«No estaba listo para morir»: el drama del nene de 13 años que intentó vencer al Aconcagua

Henry Horvath sufrió un edema cerebral a pocos metros de alcanzar la cima junto a su padre. Cómo burló a la muerte en el pico de América.

«Sabía lo que era un edema cerebral y que podía expandirse por todo mi cuerpo. Si bien cuando bajamos me sentía mejor, no era yo mismo». La reflexión pertenece a Henry Horvath, un chico estadounidense de 13 años que sufrió una parálisis facial y un principio de edema cerebral a pocos metros de la cima del pico más alto de Occidente. Estaba junto a su padre, el experimentado guía Timothy Horvath (48), quien pese a haber cumplido la hazaña tres veces en el Aconcagua y otras tantas más en la cadena del Himalaya, por primera vez sintió la muerte (casi) en primera persona.

Padre e hijo arribaron a Mendoza esta semana para cumplir con un anhelado sueño. Con la envidiable sed de aventura de un adolescente, Henry jamás puso un “pero” al plan de su papá, por más loco que le sonara cuando se lo propuso en su natal Nueva York. Y eso que ocurrió frente a la atenta mirada de su mamá quien, tras varias idas y vueltas, finalmente le dio el aval a su «pequeño» para unirse a ese selecto grupo de valientes que lo logra cada año.

La escalada al techo de América la inició el lunes pasado, junto a otras siete personas, tanto del equipo de Timothy -al mando de la campaña- como de un grupo de escoceses que también se animó a la hazaña. La bonanza acabó a unos 5.560 metros, más exactamente en el campamento número tres, donde Henry dejó de mostrar su entusiasmo.

“No pestañeaba, mantenía abiertos sus ojos. Sólo podía sonreír de un solo lado, ni siquiera una pierna podía mover”, recordó su padre en diálogo con Los Andes. Por primera vez en su vasta trayectoria sintió el peor de sus miedos, que otrora le había resultado esquivo.

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En medio de la oscuridad que lo acechaba, la confianza en sus compañeros fue crucial. “Cuando vi que Henry no podía pestañear, los demás avisaron automáticamente a los miembros de la Patrulla de Rescate. Les dijimos que vinieran lo más rápido posible. Ellos nos dijeron que Henry estaría bien”, relató el hombre de 48 años.

Con los síntomas in crescendo y una amenazante tormenta en el horizonte, el equipo de Timothy (de Grajales) estabilizó al chico y lo llevó a Plaza Argentina (4.100 metros de altura). Allí, dos guardaparques y un médico le brindaron la asistencia necesaria y le dieron medicamentos. Tras las mejoras meteorológicas, recién en la mañana del martes el helicóptero pudo ascender y cargó a Henry para bajarlo a Horcones.

“Le dieron oxígeno y Dexametasona -medicamento para bajar la hinchazón-. Su cerebro estaba mejor a medida que descendíamos. Arriba no podía decir mi nombre, ni el suyo, ni el de sus perros. Durmió cinco horas hasta que subimos a la ambulancia y fuimos a Uspallata”, contó Timothy.

Más allá del alivio del padre, Henry reveló sus sensaciones que, a su corta edad, le permitieron “graduarse” como un andinista. “Creí que me iba a morir, no estaba listo para morir. Sabía lo que era un edema y que podía expandirse por todo mi cuerpo, y es lo que pensé que estaba pasando. Mientras más bajábamos, me iba sintiendo mejor aunque no era yo mismo”, manifestó el joven.

Al oír sus profundas palabras, Timothy no dudó en interrumpirlo: “¿No lloraste en algún punto?”. Sacando pecho, Henry lo reconoció: “Al principio sí, cuando volvimos. Aunque mientras bajamos también pese a que iba sintiéndome mejor”. Emociones similares sintió al hablar luego con su mamá y su hermanito de 9 años, cuya jornada habitual en Nueva York se vio interrumpida con un inesperado llamado.

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“Cuando bajamos, llamé a mi esposa para decirle lo que había pasado. Ella se tranquilizó de que estuviéramos fuera de peligro, pero no estaba enojada. En cambio sí aseguró que estaba contenta de que yo estuviera aquí para lidiar con esta situación porque ella no hubiera podido lograrlo”, comentó el andinista.

Timothy Horvath tiene más de 20 años experimentando en las altas cumbres del planeta. Llegó a la cima del Everest, el K2 y el Kanchenjunga (Nepal) -los tres colosos del mundo- de manera sucesiva. “En 1998, una gran tormenta acabó con varios, pero yo sobreviví”, rememoró, en una extraña mezcla de alivio y tristeza.

Este jueves, los Horvath tomarán un vuelo con destino a Santiago de Chile, la escala previa a su ansiado hogar. El desánimo y el invicto perdido en el Aconcagua no les quita el sueño: quieren volver el año próximo a Mendoza para tener su merecida revancha. “Seguiremos intentándolo”, sostuvo Henry, cuyas inminentes aventuras prometen captar nuevamente nuestra atención.

“Estamos muy agradecidos con los integrantes de la patrulla. Todos fueron excelentes, al igual que los médicos que hicieron un increíble trabajo. En Estados Unidos, la tomografía que le hicieron a mi hijo hubiera demorado semanas en realizarse, con un costo tres veces superior al de acá. Argentina es grandiosa en atención sanitaria”, recalcó Timothy.

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