DE LA POST PANDEMIA AL POST CAPITALISMO por Alberto Hernández

De la post pandemia al post capitalismo
por Alberto Hernández

Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé…sentenciaba en su mirada escéptica, Discepolín. ¿Y qué va a quedar del mundo después de la peste? Nadie arriesga pronóstico definitivo alguno.

Las hipótesis van y vienen. Pero aunque hay muchos cabos sueltos, también hay algunas certezas, que surgen de lo que va desnudando este proceso y de algunas ideas que vuelven a ponerse en valor a partir de que, a fuerza de prueba y error, los gobierno ponen en marcha políticas públicas y herramientas largamente denostadas por los popes del libre mercado: más Estado, más salud y educación pública, más redistribución de la riqueza. Hemos dicho en notas anteriores, y lo han dicho muchos más y con más autoridad, que el mundo no volverá a ser el de antes y que el paradigma neo liberal se cae a pedazos.

Asimismo cruje el poder hegemónico de los EEUU y la órbita del dólar, jaqueado por el arrollador avance de China. La comunidad europea, cada vez es menos comunidad y cada país trata de zafar como puede. El capitalismo está en una crisis fenomenal y un nuevo orden mundial es posible, pero sobre todo, necesario.

Claro que, y ya lo dijimos también antes -y otra vez- lo han advertido varios, “el capitalismo, como lo ha hecho históricamente intentará aprovechar la crisis, para reconvertirse, seguir concentrando poder y riqueza y desparramando desheredados por la tierra.

Estará en la fuerzas populares rebelarse contra ese designio de los poderosos”. Y ya pueden verse algunos que saldrán ganadores de esta crisis: las multinacionales farmacéuticas, las grandes proveedoras de servicios de internet, plataformas digitales y comunicaciones (Apple, Microsoft, Amazon, Google y Facebook) y los bancos que nunca pierden. Al decir del intelectual francés Michel Wieviorka, “lo mejor será mejor y lo peor será peor” (cit. Página 12, mayo 3).

Los ricos de este planeta y los gobiernos que son sus sirvientes no van a aceptar con buenos modales ese nuevo orden.
En clave marxista nos preguntamos ¿Estamos en una situación revolucionaria? ¿están las ideas rectoras en su puesta a punto? ¿cuál es el sujeto histórico de ese cambio? ¿Tenemos el partido y los líderes dispuestos a dar ese salto? ¿Con qué programa?

Pues no parece ser esa la situación, ni que la historia vaya a desenvolverse por esos carriles. Hace unos años -más de 30- Fidel Castro decía en el marco de la crisis de la deuda externa-y lo diría seguramente hoy con más énfasis- “la mujer esta embarazada, el niño está por nacer, pero los parteros no aparecen”. Y volvemos a Wieviorka con quien compartimos esto: “No son las ideas las que nos faltan. ¡Ideas tenemos muchas! (…)Sabemos lo que queremos hacer, pero carecemos del personal para llevarlas a cabo, de las organizaciones, de un planteo sobre como realizar la acción política. Nos falta confianza en los actores políticos y líderes” (op.cit.)

También la globalización capitalista, a pesar de que el virus a puesto en evidencia que el mundo es un pañuelo, se ha resquebrajado y ha mostrado su inutilidad para dar respuesta común al flagelo. Solo se ha manifestado por la acelerada digitalización de las actividades humanas y la solidaridad que algunos países han mostrado en forma desinteresada y que no son justamente aquellos donde reina el dios mercado. Por lo demás cada país ha improvisado sus propias respuestas frente al Covid 19, mientras la OMS se desgañita intentando que le den algo de bola.

Así también parece que va a ser la salida de esta crisis. En un más que recomendable artículo Ignacio Ramonet, Director de Le Monde, hace un minucioso análisis sobre la evolución de la pandemia, sus implicancias económicas, sociales y políticas, advierte sobre el peligro de cerrar las economías y aboga por una globalización de distinto signo publicado oportunamente por Mendoza Opina. (https://mendozaopina.com/featured/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-por-ignacio-ramonet/

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No obstante, nos parece que el primer momento post pandemia encontrará a los países concentrados en resolver sus propios problemas y algunos como en el caso de Argentina, tratando de revertir el colapso heredado por la aplicación de las políticas neoliberales y sentar las bases de un nuevo ciclo nacional y popular. En ese sentido la corriente juega a favor porque la pandemia ha naturalizado la presencia del Estado en todos los órdenes pese a la resistencia de los grupos concentrados de poder, de los medios que los expresan y de cierta opinión pública capturada por ese discurso. Esa va a ser la batalla.

El desarrollo auto-centrado y el mito del crecimiento permanente

En este punto y a la hora de intentar responder alguna de las preguntas que nos formulamos, nos resulta útil volver a la tesis de La Desconexión (1988), formulada por el egipcio Samir Amín y a la que nos hemos referido en notas anteriores. Amín plantea básicamente que los países de la periferia capitalista, tienen que romper con la idea de que su desarrollo necesariamente tiene que seguir el derrotero de los países centrales.

El desarrollo auto-centrado que propone, es una respuesta particular de acuerdo a las condiciones históricas, sociales, y culturales de cada país, “asegurando la reducción de las desigualdades sociales, el control de los trabajadores sobre las fuerzas productivas y el reforzamiento de la democracia real, política y social en la sociedad” como expresión de un modelo socialista que, para no disparar otras discusiones, preferimos llamar post capitalismo.

Un desarrollo auto-centrado- que no es autarquía- se basa en síntesis, en tener el control nacional de la acumulación de capital y vincularse al sistema-mundo capitalista en función del modelo de desarrollo nacional y no a la inversa.

Algo que se esbozó en la Argentina, durante los años del kirchnerismo y que consagró como su símbolo principal la pulverización del ALCA en la ciudad de Mar del Plata.

Para ello es necesario reunir, según su tesis,-, el control estatal sobre estos cinco aspectos:

1) la reproducción de la fuerza de trabajo,(lo que supone alcanzar la soberanía alimentaria y la producción en masa de bienes salariales que puedan seguir simultáneamente la expansión del capital y la masa salarial)

2) de la centralización del excedente, (exige la posibilidad de regular el sistema financiero garantizando la capacidad nacional para orientar la inversión de los recursos)

3) del mercado (asegurando en calidad y precios el abastecimiento del mercado interno y reservando los excedentes y en forma selectiva para la exportación)

4) de los recursos naturales (que supone, más allá de sus propiedad, la capacidad del Estado nacional para explotarlos o de mantenerlos en reserva) y

5) de las tecnologías. Luego el egipcio agregará en otros aportes que hiciera hasta su muerte (2018) la condición de la regionalización y la conformación de bloques integrados desde la misma perspectiva. Un ejemplo de esta construcción es el ALBA-TCP que se constituyó a iniciativa de Venezuela y Cuba y que agrupa a países de América Latina y el Caribe y que hasta el golpe también integró Bolivia.

Una vuelta a la economía planificada.

En Argentina implicaría volver a recuperar algunas herramientas y políticas que puso en funcionamiento Perón en sus primeros gobiernos, como el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI); la estatización de los servicios públicos o el control del crédito, a modo de ejemplo (1).
Interesante y en la misma dirección, es lo que se propone Holanda, pulverizando el mito del crecimiento económico permanente.

Según El Clarín de Chile, 170 académicos holandeses han planteado un manifiesto de 5 puntos para el cambio económico post pandemia basados en los principios del decrecimiento:

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1) Diferenciar entre sectores que pueden crecer y requieren inversión (sectores públicos críticos, energías limpias, educación, salud) y sectores que deben decrecer radicalmente (petróleo, gas, minería, publicidad, etc)

2) Construir una estructura económica basada en la redistribución. Que establece una renta universal, un sistema universal de servicios públicos, un fuerte impuesto a los ingresos, al lucro y la riqueza, horarios de trabajo reducidos, etc.

3)Transformar la agricultura hacia una regenerativa. Basada en la conservación de la biodiversidad sustentable y basada en producción local y vegetariana, además de las condiciones de empleo y salarios agrícolas justos.

4) Reducir el consumo y los viajes. Con un drástico cambio de viajes lujosos y de consumo despilfarrador, a un consumo y viajes básicos, necesarios, sustentables y satisfactorios.

5) Cancelación de la deuda. Especialmente de trabajadores y poseedores de pequeños negocios así como a países del sur global.

Obviamente que estos objetivos y su factibilidad tiene que ver con la realidad europea, pero algo así sugeríamos en notas anteriores: “Frecuentemente se ha utilizado para definir a nuestros países como ‘subdesarrollados’ como si estuviéramos en una etapa intermedia hacia un supuesto y deseado desarrollo como el de los EEUU, Europa o Japón. Pero eso no es posible.

Si todos los habitantes del mundo tuviéramos el nivel de vida de los norteamericanos necesitaríamos – informe de la ONG WWF- los recursos de casi cuatro planetas y para vivir como los europeos, un promedio de tres planetas.

Si no nos proponemos otro paradigma que ponga en cuestión el mito del crecimiento económico ininterrumpido y que debe necesariamente sostenerse al menos sobre estos pilares: energías limpias y renovables, agricultura sin agrotóxicos, industria limpia y orientada a sostener un consumo adecuado a las necesidades para una vida confortable pero sin excesos, terminar con la concentración de la riqueza asegurando su distribución equitativa y conformar una sociedad integrada cultural, sexual y racialmente, la humanidad colapsará en poco tiempo” (Petróleo y vida y muerte de la civilización).

Claro que esas tareas requieren de una correlación de fuerzas sociales que permitan doblegar la resistencia de los sectores de poder económico. Es imprescindible entonces la conformación de un nuevo bloque histórico nacional e internacional (2) que sea la masa crítica que sustente ese programa de transición y de avanzar en la organización popular.

Por ahora las revoluciones deberán esperar.

Pensamos que es la hora de lo que el intelectual francés llama acertadamente “democracias combativas”, no como punto de llegada sino en tránsito hacia.

Es el momento histórico de hacerlo, hay ideas y programa, solo faltan -y no es poco- los parteros que van a asistir el alumbramiento de ese nuevo orden internacional más justo que hay que conquistar.

(1) En este sentido va la propuesta que el ex vicepresidente Amado Boudou elaboró en su tiempo en prisión según el sitio Vaconfirma.com.ar. El documento que lleva el título de “Cuando pase el temblor” propone entre otras cosas las nacionalización de los servicios públicos, del comercio exterior y la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias.

(2) Este artículo se publicó casi simultáneamente con el lanzamiento de la iniciativa de la Internacional Progresista que parece coincidir, al menos en una primera etapa, con nuestro planteo. Impulsada por Noam Chomsky, Yannis Varoufakis, Naomí Klein, Fernando Haddad y otros intelectuales se propone “fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad.”

Alberto Hernández. Mayo 2020.

En versión reducida para La Idea (Cruz del Eje, Córdoba, Argentina-mayo 2019)

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