INVISIBLE por Evangelina Herrera Mosso

INVISIBLE

por Evangelina Herrera Mosso

Si bien se ha puesto de moda decir que los tiempos pre-pandemia no eran “normales”,era sin dudas un mundo en el que, mal o bien, conocíamos los códigos y nos movíamos adaptados a esa locura.

Y un día, casi sin darnos cuenta, nos subimos a la maroma.

Y cuando todo empezó nos sentimos de alguna manera protegidos en casa, llenos de incertidumbre, pero con la idea de que en quince días todo volvería a ser como antes.

El tiempo y el virus se encargaron de demostrarnos que, nos guste o no, nada es lo que era y que, además, sigue cambiando.

El gobierno que, aún para los detractores, nos cuidaba, hoy se ve como un enemigo que no nos deja salir.

Hay planteos sobre el papel del Estado, sobre la utilidad de barbijos y cuarentenas, sobre la nueva manera de convivir que ahora es DE VERDAD convivir, porque estamos todos en casa.

Y se replantean relaciones padre hijo, matrimonios, vecindades. Y los mismos que nos decían que para cuidar el planeta había que dejar el auto hoy nos piden que lo usemos.

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No podemos zafar yendo a casa de mamá, porque mamá es persona de riesgo y si la queremos se lo demostramos con ausencia.

Ausencias cómodas a veces, que nos liberan de compromisos no deseados. Cenas, cumpleaños, velorios. Velorios.

Y ese es el punto, tal vez, que ha sufrido el cambio más fuerte.

No porque no nos importe sino porque a manos de la pandemia, la gente más que morirse, desaparece.

A manos de la policía también, pero eso ya pasaba antes.

Los rituales funerarios, que nos permitían de alguna manera hacer real la muerte, no están.

Un día internan a alguien, por lo que sea, y si se muere, no lo vemos más. Chau, se hizo humo, literal y metafóricamente.

Y entonces sí, podemos creer que se fue de viaje, que está en su casa encerrado, lo que más nos guste.

La muerte está escondida, trabaja entre bambalinas, tal vez por alguna sabiduría universal que nos hace soportable semejante avanzada de su parte. Vemos tumbas esperando cuerpos como veíamos cajas enormes de lápices de colores en casa Tía, y ver miles es como no ver ninguno.

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En tanto la muerte se pasea invisible, a plena luz del día. Cubierta por una capa de números y estadísticas, libre, suelta. Disfrazada de ella misma multiplicada miles de veces. Tan sutil que es ignorada.

Saramago, en “Las intermitencias de la muerte” imagina a la parca en huelga, un mundo donde nadie muere, sin fin del dolor, de la alegría, de la agonía.

Hoy ni siquiera nos planteamos, tal vez por el exceso, más que si lograremos escapar de ella. Le perdimos el respeto, no así el miedo.

“ …entonces podrá preguntar, Muerte dónde está tu victoria, sabiendo no obstante que no recibirá respuesta, porque la muerte nunca responde, y no es porque no quiera, es sólo porque no sabe lo que ha de decir delante del mayor dolor humano.” José Saramago, Las intermitencias de la muerte”

 

Evangelina Herrera Mosso

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