LA APARICIÓN DEL BRAZO DE JANET JOHNSON, AVANCES EN UN VIEJO CASO SIN RESOLVER por Jorge Orduna

La aparición del brazo de Janet Johnson.

¿Qué aporta Wikileaks para hacer avanzar un antiguo caso sin resolver?
Por Jorge Orduna.

Esta historia, de los años 70, con implicancias entre espías de la C.I.A., técnicos de la NASA, andinistas que aman el riesgo y las aventuras, periodistas que informan y periodistas que actuaban como voceros de los servicios secretos, documentos reservados, fotos en blanco y negro, intenciones ocultas, sobrevivientes que mienten, familiares que se niegan a hablar por intereses desconocidos, funcionarios que niegan la realidad y amorios clandestinos, testigos indiscretos, papeles encontrados por Wikileaks, hacen que esta historia no encuentre final. Conspiranoia y curiosidad. Morbosidad y adrenalina.

Mientras, algunos siguen buscando respuestas y se aproximan poco a poco por la delgada cornisa por donde es posible avanzar sin caer en el abismo del olvido.

En primer lugar, la constancia de que el juez de la causa no adhirió automáticamente a la tesis del “accidente”, promovida por los dos únicos testigos, los norteamericanos Zeller y McMillan. En el sitio web, creado por Julian Assange, figura un cable del 13 de diciembre de 1973, de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires al Departamento de Estado, donde se lee:

“El representante en Mendoza de la USIS (Servicio Informativo de Estados Unidos) informa que el juez que allí conduce la investigación sobre la causa de la muerte de John Cooper no está satisfecho con que la muerte fue accidental. En una conversación informal el juez le dijo al representante de la USIS que había muchas cuestiones no resueltas que quiere aclarar antes de llegar a una decisión sobre la causa oficial de muerte.”

Este telegrama era enviado cuando ya se había rescatado el cuerpo de Cooper y pocos días después de que se le descubriera, a la altura de su estómago, “un agujero pequeño y cilíndrico, como el de una bala”, algo que el testigo Zeller no había mencionado, describiendo el cadáver que había visto como muerto por congelamiento. El cuerpo había sido descendido a un valle más bajo por el equipo de rescate que luego se retiró, dejando solos a los guías Miguel Alfonso y Osvaldo Brandi con el difunto. Al día siguiente, los dos andinistas examinaron el cuerpo y, al levantar levemente el brazo que Cooper tenía cruzado sobre el estómago, descubrieron el agujero. Brandi habría exclamado: “!Miguel, este hombre tiene un balazo!”. Se equivocaba; la autopsia determinó que no había bala y la herida había sido causada por un elemento punzante, que penetró tan profundamente que dejó su marca en una de las vértebras. El médico forense no creía que la herida se ajustara a la que hubiera producido una piqueta. Pero para el público el principal instrumento bajo sospecha fue la piqueta. Sin embargo, no había piqueta y nunca se la encontró; a pesar de que siempre va atada al andinista, justamente para que en caso de caída pueda recuperarla. Coincidencia: también Janet Johnson había perdido la piqueta y nunca se la encontró; y también el especialista en huellas digitales, el testigo principal, había perdido la piqueta. No era una bala. Pero el misterio aumentaba. Se tenía la herida, pero no el instrumento que la causó.

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El telegrama de la embajada (13 de diciembre) parece sugerir que las cosas tomarían algo de tiempo. Pero el cuerpo de Cooper ya estaba en Buenos Aires (desde el 11), y el 15 el diario La Nación informó erróneamente que los restos de Cooper ya habían sido repatriados. Sin embargo, por los cables que publica Wikileaks, sabemos que recién lo fueron el 21, en el vuelo 978 de la empresa Braniff.


En relación a la supuesta operación de militares norteamericanos y la CIA para deshacerse del cuerpo de Janet Johnson, la embajada informa a Estados unidos que el tema ha sido reproducido por los diarios: “Última Hora”, “Clarín”, “La Nación” y “El Cronista”. También, que el corresponsal de AP (Associated Press) en Buenos Aires, Alfonso Charti se había mostrado interesado en el asunto. La fuente de esos periódicos (y de otros de provincias), supone la embajada, ha sido la agencia de noticias “Noticias Argentinas”. La embajada consultó al delegado de la USIS en Mendoza, quien descartó el tema por carecer de fundamentos. También al agregado militar estadounidense, quien aseguró que no había personal militar en la provincia. “En consecuencia, la embajada está tratando este tema, hasta el momento, como una completa invención”.
Otro telegrama, fechado después del hallazgo del cuerpo de Janet, agrega que: “Los contactos de la embajada en Mendoza, al igual que la prensa local, señalan que definitivamente las autoridades no descartan que haya habido juego sucio en este tema”. Y enumera algunos de los factores.

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Aunque había muchos más, porque el cadáver tenía golpes fuertes en el rostro y, al igual que Cooper, el tabique nasal quebrado; además de una herida en la parte posterior de la cabeza que había generado una gran pérdida de sangre, tanta como para manchar notablemente la capucha de su anorak. Johnson estaba mal atada a una cuerda que estrangulaba su cintura y, sobre todo, carecía de sentido que estuviera atada a una cuerda que en la otra punta no tenía a nadie. Además, el terreno en el que se encontró el cuerpo (a sólo treinta metros de donde se había encontrado el de John Cooper) era prácticamente plano y hacía muy poco probable que alguien sufriera allí una caída; mucho menos una de consecuencias fatales.

Los muertos por congelamiento presentan características muy diferentes de las que Johnson y Cooper presentaban. Se habían tejido –más bien, hilvanado- conjeturas respecto del hecho de que la patrulla que encontró el cuerpo del ingeniero de la NASA no viera el de la maestra situado a muy poca distancia. Tampoco lo notó un avión militar que había sobrevolado el lugar con ese propósito. Se dijo que el color de las ropas de los dos escaladores, al ser diferente, había reflejado diferentemente la luz solar, favoreciendo que el de Janet se hundiera en la nieve y el de John, no. Pero había quienes sostenían otra explicación: el cuerpo de Janet Johnson habría sido cubierto con nieve. De hecho, un fotógrafo de National Geographic que acompaño a la expedición que encontró a Cooper, ya había manifestado en Buenos Aires que el cadáver del ingeniero no estaba como se lo habían descripto, en Estados Unidos, los sobrevivientes de la expedición. El cadáver habría sido desplazado. Lo mismo se sospechaba del de Janet Johnson.

 

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*Jorge Orduna, es escritor y periodistas de investigación. Autor de «Teocracia. El auge evangelista en América Latina» //  «Ecofascismo. Las multinacionales ecologistas y las soberanías nacionales», entre otros libros de investigación.  

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