FRÍO LIDADES por Evangelina Herrera Mosso

FRÍO LIDADES

El argentino se pone la camiseta

por Evangelina Herrera Mosso

 

Ante todo, desde el equipo de fútbol hasta la pizza con o sin ananá. Irónicamente, termina siempre defendiendo a ultranza una postura, pero viviendo en el medio, pero ese es otro tema.

Los encontrará usted discutiendo enfervorizados por el jugador que tiene que entrar a la selección, por los métodos para ganar plata de Susana Giménez, por la remera de la conductora del noticiero, por cuántos años tiene Mirtha Legrand y, detalle en el que pone especial énfasis, con quién se acostó.

La cosa es discutir.

Y la discusión tiene un objetivo primordial: dejar mal parado al otro. No es para pensar y debatir, no hay posibilidad alguna de admitir un punto a favor del otro.

Porque el argentino, como aquel Stepan Trofimovch de Dostoievski en “Los demonios”, quiere ser rebatido para adquirir notoriedad. Quiere ser víctima, perseguido y difamado, antes que ignorado. Y no duda, en ese afán, en usar la personalización en cada trifulca.

LEÉR MÁS  Alertan que el riesgo de colapso no es por falta de respiradores ni camas en terapia, sino de personal

Saca a relucir secretos del otro si los conoce, se mete con las creencias, la religión, las infidelidades, todo aquello que lo ayude a poner al otro en un aprieto. El argentino sabe de contradicciones, las conoce y las vive diariamente.

A tal punto llega (llegamos, me incluyo y ahora lo demostraré) que ahora el que disfruta el frío, es insensible. No es el frío el enemigo, porque no acusa golpes, es quien no lo padece.

Porque otra característica del argentino es que confunde solidaridad con culpa. Y por lo tanto quiere que el que tiene estufa se sienta culpable por tenerla, que el que come todos los días trague el pedazo de milanesa con una buena ensalada de remordimiento.

Entonces aquellos que amamos no sudar como chanchos, que paladeamos con placer la frazadita y preferimos una mañana de campera a las noches pegajosas y llenas de mosquitos, somos mala gente. Porque hay gente que no tiene estufa, ni frazada, ni casa, ni sopa caliente.

LEÉR MÁS  Coronavirus en Argentina: se registraron otras 66 muertes

Son los mismos que mientras se toman una cerveza helada frente al ventilador (ya no hablemos de piscina y aire acondicionado) ni se acuerdan que hay gente sin heladera ni agua, con los nylons del techo derretidos y esperando que la tormenta, en veinte minutos, no les moje el cable y los deje sin luz para ver un poco de televisión.

No importa la diarrea infantil, ni los mosquitos del dengue, ni la siesta atroz con cuarenta grados a la sombra (que tampoco tienen). Ellos son tropicales, solidarios, alegres, jóvenes y revolucionarios felices de saber que los pobres hoy, no pasan frío.

Y acá los espero, calentita.

por Evangelina Herrera Mosso, escritora.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here