SOBRE BRUJAS, MAGIA Y ELEFANTES

SOBRE BRUJAS, MAGIA Y ELEFANTES

Hace unos días (29-08-2020) el diario Clarín publicó un artículo titulado “Feminismo mágico: Nosotras sanamos el Zoológico y liberamos a la elefanta Mara” (https://www.clarin.com/espectaculos/feminismo-magico-sanamos-zoologico-liberamos-elefanta-mara-_0_G8r47a_Hc.html).

La aludida nota trata sobre dos “pitonisas predilectas de la creme de la creme” (autoridades políticas incluidas) que para resolver problemas de la más heterogénea naturaleza emplean terapias diversas enmarcadas dentro de lo que se conoce como “pensamiento mágico”.

Este “pensamiento mágico” se basa en el supuesto de que con tan solo desear algo, eso se hará realidad, contradiciendo todo análisis basado en evidencias y razonamientos compatibles con una perspectiva científica.

Lamentablemente, y a nuestro pesar, la experiencia nos muestra que los deseos no se cumplen por arte de magia, sino sólo como fruto de la planificación y el trabajo basados en conocimientos rigurosos.


A veces, este “pensamiento mágico” es inofensivo, como es el caso de algunas creencias populares como, por ejemplo, aquellas que atribuyen buenos augurios a la visita de un picaflor. Pero en otras ocasiones, este modo de pensar puede tener consecuencias claramente negativas. Esto sucede principalmente cuando el “pensamiento mágico” se utiliza en lugar del conocimiento científico para tomar decisiones sobre asuntos en los que, debido a los complejos aspectos técnicos implicados, la ciencia constituye una guía más fiable. Tal es el caso del hecho referido en la nota en cuestión, que da cuenta de que se recurrió al “pensamiento mágico” para atender problemas en una institución de neto corte científico, como es el caso del Ecoparque de Buenos Aires (ex Jardín Zoológico “Eduardo Ladislao Holmberg”).

En este sentido, el funcionario porteño Federico Iglesias, Director General de Control Ambiental a cargo del Ecoparque, contrató a dos “pitonisas”, según sus declaraciones, con el fin de “mejorar la energía del viejo parque” y de mejorar la situación de los animales que se hallaban “tristes, estresados”, entre otras cosas, porque extrañaban a los chicos que visitaban las instalaciones.

Las “pitonisas” hablaron con los animales, prendieron velas, desparramaron pétalos de flores e hicieron “inventarios de deseos”, acciones con las que pretendieron solucionar el estatus habitacional de los animales alojados en el Parque.

Más aún, aseguraron que debido a su intervención trasladaron a la elefanta “Mara” y que el rinoceronte “dejó de descomponerse tanto” (dicho sea de paso, el rinoceronte en cuestión falleció).

Estas acciones implican el mensaje de que el “pensamiento mágico” constituye un fundamento válido para tomar decisiones sobre el manejo de animales en cautiverio, lo que reviste gravedad considerando que dichas acciones tuvieron lugar en un organismo oficial que tiene la misión de desarrollar la educación científica y ambiental (además del bienestar animal, la investigación y la conservación de la biodiversidad).

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Que la máxima autoridad del Ecoparque propicie este tipo de prácticas se contrapone claramente con esos objetivos institucionales. Esto ha generado algunos conflictos internos (un médico veterinario renunció por haberse ponderado la “praxis” mágica) y agrava el ya importante desprestigio de la institución. Desde que el Jardín Zoológico fue transformado en Ecoparque ocurrieron muertes de numerosos animales. Cientos de ellos fueron derivados a otros zoológicos o “santuarios” (nombre impreciso que engloba a instituciones que mantienen en cautiverio especies o grupos de especies) lo que causó el repudio de los especialistas que pusieron el foco en la inexistencia de una evaluación previa de los individuos, el enorme costo económico y la ausencia de un plan estratégico de manejo.

Muchos cuidadores experimentados fueron dados de baja, y los programas de conservación, entre los que se destaca el de aves rapaces y cóndores han sido desfinanciados. Incluso, las autoridades del Ecoparque impulsaron una ley, para concesionar comercialmente 15 edificios emblemáticos del predio (muchos de ellos, declarados “Monumento Histórico Nacional”) con sus respectivos espacios verdes. Esto ha sido coherente con la política impulsada por los consecutivos directores de la gestión del Ecoparque Porteño, que no han priorizado el desarrollo de los objetivos de bienestar animal, conservación de especies, investigación científica y educación ambiental.

Así, hay sobradas razones para dudar de la calidad técnica de la gestión del Ecoparque, y es esto lo que nos hace sospechar y temer que intervenciones como la de estas “pitonisas” no se limiten a una mera acción simbólica (lo que también sería cuestionable) sino que estén influyendo en las decisiones concretas de gestión de la institución.


Aunque lo más grave son los hechos que tuvieron lugar en el Ecoparque, los/as firmantes de esta nota también queremos expresar nuestra preocupación por la nota periodística. Dicha nota, lejos de ofrecer una mirada crítica de estos hechos, los comunica con un tono positivo y aprobatorio. La superficialidad y falta de rigor de la nota se evidencia también en otros aspectos como, por ejemplo, la superficial mención al feminismo en el título (tema que luego no se aborda en el cuerpo de la nota).

Por otro lado, nos encontramos en un contexto, dado por la pandemia de COVID-19, en el que el abierto desprecio por el conocimiento científico por parte de diversos actores sociales, y su reemplazo por creencias muchas veces relacionadas con el “pensamiento mágico”, está contribuyendo a agravar la situación. La muerte reciente de un niño por ingerir dióxido de cloro, práctica sin ningún sustento científico pero fomentada por algunos comunicadores sociales, se constituye en un testimonio trágico del peligro al que estamos haciendo referencia. En semejante contexto, es grave que desde una institución como el Ecoparque se fomente el recurso al “pensamiento mágico” para abordar cuestiones eminentemente técnicas.

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En el mismo sentido, es grave que un medio de comunicación masiva como el diario Clarín fomente estas prácticas al comunicarlas como algo positivo.

En suma, consideramos que estos hechos conspiran contra todos los fines de una institución como el Ecoparque. No hay ningún problema en creer en la magia, pero esto no resulta un método recomendable para resolver problemas con un fuerte componente técnico y en el marco de una institución pública de gestión estatal… ni para salvar los animales del Ecoparque porteño.

Federico L. Agnolin
Julia S. D´Angelo
Jordi A. García Marsà
Leonardo M. González Galli
Claudio Bertonatti (autor de las imágenes ilustrativas) 

 

 

Los autores/as es:
Federico Agnolin. Doctor en Ciencias Naturales de la UNLP. Investigador Adjunto CONICET. Se desempeña como paleontólogo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales y Fundación Félix de Azara
Julia S. D’Angelo. Licenciada en Ciencias Biológicas. Becaria doctoral de CONICET. Desarrolla sus tesis en Paleontología en el LACEV-MACN.
Jordi A. Garcia-Marsà. Licenciado en geología por la Universidad de Barcelona y Magister en paleontología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Becario doctoral CONICET. Desarrolla su tesis doctoral en paleontología en el LACEV-MACN.
Leonardo González Galli. Doctor en Ciencias Biológicas de la UBA. Investigador Adjunto CONICET. Es investigador en didáctica de las ciencias naturales en el Instituto de Investigaciones CeFIEC (FCEN, UBA) y profesor adjunto en el Profesorado de Biología de la FCEN de la UBA.
Claudio Bertonatti. Museólogo, naturalista y docente. Fue Director en la Fundación Vida Silvestre Argentina, la Reserva Ecológica Costanera Sur y el Jardín Zoológico de Buenos Aires. Es Investigador del Centro de Ciencias Naturales, Ambientales y Antropológicas de la Universidad Maimónides y de la Fundación Azara. Es profesor de la Cátedra de UNESCO de Turismo Cultural y del Instituto Perito Moreno.

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