Los caminos filosóficos de André Glucksmann

El último libro del autor de »Dostoievski en Manhattan» aborda temas más estrictamente filosóficos que otras obras anteriores, en las que supo cultivar el ensayo político cargado de abundantes referencias literarias.

»Los dos caminos de la filosofía», editado por el sello Tusquets, es un volumen de filosofía práctica en el que Glucksmann opta decididamente por Sócrates -al que reivindica como el ateniense que incitaba a interrogarse a sí mismo sobre cómo hay que vivir y sobre la naturaleza de la justicia- frente al pensamiento de Heidegger.

Para el pensador -uno de los llamados nuevos filósofos franceses- el maestro de Platón representa la duda y la ironía, el antidogmatismo, el afán racional de justicia o la denuncia de las paradojas de la democracia y de la corrupción en la vida pública.

»Sócrates puso de manifiesto la podredumbre de la vida pública y reveló las paradojas de la democracia de su tiempo; para él, la filosofía es ante todo una invitación a la duda permanente de las propias convicciones, la antidogmatismo y al coraje individual ante los fanatismos y presiones sociales», explica Glucksmann.

Al mismo tiempo, el intelectual se vale de la figura del autor de »Ser y tiempo” para denunciar el poder enajenador de la técnica y las relaciones del pensamiento con el mal a la vez que busca en la experiencia nihilista y de la angustia la naturaleza y el auténtico sentido de la existencia.

La ironía socrática se contrapone así al legado de Heidegger, cuya filosofía es, según el pensador francés, »un método para pensar la deconstrucción, piedra a piedra, de la civilización occidental».

»La nada reina, pero no habla” es la desoladora expresión de Glucksmann, que pide un Sócrates que ponga al descubierto las falacias de sofistas y nihilistas, capaces incluso de reducir al filósofo griego a un gentil portavoz de la bondad humana, dado que dijo que nadie era malo voluntariamente.

Sin embargo, el autor ilumina otro sentido de la cita: la maldad mata la voluntad. En cualquier caso, el mal está en el corazón del hombre.

Glucksmann establece todo el tiempo un paralelo entre opuestos: consigna que Sócrates sobrevivió a la guerra del Peloponeso -en la que sucumbió el espíritu de Atenas- y al mismo tiempo que tras los horrores del siglo XX, Heidegger advierte que el desarraigo presente del hombre civilizado y democrático está a punto de dar el golpe de gracia a la Humanidad.

Las comparaciones siguen: Sócrates no escribió una sola línea, mientras que la inmensa obra escrita de Heidegger es hoy leída con veneración en las universidades del mundo entero. Ambos, sin embargo, interpelan hoy no sólo a profesores de filosofía sino a cualquiera que se atreva a pensar por sí mismo.

Lejos de ser una obra de lectura sencilla y efecto tranquilizador, »Los dos caminos de la filosofía» recuerda al lector que después de la caída del muro, la Historia sigue siendo trágica, por mucho que algunos se empeñen en olvidarlo.

El ensayo -heterodoxo y polémico como casi todos los del autor- logra algo más que poner frente a frente la ironía de Sócrates y el nihilismo de Heidegger, pues en él la filosofía aparece como la exigencia de pensar a fondo la finitud humana.

En realidad, para el autor de »Occidente contra Occidente» la filosofía exige pensar a fondo la finitud humana y las constantes tensiones entre el individuo y la comunidad.

Telam

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