Médicos payasos

 

La finalidad del trabajo de Payamédicos es contribuir con la salud emocional del paciente hospitalizado, se trate de un niño o un adulto, un hombre o una mujer. El objetivo es desdramatizar el medio hospitalario demostrando, al paciente y toda persona involucrada con el lugar, que el hospital también puede ser un sitio de encuentro y de risa. Poder fomentar la fantasía y propiciar la subjetividad para que el organismo de la persona internada se ponga en funcionamiento, es otro de los fines perseguidos. Hay una instancia de entretenimiento, pero lo principal es el trabajo terapéutico.

Base del trabajo artístico del ‘payamédico’ es el clown, la ternura y la inocencia de los gestos, la risa calma y la alegría sencilla del artista que sin palabras emociona y divierte.

La propuesta de Payamédicos implica un modo particular de entender la enfermedad que incluye una manera de desentenderse de la medicina actual, del paradigma positivista. “En este punto ancla lo de desdramatizar la situación hospitalaria e incluso los elementos propios del lugar. La idea de binomio fantástico que representa la noción de ‘payamédico’ también se puede aplicar a los objetos que utilizamos en nuestra intervención. Como la ‘jeringaraca’, mitad jeringa – mitad maraca, o ‘el estetosflorio’, un estetoscopio que en vez de tener una campana como el que usamos los médicos tiene una flor, y así hay una lista larga de objetos y cosas que combinan herramientas crueles del hospital con cosas de un universo más fantástico, poético, bello. Porque esa es la idea: llevar belleza a una institución tan dura e intervencionista y hasta amenazante como es el hospital”, sintetiza el director del grupo.

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Reconociendo lo real y lo fantástico, lo concreto y lo mitológico que rodea a las instituciones hospitalarias, sin desmerecer los prejuicios que existen hacia médicos y hospitales, pero dentro de la misma área de trabajo, los ‘payamédicos’ despliegan adivinanzas y canciones “para que el pinchazo duela menos”.

En un comienzo, los ‘payamédicos’ fueron sólo cuatro. Al poco tiempo, el centro José Ingenieros estallaba de médicos, estudiantes de medicina, psicólogos, psicoterapeutas, sociólogos y artistas que querían formarse como ‘payamédicos’. “Los primeros grupos eran numerosísimos, pero de noventa sólo terminaban diez. Se necesita mucho más que buena voluntad o ser un buen artista para hacer esto. Muchos se interesan en formarse pero al momento de actuar no se animan. No es lo mismo hacer teatro en una plaza o en una sala que entre pacientes con sondas, con tubos de oxígeno o en terapia; además, los vínculos que establecemos con los pacientes son fuertes, y muchas veces tienen la edad de tus padres o de tus hijos, o la tuya misma y están muy graves”.

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Hoy, son treinta y cinco los ‘payamédicos’ que dos veces a la semana visitan a los pacientes internados en los hospitales Udaondo y de Clínicas, y en la sala 29, de niños, del Muñiz. Bastan sus bromas y sus sonrisas ingenuas para que a esos chicos y grandes, que miran la ciudad desde la ventana de una sala de internación, el territorio del hospital les resulte de algún modo menos agresivo, menos indiferente, y entre caricias, formas mágicas, colores y mucha ternura cobre, justamente, vida.

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