“Salve, ¡oh César! ¡Los que vamos a morir te saludan!” por Eva Giberti

“Salve, ¡oh César! ¡Los que vamos a morir te saludan!”

por Eva Giberti (91 AÑOS)

Así saludaban los gladiadores romanos al poderoso César, desde las arenas del Coliseo romano, golpeándose el pecho con el puño cerrado sobre el corazón. Sabían que morir era la mejor parte del espectáculo y también sabían que iban a morir en el encontronazo con su oponente.

Los viejos, que no somos estúpidos, sabemos que nos vamos a morir antes que los jóvenes y presenciaremos hechos que nos anticiparán obediencias a los antojos del César, cuando decida que debemos solicitar permiso para salir de nuestras casas. Cada vez que pretendamos hacerlo.

Como conocemos las estadísticas estamos informados/as: el coronavirus nos prefiere ; es evidente que somos prioritariamente los que nos morimos. Entonces es una cuestión de números: evitemos que los viejos se expongan al virus, saquémoslos de circulación. Porque primero se comenzó a tratar de cuidarnos utilizando el estilo que formidablemente María Moreno describió: «El machaque sin matices de que los grupos de riesgo son los mayores de 65 años, en tánato-comunicación, terrorismo prensero dirigido justamente a los que ya habían sido dados por muertos desde antes, ni productores, ni reproductores, ni consumidores, ni, ni, ni, ni, encima lastres tecnológicos que a lo sumo han llegado a aceptar la televisión por cable y el teléfono inalámbrico…”

Alcanzaba con una recomendación nueva para cuidarnos y nosotros obedeceríamos reconociendo el cuidadoso afán de protegernos. No reconocimos nada, salvo que estábamos sobrando para emprolijar las estadísticas.

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Este recorrido se desmoronaría si los que vamos a morir reconocemos que existe un Plan Integral de Cuidado y Acompañamiento de Adultos Mayores con operadores destinados a convencernos que volvamos a casa, pero…si nos retobásemos y no escuchásemos las indicaciones protectoras, se nos solicitará el DNI: O sea, ¡Identifíquese!, veamos quién es este señor/a que se torna agresivo al desobedecer. De ese modo quedará asentado en el sistema ¿cuál sistema? ¿Se inspiraron en Kafka, este muchacho que se especializó en escribir cómo funcionan los sistemas judiciales y policiales? Quedaremos inscriptos en algún sistema donde conglomeran a los desobedientes que, además podrán ser requeridos por miembros de las fuerzas de seguridad ¿Eran concientes de lo que escribían? O, justamente, es una propuesta destinada a aplastar los Derechos de la Ancianidad, que son parte de los Derechos Humanos.

No comprenderíamos que corremos riesgo si pretendiésemos salir de casa para comprar una revista; necesitaríamos un lazarillo, un operador destinado a recordarnos que somos ciudadanos necesitados de orientación.

“Eva, usted habla así porque nunca convivió con viejos caprichosos o con otros muy alterados, o confusos a los que hay que proteger!”

Cierto. Pero ya sabemos adónde conduce ese tipo de protección, sin consentimiento previo. Asumen la responsabilidad de crear un claustro donde impera la humillante situación de pedir permiso para salir de la propia vivienda. Que no es un permiso, sino una confidencia:

“¡147? “ Me llamo Juan Pérez y quisiera salir de mi casa a comprar flores para ir a la Chacarita y ponérselas a mi mujer…”

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Se escucharon voces indignadas. Una, proveniente de alguien calificado para saber qué quiere decir cada palabra, es la de Luis Alberto Quevedo (sociólogo, titular de Flacso) que me pareció concreta: ”Es una barbaridad” (en el programa radial Reunión Cumbre, de Carlos Ulanovsky). No hace falta recordar que la palabra deriva de los bárbaros cuyo accionar guerrero finiquitó la historia de los Césares y sus descendientes. Sus barbaridades dejaron una historia negra en la tierra que conquistaban de la mano de Atila. Impedirnos salir de nuestra casa a partir de los 70 años afirmando que es para protegernos del riesgo que significamos para nosotros y para los demás, es una discriminación y por tanto, una barbaridad

Entonces, si se trataba del lugar que ocupamos en las estadísticas, ¿era necesario seleccionarnos como una comunidad de ancianos vigilados en sus casas? Humillados por imponerles la obediencia sin consenso y aceptando que una fuerza de seguridad intervenga en nuestro deseo de caminar?

Los que vamos a morir nos opondremos a quienes de este modo quieren protegernos . No nos golpearemos el pecho con el puño cerrado, sobre el corazón. Blandiremos nuestros Derechos, sin retroceder.

 

Eva Giberti es psicóloga y vive en Buenos Aires.

 

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