LENCINAS, UN CAUDILLO POPULAR, por León Repetur

Los radicales tuvieron un caudillo que sí supo defender Mendoza.

Rodeados de una interminable caricatura de políticos, las figuras de José Néstor Lencinas y de su hijo Carlos Washington adquieren estatura de ejemplo válido, de respuesta a tanta improvisación y traición a los intereses del pueblo y la Provincia

 

 

LENCINAS, UN CAUDILLO POPULAR

Por León Repetur

El 6 de marzo de 1918, José Néstor Lencinas asume la Gobernación de Mendoza. Le había ganado a los conservadores unidos,  por considerable margen las elecciones de enero de 1918. Lencinas obtuvo 18.300 votos contra 12.695 de Emilio Civit. Se constituye así el primer gobierno radical de la provincia. Terminaba temporariamente una época caracterizada por la concentración del poder político y económico en pocas manos. 

Desde principios del siglo, los conservadores mendocinos (Emilio Civit, Rufino Ortega, Francisco S. Álvarez, Benito Villanueva) dominaban la escena política a su antojo. Pero la gobernación de Francisco S Álvarez, allá por 1914, se vio sometida a una profunda crisis vitivinícola. Los conservadores, fieles desde aquellos años a las “leyes del mercado”, resolvieron aplicar ante la crisis un tratamiento drástico: derramar el vino en las acequias y enterrar los racimos de uva en los camellones  para evitar que la gran producción tirara abajo los precios de ambos productos. La secuela inmediata de  tan “inteligente” medida fue la desocupación rural, el descalabro comercial y el hambre. 

En el marco de esa crisis, el nombre de José Néstor Lencinas como “abogado de los pobres” fue cobrando dimensión y su estatura de caudillo quedó grabada para siempre en la memoria del pueblo. La campaña electoral, previa al triunfo de Lencinas, transcurrió bajo la intervención federal de Eufrasio Loza, enviado por el Presidente Hipólito Irigoyen para garantizar su programa de “regeneración política”. La llegada del interventor radical marcó el comienzo de la belicosidad verbal que tendría toda la lucha electoral. Tras la llegada de Loza y comentando el recibimiento popular que se le brindara en la estación del ferrocarril, el vocero oficial de los conservadores “ El Régimen” denominó despectivamente “descamisados” a la multitud que le brindó apoyo al interventor. De esta manera los conservadores mendocinos se adelantaban en casi treinta  años a los sectores oligárquicos que también llamarían descamisados a los obreros peronistas que le dieron el triunfo a su líder en el 1945.

El vocero lencinista “La Palabra” contestó diciendo: “Estos descamisados son el pueblo mismo que se levanta airadamente contra el régimen y contra una época”. (1). Con anterioridad La Palabra, sintetizaba así la personalidad de su dirigente máximo: “El nombre de Lencinas significa toda una vida de sacrificios y de altivez ciudadana. Es la síntesis de treinta años de intensas agitaciones, de batallar constante, de lucha denodada. Es la expresión más clara y más sincera de los ideales del pueblo que ha dormido en la plaza y en la calle, que ha tenido hambre y sed, que ha sido sableada por los groseros escuadrones de la oligarquía, y todo por el ominoso delito de ser argentino en tierra argentina, de querer la libertad de conciencia y de opinión, de querer el trabajo digno la paga justa, de querer la patria grande y libre formada por hombres grandes y libres y no la patria triste de los indios y de los rebaños a quienes han manejado las oligarquías, Civit y Villanueva, Álvarez y Aguirre, con la coima que envilece y con el látigo que degrada.” (2)

Los conservadores civitistas acuñaron otra frase que se adelantaría en forma notable en la historia nacional: “chusma de alpargatas” bautizaron a los lencinistas. Estos tomaron esta apelación y la convirtieron en símbolo político. Así, una alpargata pequeña se transformó en un distintivo para usar en el ojal; alpargatas blancas con cintas azules y mates con un corazón grabado y dentro de éste el rostro del “gaucho Lencinas”, se repartieron por toda la Provincia. 

El clima preelectoral se iba caldeando más y más con la proximidad de las elecciones, ya que estas pasaron a constituir el elemento calve para el futuro provincial. “El dirigente conservador Manuel Ceretti dijo en un mitin partidario que los votantes deberían decidir entre el Partido Conservador, es decir la intelectualidad, la preparación y la cultura, o el Partido Radical, o sea, la incapacidad, el atropello, la desfachatez, el unicato presidencial. En la serie de acusaciones reciprocas, un gran número de telegramas fueron enviados al Presidente Irigoyen y al Ministro del Interior, denunciando ataques contra reuniones y comités conservadores. En estos documentos, los radicales fueron personificados a menudo como la encarnación de los que sirvieron a Facundo Quiroga y al Chacho Peñaloza. (3)

LEÉR MÁS  Luego de 6 meses inactivo, el Aeropuerto de Mendoza recibirá el primer vuelo de Aerolíneas Argentinas

Los “gansos”, enfrentados al peligro de perder las elecciones, olvidaron sus diferencias y juntaron fuerzas. “Civit aseguró que a pesar de haber sido el enemigo permanente de Villanueva durante tres décadas, había llegado el momento de darse la mano para evitar al país la vergüenza del unicato pasado”. (4)

Pero nada pudieron hacer. Los conservadores fueron derrotados el 20 de enero de 2018. La personalidad de Lencinas y su total identificación con los sectores populares fueron la calve para arrasar en las urnas.

Cambia la mano

Sin demoras, Lencinas le imprimió a su gestión toda la fuerza que había demostrado desde el llano. En julio emitió un decreto proclamando el 1 de mayo feriado provincial en homenaje a los trabajadores. Mediante otro decreto, se prohibió a la policía el uso de cualquier instrumento que hiciera sufrir a los presos, como el cepo y la barra. También en julio se aprobó la primera Ley de Jubilaciones para los empleados públicos provinciales y en octubre de 1919 se concedió el primer beneficio. El cumplimiento estricto de su plataforma electoral llevó a Lencinas a una de las realizaciones más importantes de su gobierno: la promulgación de la jornada de trabajo de 8 horas y la fijación del sueldo mínimo. La Constitución de Mendoza de 1916 contemplaba estos aspectos en forma general en su artículo 45. (5). Pero la disposiciones generales de la Constitución sin una Ley que las hiciera efectivas y concretas, carecía de realidad. Los obreros y otros trabajadores, habían seguido sujetos a la voluntad de los sectores patronales que imponían a su arbitrio la retribución y la jornada laboral, en especial en la zona rural.

Con la ayuda del legislador radical Manuel A. Zuluaga, el Gobernador concretó la legislación reglamentaria al respecto. A sólo siete meses de haber asumido, Lencinas creó un organismo para controlar el cumplimiento de las normas laborales y acumular toda la información estadística. (6). Se fijó también la jornada máxima de trabajo de 8 horas para los sectores públicos y privados, empleados y obreros.  Se estableció el sueldo mínimo diario en $ 2,50 para los estatales y $ 2,00 para los privados y estableció un adicional de 50% para el pago de las horas extras. (7). La Ley entró en vigencia el 1 de noviembre de 1918, constituyendo a Mendoza como la primera provincia argentina en la que se legisló sobre la jornada de trabajo y el sueldo mínimo. 

Los empleadores acusaron de inmediato al lencinismo de demagógico y de actuar en claro sentido electoralista. Para los trabajadores la ley en cuestión significó un importante paso hacia su dignificación. El jornal de un peón de bodega pasó de $0,80 a $2,00, lo que se tradujo en un 150% de aumento. Así obtuvo el lencinismo el apoyo irrestricto de los trabajadores y la oposición absoluta de “la oligarquía seguidora del régimen”. La acción opositora se centró en la búsqueda de la intervención federal a la Provincia como mal menor, buscando frenar la acción lencinista a favor del pueblo. Los conservadores encabezaron ese intento aprovechando las brechas que dejaban algunas medidas tomadas por el Gobernador. Contaron con la inestimable ayuda de una pequeña fracción de radicales antilencinistas que fundaron el Partido Radical Intransigente y con el apoyo absoluto de los diarios Crítica, La Nación y La Prensa de Buenos Aires y de Los Andes y La Tarde de Mendoza.

A principios del 1919 el Gobierno de Irigoyen decreta la intervención a Mendoza transfiriendo transitoriamente el poder a De Veyga. Sin alcanzar un año de gobierno, las promesas cumplidas en ese lapso, afirmaron la popularidad de Lencinas y le dieron al caudillo radical, las garantías necesarias para obtener nuevamente la Gobernación de la Provincia en las elecciones convocadas por el interventor en junio de 1919.

La defensa de los intereses de Mendoza, de los trabajadores, de los pequeños viñateros y agricultores, le dieron a José Néstor Lencinas y a su continuador, su hijo Carlos Washington Lencinas, tres triunfos electorales, que modificaron transitoriamente, la característica conservadora de la provincia. Pueblo contra oligarquía, sintetizó la puja política de esos años, que con el correr del tiempo, se transformaría también en la contradicción en que se debatiría toda la política nacional.

Notas: 

  1. El Régimen: 29-11-1917- La Palabra: 30-11-2017
  2. La Palabra: 3-9-1917
  3. CELSO RODRIGUEZ, “Lencinas y Cantoni. El populismo cuyano en tiempos de Irigoyen” – Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1979, pág. 63
  4. La Prensa: 8-11-1918
  5. Constitución de Mendoza de 1916, Art 45: “La legislatura dictará una ley de amparo y reglamentaria del trabajo De las mujeres y niños menores de 18 años, en las fábricas, talleres, casas de comercio y demás establecientes industriales, asegurado en general para el obrero, las condiciones de salubridad en el trabajo y la habitación. También se dictará la reglamentación de la jornada de trabajo. respecto de los obras o servicios públicos en establecimientos del Estado, queda fijada la jornada de ocho horas, con las excepciones que establezca la Ley”.
  6. Ley 731- Septiembre de 1918. 
  7. Ley 732- setiembre de 1918.

 

LEÉR MÁS  Los micros de larga distancia tramitan los permisos con las provincias para reanudar los servicios

 “El diario lencinista La Palabra denunció en septiembre de 1914 los manejos conservadores diciendo que estos dispusieron durante tres décadas de importantes resortes económicos, como el Matadero, cuya concesión obtuvo el ex Gobernador Elías Villanueva; la empresa de tranvías a caballo de los Civit, el mercado central de Civit y Villanueva; la empresa de alumbrado a gas de los mismos; la del adoquinado, los préstamos privilegiados del Banco de la Provincia; las concesiones de riego en el sur de la provincia y varias cuestionables concesiones de agua” 

(Lencinas y Cantoni, Celso Rodríguez, pág. 39 

________________________________________________________

¿Por qué Lencinas hoy?

por León Repetur*

Hablar del significado del Lencinismo en la historia provincial, representa hoy una tarea de profundo contenido político y moral. Sumergidos como estamos en una crisis de endeudamiento ilegal, con una acelerada desciudadanización, sin dirigentes  a la altura de los retos, con una exposición constante al desempleo, con la suma de inseguridades por las violencias imperantes, con una gubernamentabilidad algorítmica y con una infiltración profunda de las mafias en los partidos y gobiernos, las figuras de José Néstor y Carlos Washington Lencinas adquieren estatura de ejemplos válidos, de referentes locales de lo que hay que hacer, de respuesta a tanta improvisación y traición a los intereses del pueblo y la provincia.

Surgido como contracara del viejo “régimen oligárquico” de fines del siglo XIX y en el marco de la “regeneración política” que impulsara Hipólito Irigoyen desde la Presidencia de la Nación, el lencinismo supo incorporar a su accionar político las urgentes necesidades de los marginados de siempre. Fiel representante de “los de alpargatas”, de “los que trabajan”, no necesitaron  inventar nada para triunfar tres veces en las urnas, derrotando a quienes habían usufructuado del poder a su antojo. Simplemente el lencinismo puso en práctica el lapidario “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar “. 

La lucha por transformar la realidad social y económica de Mendoza le significó al lencinismo tener que enfrentar a los poderosos locales, nucleados en el Partido Conservador y en los medios que los apoyaban; y a los pusilánimes de su propia fuerza, la Unión Cívica Radical, refugiados en el Congreso de la Nación. Y por si esto fuera poco, se sumaron al coro de la “oligarquía seguidora del régimen”, un pequeño grupo de radicales disidentes que fundaron la fracción Radical Intransigente en la Provincia, además de los socialistas envenenados de ideología y utopías. Y si a esto agregamos la acción descolgada de los anarquistas de la FORA que también enfrentaron a quien más legisló y gobernó en favor de los trabajadores de la época, iremos redondeando la “extraña” alianza antilencinista,  que los grandes bodegueros y los “gansos” supieron aprovechar muy bien.

Párrafo aparte merece la inefable FUA, Federación Universitaria Argentina, que con su habitual alineamiento antipopular de esos años, no trepidó en declarar una huelga general estudiantil si Irigoyen no intervenía Mendoza. (La Prensa, 8 de octubre de 1918). Además de enviar a sus más encumbrados dirigentes, Julio V. González y Gabriel del Mazo, a dar su apoyo a los maestros en huelga. Todo ello bien aprovechado por los conservadores para retornar al uso del poder.

Pero entonces, ¿quién apoyaba a Lencinas? Por derecha y por izquierda, en su propia Legislatura, en el Congreso de la Nación y en la UCR, Lencinas encontró una férrea oposición a su tarea de gobierno. Lo apoyaba un pueblo y con eso le bastó para darle a la Provincia una nueva fisonomía y ganarse un lugar en la historia. Tarea que es sólo para hombres y mujeres que respetan a sus semejantes y que interpretan sus más caros sentimientos. Por eso Lencinas. 

 

León Repetur es Gestor Cultural

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here