MÁS DISTANCIA ENTRE LOS QUE MÁS TIENEN Y LOS QUE MENOS TIENEN

El ingreso del 10% más rico de la población representó 23 veces el ingreso recibido por el 10% más pobre en el tercer trimestre. La brecha de ingresos entre ambos deciles fue la más elevada de los últimos cuatro años, según los registros del Indec.

El 60 por ciento de los habitantes anotó ingresos menores a 25.000 pesos en el tercer trimestre. En el informe de distribución del ingreso del centro de estadística oficial se precisó que el 10 por ciento más pobre de la población recibió el 1,2 por ciento del total, en tanto que el 10 por ciento más rico concentró 32,4 por ciento.

El incremento de la desigualdad fue una de las principales consecuencias del modelo económico implementado en los últimos cuatro años. Esta mayor inequidad se observó a partir de la evolución del Coeficiente de Gini. El indicador tiene al 0 como el nivel de mayor igualdad y al 1 como el de mayor desequilibrio.

El Coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar de las personas alcanzó en el tercer trimestre un valor de 0,449 puntos, contra 0,422 de igual período de 2018. Se trata del nivel más alto de la serie sólo superado por el del tercer trimestre de 2016. Ese año la devaluación junto con la quita de retenciones provocó un fuerte impacto para los sectores vulnerables de la población. Desde mediados de 2018 hubo un efecto similar debido a la volatilidad cambiaria y el estallido de la crisis financiera y productiva.

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El empeoramiento de las condiciones de vida se acompañó por el incremento de la informalidad laboral que trepó al 33,1 por ciento de los asalariados (contra el 32,8 por ciento de un año atrás). La mitad de los hogares argentinos tuvo un ingreso per cápita familiar menor a 12.000 pesos en el tercer trimestre y únicamente el 10 por ciento registró ingresos de más de 33.267 pesos al mes. El ingreso per cápita promedio fue de 16.571 pesos, según la publicación del centro de estadísticas oficial.

El nuevo equipo económico puso el foco en empezar a resolver estas situaciones de inequidad de ingresos, buscando recuperar las condiciones de vida  de los sectores de más abajo de la pirámide social. El presidente Alberto Fernández lo dijo también cuando indicó que si bien se buscará beneficiar a todos los segmentos de la población en un principio los más vulnerables tendrán la prioridad.

Los últimos indicadores sobre inequidad y destrucción del bienestar son crudos. Por ejemplo un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Argentina registró que en el país 1 de cada 10 niños y adolescentes tiene hambre por falta de alimentación adecuada. Se estima en tanto que cerca de 15 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el país. La cifra era menor a 8,5 millones de individuos en el período 2014-2016. Esta es una de las principales consecuencias del aumento de la brecha entre los ricos y pobres junto con el empeoramiento de la inequidad marcada a través del índice de Gini.

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En el mapa geográfico de pobreza desarrollado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) junto con otras tres organizaciones se precisó que los principales focos de personas en situación de pobreza crónica residen en el Conurbano (24 por ciento) y en provincias de la región Pampeana (24 por ciento). Le siguen el NEA, con el 22 por ciento; el NOA, con el 19, y Cuyo, con el 8.

Las políticas de ingreso para recuperar la capacidad de compra de los sectores vulnerables son una de las principales apuestas del proyecto de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, así como del Plan contra el Hambre impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social.

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