EL CUERPO QUE SOMOS por Marcela Jakubson

EL CUERPO QUE SOMOS

POR MARCELA JAKUBSON

Signadxs por estereotipos y roles impuestos, sigue siendo un desafío cotidiano caminar el largo sendero hacia la deconstrucción.

Desde hace siglos, las mujeres vivimos condicionadas por el largo de nuestra falda o lo pronunciado de nuestro escote.

Se hace difícil, pues pareciera que el estigma, los rótulos y las actividades que realizamos se han ido modificando para ser funcionales a lo que resulta conveniente según las imposiciones del mercado y de cada contexto histórico, político, social y cultural.
Hacer de nuestra libertad una práctica autónoma y voluntaria, no es tarea fácil. De hecho, pareciera ser obligatoria esa cuestión de circunscribir nuestros deseos a lo que otrxs pretenden de nosotrxs.

En este cúmulo de absurdos donde se nos inventan títulos, lejos de ser libres, se nos somete a la cuestión consuetudinaria de dar explicaciones constantes sobre nuestras conductas y formas de expresarnos.
Atravesadas por infinidad de constructos sociales, esa autonomía de la voluntad resulta coartada.

Es por ello que cada vez que nos pensamos libres, debemos ser concientes que Millett no se equivocaba en una de sus premisas fundamentales:» Lo personal es político». (Kate Millett- Escritora feminista)
Así es.

El día en que dejemos de asustarnos sobre la mirada ajena y comprendamos la dimesión política del pensamiento romántico, quizás abandonemos la dependecia y lleguemos a una completa aceptación de lo que nos hace felices.

El cuerpo que somos está lleno de surcos por el paso del tiempo. Cicatrices, marcas, estrías, celulitis, que nos hacen reales.
No hemos nacido para convencer a los demás de esto. Primero necesitamos convencernos a nosotras mismas.

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Nuestra identidad debe ser aquella autopercibida, enfrentando a quienes nos critican. Pues no es el género ni el sexo aquello que nos define, sino nuestros sentimientos más internos y personales.
Demasido ha sido el tiempo del silencio.
Demasiado ha sido el tiempo de limitar nuestra sexualidad a los cánones establecidos por ese «deber ser». La mujer como sujeto/objeto reproductivo.

Primero la Iglesia y después el resurgimiento del capitalismo más cruel que volvió a resaltar el rol de la mujer dentro de la sociedad como madre y protectora del hogar. Por tanto, la sexualidad de la mujer solo era admitida dentro de la institución del matrimonio. Fuera de ello, los motes más despectivos se inscribieron en este modelo patriarcal que aún sigue vigente, silencioso e impune la mayoría del tiempo.

De allí la consigna de los primeros movimientos contestatarios del feminismo anarquista argentino: «Ni Dios, ni Patrón, ni Marido» (La Voz de la Mujer/ Diario/1896).
Demasiado ha sido y sigue siendo ese frecuente pedido de docilidad y paciencia.
Más allá de lo externo, debemos sanar internamente, hacer que nuestras propias inhibiciones se conviertan en fortalezas.
El cuerpo que somos es nuestro y se reserva para otrxs el derecho de admisión y permanencia.

Desde úteros hasta seres demoníacos y recipientes de semen, símbolos de pureza, vírgenes, nodrizas, esposas, hasta la mal parida histeria de Freud como fundamento biológico y científico de cada paso que damos.
90 millones fueron a la hoguera.
Esas, mis hermanas y yo, las Millett, las Woolf, las Storni, las Lanteri, las Justo, las Medina Onrubia, las Moreau, las Duarte, las Khalo, las Friedan, las Pankhurtst, las Sor Juana Inés de la Cruz, las Truth, las Fuller, las Bolten, las Rawson y cientas más, son las descentradas, las que buscaron y buscamos la igualdad, la libertad y el conocimiento. Las atrevidas que se abrieron paso en un mundo patriarcal pese al odio, a la misoginia, a los condicionamientos, a las lenguas largas y a las cortas del más lógico sentido común.
Porque NADA, ni la mente más obtusa, ni el pensamiento más chato, podrá hacernos titubear.

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Rodeate de mujeres que se enorgullezcan de tus logros y te animen a seguir adelante.
Como las de ayer, hoy te toca, «nos toca» dar el mensaje, informar y ser lo suficientemente fuertes. Esta fue la forma en que las de aquellos tiempos y las de hoy pudimos reivindicar nuestros derechos políticos, cívicos, sociales, etc.

Sé así, sé asá. No hables, hablá, comé, no comas demasiado, arreglate, sé femenina, no levantes la voz, sé precavida, sé sumisa, sé, sé, no seas, sé.

La libertad comienza cuando empezamos a escuchar nuestra propia voz.
Escuchá la tuya. Siempre es tiempo, pues esta lucha no solo necesita entereza, sino todo el conocimiento del que puedas nutrirte.

 

Marcela Jakubson

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