las drogas son un problema que afecta seriamente a la juventud, a la adolescencia y cada vez baja más su incidencia etarea. Es necesario trabajar en ello pero acordemos que estamos hablando de un detonante, o en todo caso un vehículo. No es poco por supuesto, pero no es la raíz.

También es cierto que hay que detenerse a combatir esas escuelas de rugbiers, no todas, que ponen el eje en la formación del macho terminator que puede arrasar todo a su paso. Tampoco es la raíz.

La formación de la psiquis no tiene muchos secretos. Niños y niñas se van estructurando en función de lo que ven, del trato, de los abrazos y las privaciones afectivas. El aprendizaje del odio está al alcance de la mano y de la mirada. Serán lo que han visto.

La prevención de las violencias es posible siempre y cuando se parta de la base de que el único que está en condiciones de garantizarla es el Estado, siempre y cuando decida ponérsela al hombro. Por supuesto que es imprescindible el concurso de las familias y el resto de la sociedad civil, pero las políticas públicas continuas son las únicas en condiciones de éxito.

No se puede argumentar falta de presupuesto cuando bien sabemos que estamos hablando de decisiones políticas, no económicas. 

Reconozcamos que un gran condicionante opera cuando quien tiene la función de prevenir es partícipe de lo que se intenta erradicar: El problema es cuando para algunas porciones del Estado el reviente joven es parte del negocio, como en algunos balnearios, y no exclusivamente.

La educación sexual integral con perspectiva de género desde las primeras instancias de la formación y contenido pacifista cumple un rol fundamental. Hay que combatir el mito de que esta está al servicio de hablar de penes y vaginas y como utilizarlos cuando lo cierto es que niños y niñas llegan sabiendo eso holgadamente. Más bien es urgente desandar la formación de machitos y princesas. Machitos que no lloran ni expresan sus sentimientos y por lo tanto van acumulando rencor y resentimiento hasta el estallido.

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Se necesita combatir los roles estereotipados que se aprenden en la familia, en la escuela y en el barrio. Y el regocijo y goce social que ellos generan.

Pero sobre todo empezar a desarmar las premisas sociales hoy vigentes de que las diferencias se resuelven con la eliminación del otro tal como se va aprendiendo en algunos hogares, series, videogames, y en la calle misma.

En lo coyuntural y sin perder de vista que esto sólo no alcanza, son necesarios talleres en los primeros años y en los clubes barriales y deportivos, deconstruyendo el aprendizaje de las violencias a través de operadores capacitados y convencidos. Las experiencias han sido exitosas pero ceñidas a esos pequeños grupos.

Silvia Bleichmar, una gran psicoanalista fallecida hace unos años hablaba de tres pautas fundamentales en la crianza. Amor, porque sin él nada es posible, Responsabilidad, porque debemos hacernos cargo de que decidimos traer un hijo al mundo, y Asimetría, porque la palabra paterna o materna capaz de contener la del niño es fundamental. Y el niño y la niña necesitan en esa etapa saber que no todos somos lo mismo y eso les brinda protección y direccionamiento. El resto es la fuga adulta, la ausencia, la anomia…y todo lo que estuvimos hablando antes

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* Miembro de la Junta Ejecutiva de la FEPRA

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