La maravillosa llegada de los primeros pingüinos

Decir que cerca de 2 millones de pingüinos magallánicos nos estaban esperando es una mentira piadosa; la verdad es que se dan cita allí desde septiembre hasta abril para nidificar, aparearse, incubar los huevos y alimentar a sus crías, brindando un espectáculo único sobre el continente.

El objetivo de esta reserva es proteger una de las colonias de aves marinas más diversas de la Argentina y la mayor colonia continental del pingüino de Magallanes, con casi 2 millones de individuos.

A medida que nos fuimos acercando a la Punta, en medio de la típica estepa patagónica, árida y desolada fuimos observando una actividad sorprendente.

Una masa rocosa de 3 kilómetros de largo por 600 m de ancho se interna en el mar. Cubierta por arenas, arcillas, pedregullo y rodeada de amplias playas arenosas, alberga la mayor concentración de aves marinas de todo el litoral patagónico. La zona de cría se halla concentrada en los terrenos arenosos ubicados en la base de la Punta. El suelo se encuentra plagado de cuevas, donde los pingüinos ponen sus huevos y crían sus pichones.

En silencio, observamos la actividad febril que domina la colonia, ya que mientras algunos pingüinos excavaban sus cuevas, otros se peleaban por el territorio, a la vez que el continuo rumor de rebuznos –la voz de los pingüinos– dominaba el ambiente.
Aprendimos que los machos son apenas más grandes que las hembras y que tienen picos más largos y anchos. Un macho pesa alrededor de 4 o 5 kg. y alcanza su madurez sexual a los cinco años.

El experto guía que nos acompañó en la visita nos comentó que las hembras ponen generalmente dos huevos a comienzos de octubre y tras 40 días de incubación compartida con el macho nacen los pichones.
A diferencia de otras especies de aves, ambos sexos defienden el nido y alimentan a los pichones con peces como anchoitas y calamares.

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Además, Punta Tombo es un paraíso para otras aves marinas que han elegido este sitio para nidificar. Las gaviotas cocineras grises o australes, las skúas o salteadores, dos especies de cormoranes –el real y el de cuello negro o roquero–, el pato vapor, palomas Antárticas, y varias especies de gaviotines y petreles gigantes son las aves que pudimos encontrar nidificando en este sector.

El guía que nos acompañó nos explicó que el predio donde se emplaza la reserva pertenecía a la Estancia La Perla, y que había sido donado por Luis y Francisco La Regina. También nos aconsejó que nunca nos pongamos frente al paso de los pingüinos, ya que los mismos pueden intentar picotearnos, y que tampoco pongamos la lente de la cámara fotográfica frente a la cabeza de los pingüinos, ya que seguramente pegarán un picotazo y romperán finalmente la cámara. La inusitada concentración de avifauna, y el fácil acceso para la observación, constituye un espectáculo mundialmente conocido, por lo cual te invitamos a conocerla al igual que nosotros lo hemos hecho.

Ecocentro

El atardecer es un momento ideal para visitar el Ecocentro Puerto Madryn, que se levanta de cara al mar, a sólo 5 minutos de la ciudad.
El edificio, que en su estilo arquitectónico recuerda a los inmigrantes galeses, está estratégicamente ubicado sobre un acantilado y parece un gran mirador. Pero no sólo porque te permite contemplarlo desde los ventanales sino porque cada ambiente te muestra algo sobre el fascinante mundo marino. Visitamos el Ecocentro para conocer mejor este interesante emprendimiento.

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En primer término, debemos saber que el Ecocentro fue inaugurado en el año 2000 a partir de las inquietudes de un grupo de naturalistas y científicos estrechamente vinculados a la zona de península Valdés.

El principal promotor fue Alfredo Lichter y luego se sumó Claudio Campagna para elaborar el proyecto inicial que, esencialmente, era de carácter científico y cultural y estaba dedicado a la observación e interpretación de los ecosistemas marinos. El recorrido presenta ambientaciones sonoras, fotografías, láminas y reproducciones de animales.

En una de las salas, se pueden descubrir las características de las corrientes oceánicas y las variedades de algas, conocer el comportamiento de las ballenas y observar las diferencias entre focas, lobos marinos y elefantes.

Además, en un extremo de la sala, junto a otro ventanal, se encuentra una gran pileta donde viven pequeños invertebrados. Asimismo, como espacio cultural, el Ecocentro exhibe muestras itinerantes del Museo de Bellas Artes y realiza distintos eventos culturales y educativos dirigidos a la comunidad, entre ellos el programa auspiciado por la empresa metalúrgica Aluar y el programa educativo gratuito para las escuelas de la provincia de Chubut.

El restaurado museo de Ciencias Naturales y Oceanográfico rescata uno de los primeros edificios de la ciudad, el chalet Pujol, como espacio museológico y cultural de Puerto Madryn.

fuente: infonews

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