Matar a patadas entre varios

El periodista Adrián Murano contó una experiencia que en mucho se parece a la tragedia de Villa Gesell aunque por fortuna con otro final. Y deja fuertes reflexiones.

Una sola vez en mi vida tuve miedo de morir. Ocurrió a los 16 años, en Miramar. Estábamos con dos amigos en un boliche cuando un equipo de Rugby de Tucumán se propuso a los gritos: «Vamos a matar a los porteños».

Cuando nos identificaron como tales (porteños), comenzó un hostigamiento que incluyó gritos, empujones, bebidas arrojadas al piso. Aguantamos cuanto pudimos para no quedar mal ante «las chicas» -en esa edad y época el «aguante» era una expresión de virilidad valorizada por todes-

Hasta que hicimos cuentas y decidimos la retirada: éramos tres alfeñiques medio nerds frente a una manada de musculosos desaforados.

Pero en la calle llegó lo peor. «Eh, porteño puto, vengan a pelear». No miramos, pero supimos: los rugbiers habían salido detrás nuestro. Apuramos el paso en vano. Unos minutos después sentí un dolor agudo en la nuca. Me desvanecí. Atiné a ponerme en posición fetal.

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Las patadas me fisuraron una costilla. A uno de mis amigos le fue peor: casi pierde un ojo. La manada cesó de golpear al sonido de una sirena. Apenas abrí los ojos ví el cañón de una 9mm que me apuntaba, con un policía detrás.

Mis amigos y yo fuimos demorados por desmanes en la vía pública. Adoloridos y en shock intentamos explicar que no habíamos iniciado ni participado de ninguna pelea, que habíamos sido atacados por ser porteños. Entre carcajadas, un suboficial nos mandó a callar a un calabozo.

Nos liberaron de madrugada y fuimos al hospital. Salimos de tarde. Caminar las diez cuadras hasta el departamento fue un suplicio. Creíamos ver a la manada en cada grupo de chicos que, al caer el sol, pasean sus hormonas por la peatonal.

Un año después empecé a trabajar como periodista profesional. En 30 años cubrí temporadas, hice móvil a la salida de boliches, escribí y edité decenas de notas sobre golpizas en patota. Nunca jamás usé la palabra «pelea» para referir a un ataque en manada. Hay una explicación: «Pelea» fue el término que usó el policía para concluir que no debía hacer nada con los agresores, miembros de un club de Rugby de la alta sociedad tucumana. ¿Cuántos episodios idénticos alfombraron durante 30 años el crimen de Villa Gesell?.

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A Fernando Báez lo mataron los puños de una manada anabolizada. Y un largo historial de impunidad. Entrenadores, padres, ex jugadores y dirigentes del Rugby son tan responsables de la cultura criminal que propician, como las autoridades que los dejaron y dejan hacer.

A propósito: ayer fui al muelle de Miramar. El lugar donde me molieron a golpes. Sigo veraneando en esta playa que adoro, ahora con mis hijos. Pero hacía 30 años que no iba a ese punto de la ciudad, donde conocí el miedo a morir. Está igual.

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Adrián Murano (Tiempo Argentino, y conducción en FuturoImperfecto)
Autor del libro Banqueros, los dueños del poder y El Agitador)

Fuente: Diario Full.

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