Los estigmas de la pobreza

Yo no elegí nacer en una familia de clase media, mi abuela no eligió nacer en el medio del campo con las mayorías de las necesidades básicas insatisfechas y los hijos de Macri no eligieron nacer en una cuna de oro. Así, con estos tres ejemplos sencillos y concretos podemos observar las diferentes clases sociales y por lo tanto, las distintas maneras de ver y vivir la realidad.

Si me preguntas qué es la pobreza y cuáles son sus causas, es probable que no responda lo mismo que mi abuela y mucho menos lo mismo que los hijos de Macri. Si bien, en nuestro esquema mental quizás se nos represente una imagen similar, por ejemplo, un niño descalzo, desabrigado, sucio y en el fondo de la imagen una casita de lona, el modo de concebir y entender tal situación no sería la igual. Una cosa es pasar en el auto y ver el contraste de un barrio privado y una villa miseria, y otra es vivir, ver y sentir la marginalidad y la exclusión. En fin, una cosa es ser testigo y otra cosa es ser protagonista.

De todos modos, puedo dar testimonio como hija de trabajadores, trabajadora, joven estudiante, militante. Ante todo agradezco esto último, mi acercamiento a la política me ayudó a comprender y analizar la realidad desde un lugar distinto al que lo venía haciendo. Me acercó al compromiso, a la necesidad de luchar de manera colectiva por un proyecto de país que transformara aquello que no me gustaba. A veces pienso que no elegí el camino más sencillo, sería más fácil dedicarme a criticar desde las redes sociales sobre aquello que creo saber, sobre lo que escucho en algún medio masivo o preocuparme por qué me pongo el fin de semana, o a donde me voy de vacaciones a fin de año. Igual, tengo la certeza de que elegí el camino correcto.

Pero volviendo a la máxima con la que comencé, de que nadie elige ser pobre, hay un par de cosas que me gustaría mencionar. En primer lugar, considerar que la pobreza es una consecuencia de decisiones políticas que se tomaron a lo largo de la historia, en el país y en el mundo. Decisiones que responden a un modelo económico y político, el neoliberalismo. Llevado a cabo en el país, por el último gobierno de facto, por Alfonsin, Menem, De la Rua y Duhalde. Trayendo como consecuencias principales, las privatizaciones de las empresas estatales, el aumento de la deuda externa, desempleo, hiperinflación, pobreza, marginalidad, exclusión y un debilitado rol del Estado en materia económica y política, abriendo espacio al libre mercado.

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En segundo lugar, quiero hacer hincapié en la relación directa que hacen algunos entre la pobreza y la delincuencia. Resulta que todos los pobres son vagos y por ende, delincuentes. Relacionar la pobreza con todo tipo de acto delictivo, parece ser normal. Pero lo asombroso, es observar la contradicción en la que entran.

Si lo planteamos así tan crudamente »los pobres son delincuentes», inmediatamente te responden »no, yo hablo de los que en vez de ir a laburar roban, de los vagos que reciben planes del gobierno y se gastan la plata en drogas y alcohol, no de los pobres que trabajan». Nunca falta el que te dice, »hablo de los negros por dentro, no por fuera». Bueno, acá es cuando comienza la película de terror.

Intentamos explicarles, primero que no todos los que roban son pobres, ni viceversa. Eso es una estigmatización cultural, no es necesario cruzar la calle cuando pasa un pibe con vicera y el celular en altavoz. Hay un prototipo según determinados gustos musicales, determinada ropa y determinados lugares a los que acuden que están ínfimamente relacionados con un sector de la sociedad, muy familiarizado con los amigos de lo ajeno y las adicciones.

Y es así, de a poco, en las pequeñas cosas que comienzan la exclusión y la marginalidad. Vas a pedir un trabajo y si decís que vivís en tal o cual barrio no te llaman y si te vestís mal tampoco. Pero esto comienza desde que naces, me gustaría saber qué harías o cómo pensarías si creces viendo al otro tener un juguete o un plato de comida que vos no tenes, si creces pidiendo en una esquina, mientras ver pasar a alguien de tu edad con su mama de compras, si creces con diferentes tipos de necesidades, desde materiales hasta intelectuales y afectivas. Realmente creo que no sabríamos que sería de nosotros.

Cuando vivís el día a día, cuando no tenes nada que perder, cuando tu escala de valores está distorsionada o malversada, es muy probable que las decisiones que tomen no sean las mejores. Una de las variantes puede ser que opten por delinquir, pero sería muy poco honesto de mi parte no analizar las causas. Porque cuando uno analiza las causas, puede encontrar soluciones. No justifico, intento entender para modificar lo que funciona mal. El tema es que lo que funciona mal es producto de décadas de desaciertos.

Pero acá no termina la contradicción. El estado toma medidas de inclusión para los sectores más vulnerables, como la AUH y les molesta. Entonces, los mandan a laburar, como si fuera tan fácil conseguir empleo. Los invitan a cosechar, »ya nadie quiere cosechar» te dicen, y por dentro pienso »que vayan ellos a cosechar 12 horas al sol por dos pesos». Hay que terminar con la explotación, el abuso de las necesidades por parte de los contratadores, el trabajo en negro. La Asignación Universal por Hijo, es una medida reparadora que de alguna manera viene a combatir estas injusticias. El rol del Estado debe ser ese, tenderles una mano a los más desprotegidos, debe intervenir en beneficio de los intereses populares, no de las corporaciones extranjeras o de los empresarios carneros.

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Desde el año 2003, se ha comenzado un proceso histórico que se ha instalado para reconstruir un país que estaba en ruinas, para reparar un estado desbastado por más de 50 años. Un proyecto de país diferente al de los últimos tiempos, que se está enfrentando a diversos sectores de la oligarquía nacional y transnacional. Un proyecto al que nos hemos incorporados miles de jóvenes con alegría y esperanza. Con convicción y compromiso, con amor y pasión lo defendemos y levantamos las banderas que levantaban otros jóvenes, también compañeros que los persiguieron y desaparecieron por hacerlo. Los mismos que en ese tiempo los mataban, hoy nos castigan y persiguen a nosotros a través de los medios de comunicación.

Lamento informarles que no vamos a bajar esas banderas, que las vamos a llevar flameando hasta la victoria. Por los que no están, por los que estamos y por los que vendrán. La derecha nunca duerme, siempre está esperando dar el coletazo. Una de las injurias que recibimos quienes militamos en el campo nacional y popular, es que somos fanáticos. Déjenme decirles que si, y voy a citar a la compañera Evita: »Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos. Por eso soy fanática.»

*La autora de la nota es estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo

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