CRIMEN DE GESELL: HAY QUE IR CONTRA LA PERVERSIÓN DE ESTADO por Mario Burgos

CRIMEN DE GESELL: HAY QUE IR CONTRA LA PERVERSIÓN DE ESTADO

por MARIO BURGOS
Rugby, sexo, patriarcado, drogas, noche, previa. Cada analista, cada referente, cada opinador mediático despliega explicaciones que aunque parezcan diferentes tienen un denominador común: se cuestionan formas cotidianas de acción colectiva e individual de nuestros jóvenes. Y por omisión se exculpa a las políticas que han ido moldeando nuestra sociedad, a quienes tuvieron forma de incidir de modo masivo y determinante en los comportamientos, la moral y las formas de convivencia que se han ido instalando en Argentina.
Hay autores, por ejemplo, que se detienen en la cultura rugbier, su -generalizan- elitismo, acto seguido lo vinculan a la sexualidad y al género: el patriarcado determinaría placer al forzar a otro, la violencia sería una vía de acceso al placer.
Es decir, hasta que no terminen el patriarcado, el machismo o la costumbre de jugar rugby entre varones, el patoteo que concluye en asesinato sería algo cotidiano.
Se trata de un  hecho colectivo, por la cantidad de actores activos y pasivos, por su trascendencia y por las líneas de polémica que abre.
Es extraño que estos autores  no se pregunten por qué la práctica del mismo deporte arrojó en la dictadura el secuestro y seguro asesinato a todos los integrantes de La Plata Rugby Club a manos del Estado, pero arroja hoy una decena de asesinos que acaban con la vida de un pibe.
En todas las acciones hay elementos sexuales, eso nos hace justamente humanos, marcados por el género, algo también exclusivamente humano.
Pero así como los virus son pobres causas de enfermedades cuando hay pobreza, el sexo y el género no alcanzan a explicar lo que engendran las perversiones de Estado.
El asesinato de Fernando Báez, un pibe que viene de familia de trabajadores, que se esforzaba para construir un futuro de abogado, no tiene que ver principalmente con lo que llaman «la noche», ni con»los boliches», ni con «drogas», ni con «el rugby», tampoco alcanzan sexo y género.  Este asesinato encuentra su génesis central en la cultura de agresión impune que dejan como legado los cuatro años de macrismo en la nación, su reciclado del autoritarismo e impunidad que parecía, antes de 2015, en retirada.
Una patota actuó con la moral Chocobar, como los gendarmes en el Sur con Santiago y Rafael, como validaban Bulrich y Macri.
A esos pibes, devenidos en asesinos, no se los formó con la historia y el ejemplo de los jugadores de La Plata Rugby Club sino con la tradición de las patotas oligárquicas: muchos contra uno, sin límites, la hazaña consistente no en la valentía, menos en el honor, ni hablar de la solidaridad, simplemente consistente en hacer algo con la seguridad que no se va a pagar por ello.
Pero estos pibes no son los gendarmes que Bulrich se negaba a arrojar por la ventana, ni los beneficiarios de las impunidades de 2015/2019, son sólo una mala copia y para colmo con la época ya lanzada a un proceso de cambio, pero de cambio real.
Asi que ahora, en tren de seguir exculpando a grandes responsables, se arremete contra la patota criminal pero relacionandola con abstracciones. Nada de parecidos con Bulrich, con Macri felicitando a Chocobar o al carnicero.
Este asesinato no es un hecho que pueda explicarse sin atender las consecuencias en la salud mental de la población que dejó el macrismo.
Eso no implica exculpar a los asesinos sino dejar de culpar a los jóvenes «en general», como deportistas o como seres sexuados, o como consumidores de sustancias, o como una franja de la sociedad que construye rituales y busca formas de adecuarse a una sociedad que se las hace muy dificil, cuando no expulsiva.
Dejemos al fin de culpar a una generación que contribuyó masivamente a sacar al neoliberalismo del Estado y concentrémonos  en marcar el verdadero origen de la violencia impune: la acción perversa de Estado trasladada como ejemplo a todos los estamentos de la sociedad.
Néstor Kirchner produjo el hecho sanitario más significativo de los 12 años 2003/2015, en su discurso desde la ESMA, cuando separó la responsabilidad del Estado en el genocidio de la responsabilidad ciudadana.  La sociedad parió a la Madres, las Abuelas, resistió, retrocedió ante lo monstruoso e inhumano, volvió a resistir.
El Estado sólo se puso a su altura cuando pidió perdón, derogó las leyes de impunidad y fue por memoria, verdad y justicia.
Eso es lo que hay que hacer hoy con la violencia irracional: marcar su origen de Estado para deconstruir, en y desde el Estado y todos los espacios, la cultura que, recuperando impunidades anteriores, vino a instalar el macrismo.
E ir por justicia.
Lo venimos planteando desde la subcomisión de Salud Mental del Instituto PATRIA aún en pleno auge del macrismo: un gobierno impune, sin moral cívica, corre los límites de lo que está mal, generaliza las conductas antisociales, vuelve a las personas en contra de las personas, así como el discurso meritocrático las vuelve, en la imposibilidad de sobrevivir con su esfuerzo, contra sí mismas.
Los recursos de sociabilidad que aún atesoraba nuestra sociedad hicieron posible sacar al macrismo el gobierno por la vía del voto y con un afán de justicia, solidaridad y bien común como motivadores principales de eso voto.
Pero  aún hay que producir un quiebre con el neoliberalismo hecho conducta, como Néstor lo hiciera con la impunidad del terrorismo de Estado.
Y «la previa»? El alcohol? «La noche»?
No es recortando la vida de jóvenes y adolescentes como vamos a mejorar su cultura y la de todas y todos, sino aplicando memoria, verdad y justicia a las grandes impunidades que aún siguen vigentes.
 Hay presas y presos políticos privados de su libertad y siguen impunes quienes inventaron causas, falsos testigos, procedimientos ilegales.
Hay jubilados despojados, el Fondo de Garantía reducido en un 70% por acciones ilegales y siguen impunes quienes lo hicieron.
Y la lista sigue.
Que estos ejemplos son de otro orden?
De otro orden es llenar programas de TV, hablar desde puestos de responsabilidad política y desde espacios de opinión sobre que «los jóvenes esto y lo otro».
 Y qué hacer con los once asesinos? Juicio justo y sentencias justas. Nada más

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here