MAÑANA EN EL MERCADO por Polo Martí

MAÑANA EN EL MERCADO 

por Polo Martí

 

En estos tiempos de pandemias y aislamientos, documento en mano –una suerte de salvoconducto para andar civilmente-, voy al rito de los sábados mendocinos: el Mercado Central.

Barbijo como corresponde, distanciamiento como piden, recorro sus rincones buscando los distintos frutos y productos para nuestra vida familiar, y dejo para lo último –porque allí suelo detenerme mucho más- la compra de frutas y verduras.

Saco mi número, respeto la distancia entre mi antecesor y sucesor, y allí espero turno.

El sonido ambiente es raro, pues no es bullicioso como siempre, porque sin dudas el tapabocas incomoda para hablar y además pareciera que cada una y cada uno de quienes allí estamos nos reprimimos hasta el habla, para evitar vaya a saber qué tipo de contagios (…ideológicos?).

Habida cuenta de ese extraño silencio de la multitud, el dueño de la verdulería busca amenizar encendiendo la radio, a reggaetón puro pero no al palo; uno, como músico, diría “mezzo forte”…

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En esa suerte de ensoñación, porque es de mañana, porque uno aprovecha a pensar o dejarse llevar por la mente, de pronto, desde un depósito de la verdulería, alguien que estaba acomodando cajones, o limpiando o lo que fuere, se despacha con un silbido de esos, bien sonoros, con mucho “vibrato” (sigo con mi sapiencia musiquera), muy expresivo, silbando la “Marcha Peronista”.

Yo sentí que el tipo estaba expresándose apasionadamente y naturalmente eligió la que en ese momento le ganaba el corazón, y sentí que esa música lo desbordaba de pasión, le daba un cross de izquierda al reggaetón y a la radio maldita, y nos (me) llenaba de emoción, como un cachetazo al alma y quizás también una piña a su patrón (que por otra parte, en otras épocas ponía un tele con TN al mango para que “veamos”).

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Como soy un loco por los sonidos, cantos, silbos, etc., etc., intenté sacar mi Huawei y grabarlo…. pero ya fue; segundos de esa ráfaga de emoción que pueden ser una metáfora, sin dudas, de nuestra Argentina.

No supe nada de él, es más no pude ver dónde estaba… quería agradecerle y felicitarlo.

El silencio –para mí fue un silencio luego de su silbido- volvió, el reggaetón volvió a acomodarse en el espacio sonoro, y la fila continuó moviéndose lentamente, paradójicamente un 4 de julio, una mañana, en el Mercado Central de Mendoza.

Polo Martí

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