Aclaración urgente: mienten, sin vergüenza, funcionarios, policías y medios.

por P. Sales

En Mendoza, los hechos, imágenes, videos y testimonios indican se miente sin vergüenza.

Algunas consideraciones sobre la actuación policial al finalizar la manifestación frente al Consulado y la plaza Chile.

La gravedad de lo que pasó en la tarde noche del 21 de octubre, tiene explicación mirando los hechos uno a uno y analizando el conjunto.
Quien esto escribe, estuvo todo el tiempo en los lugares de los acontecimientos y fue testigo directo de lo ocurrido, donde se tomaron fotografías, vídeos, audios, notas y testimonios.
Nada más que periodismo. Profesional y directo.
Las personas que participaron en la manifestación lo hicieron en forma pacífica y sin ningún tipo de vandalismo, ni violencia hacia transeúntes ni bienes, propios o ajenos.
Tampoco arrojaron elemento ninguno, ni a las paredes, ni al piso ni a las personas.
No portaban armas blancas, ni facas, ni armas caceras o tumberas como han dicho algunos funcionarios públicos uniformados. Tampoco había personas de otras geografías activando o provocando. La mayoría eran mendocinos, jóvenes, estudiantes secundarios y universitarios, unos pocos chilenos residentes y un nutrido grupo portando banderas de agrupaciones partidarias y sociales. Personas adultas, algunas madres jóvenes con niños. Había músicos con sus instrumentos, artistas callejeros y malabaristas. Personas jóvenes con abrigos y mochilas. Muchos con equipo de mate y botellas de agua. No había encapuchados ni con pasamontañas. Todos tenían las caras descubiertas. Muchos tomaban fotos con sus celulares y había una gran presencia de reporteros gráficos y personas que llevaban cámaras profesionales, desconocidos que no se suelen ver en las coberturas periodísticas de rutina. Móviles de canal 9 y de canal 7. Reporteros y periodistas de medios reconocidos y algunos de medios comunitarios y alternativos.

No había un clima tenso ni expectativa de algo fuera de lo esperado. Eso se puede comprobar con algunas observaciones: a 30 metros sobre la misma vereda, en la esquina, la gente tomaba helados en Soppelsa. Enfrente exactamente del Consulado de Chile había personas en la puerta del hotel Diplomatic esperando transportación. Al lado, pasando el local de la antigua librería y papelería, en la vereda del restaurante María Antonieta, los clientes, turistas extranjeros en su mayoría, comían y departían tranquilamente y nunca dejaron de hacerlo. En la pizzería de la esquina “Orégano” unas 25 personas, turistas, comían las pizzas, receta de Francis Mallman.
Los policías que estaban protegiendo el edificio del consulado, sobre calle Belgrano y a la vuelta en la entrada principal, no fueron agredidos, ni insultados, ni molestados de ninguna manera.

La cantidad de gente que se había autoconvocado sobrepasó los límites de la vereda y comenzó a ocupar la calle hasta que fue superada y llego hasta las vías del tren metropolitano del lado oeste, donde corre el tranvía en el sentido sur norte.
Ningún incidente. Cánticos, banderas, carteles. No había elementos extraños ni palos ni nada que sirviera en el lugar como proyectil. No había entre los manifestantes personas armadas. No había piedras ni baldosas. Absolutamente ningún elemento que pudiera ser usado en forma contundente o arrojado. Nada. Todas las imágenes corroboran esta descripción.
Sí había numerosa presencia policial de civil, camuflados y sacando fotos y filmando con equipos profesionales, no con sus teléfonos.
También había policías de investigaciones, mujeres y hombres, en vehículos sin identificar con patente y sin patente.
La gente con banderas estaba sobre la vereda y no cortando la calle. En la calle estaban los participantes que desbordaban y no cabían en la vereda frente al consulado.
El cálculo oficial y que publicaron los medios era en el momento de más concentración de personas de entre 500 y 1.500 y luego de la desconcentración se quedaron cerca de 300 a 400.

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El momento más tenso fue cuando una formación del metrotranvía, llegó hasta el lugar y no pudo avanzar ya que las vías estaban ocupadas con un grupo de personas. No pasó nada. No hubo bocinas ni gritos ni corridas ni nada. La conductora de la dupla del metro, no hizo ningún movimiento peligroso ni asustó a la gente. Solo se detuvo.
Allí llegó un policía con uniforme de salida (camisa blanca manga corta) acompañado de una oficial de pelo trensado con uniforme de fajina azul. El policía, aparentemente un comisario, intentó dialogar con alguien para hacer que la gente se corriera pero no había ningún interlocutor válido ya que las personas eran autoconvocados que no pertenecían a ninguna organización, o por lo menos a ninguna organización presente. La presencia de ese policía generó que les dedicaran cánticos alusivos a “la vergüenza de ser policía o gendarme” y trabajar reprimiendo ciudadanos.

Eso fue el momento más eufórico. Tenso. Gritos y aglomeración para escuchar lo que pasaba.
Una oficial, de actitud adusta, no se movía de su lugar y pedía “que venga infantería”. En la vereda de enfrente había 4 bicipolicías. Un motorista de tránsito municipal estaba parado al lado de su moto.

Varios policías venían de un acto que se realizaba a la misma hora en calle Perú entre Rivadavia y Sarmiento en la calle, cortada por tránsito municipal. Acto en la puerta de la delegación de la Policía Federal. Banda de música y funcionarios incluidos.

Dos policías de baja estatura llegaron y empujaron a un joven de pelo ensortijado que estaba delante del tranvía. Los gritos hicieron que no llegara a más y el oficial más activo le hizo un gesto a la mujer al mando del tren para que avanzara. Lo intentó pero no logró avanzar más de un metro o dos. Un hombre opulento y de abdomen prominente que tenía una carpeta en la mano subió al tren y dio la orden a la maquinista que retrocediera. Cruzaron la calle Sarmiento marcha atrás. Se terminó el conflicto. Los policías se corrieron y la gente comenzó a retirarse. Un hombre que se presentó como mapuche, habló unos minutos dando su arenga que no aportaba mucho más que lo sabido. Estaba solo. A esa hora no había más de 200 personas.

La desconcentración fue tranquila y varios se dirigían a la plaza Chile. Allí llegaron menos de la mitad. En el trascurso del camino a la plaza, no hubo ni desmanes ni rotura de vidrieras (no hay vidrieras) ni saqueos, ni nada que indicara mínima violencia.
Algunos chiques quedaron en el centro de la plaza. Otros plantearon hacer una “asamblea” sobre calle Gutiérrez. No eran más de treinta.

En el costado sur este de la plaza, sobre calle Perú se vio llegar en contramano una autobomba de los Bomberos de la Policía de Mendoza. Se estacionó en la esquina con Gutiérrez, donde está la estación de servicio. Por detrás llegó la Infantería. Comenzaron los tiros y los gases. El desconcierto y las corridas. Gritos y arrestos violentos. Uno de los más activos participantes de la caza de jóvenes, que toma de los pelos a uno y le da una patada, era un hombre con saco blazer y zapatos mocasines. Luego se reconoció así mismo en los medios con los que conversó en directo, como el Jefe de la Policía Comisario General Roberto Munives. (se puede ver claramente en el video que se adjunta a los 0:12” y 0:21”).

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La descripción del video no hace falta. Solo hay que verlo.

 

Luego de las detenciones, autos de civil por las calles del centro buscaban a los que habían participado de la manifestación.

Me pregunto: si no hubo tiempo de mirar las filmaciones y fotos de la policía ¿cómo los reconocían? Respondo: la razia y cacería fue realizada por los policías de civil que previamente participaron de la manifestación “mirando caras” marcando rostros. En autos particulares sin identificación, de a tres o cuatro por auto. Un Renault Clio rojo. Un Chevorlet Aveo azul metalizado, una camioneta VW Amarok blanca sin patente. Uno de los “cazadores” tenía el pelo muy largo y usaba guantes con protección en los nudillos, como los del equipamiento de los infantes o los que usan los motoqueros.

Supongamos que había 200 manifestantes (una exageración) a la hora de la “acción policial” y los detenidos son 20… el porcentaje es bastante alto: 10 por ciento de los manifestantes detenidos.
El comisario general Munives seguramente será merecedor de una felicitación de su jefe. En 20 minutos llenó los calabozos de la comisaría 3ra, 6ta y 33. Mientras las oficinas de la comisaría 4ta. realizaban las actuaciones fiscales.
A las puertas de esas comisarias llegaron amigos, compañeros de facultad, familiares y abogados.

El trato policial era sumamente agresivo sin justificación. A los detenidos, según denuncian los que pudieron acceder a comunicarse, no se les permitió realizar llamadas, ni siquiera a abogados, con lo que no se cumple el debido proceso ni el derecho a defensa. A varias mujeres no les dejaban usar los servicios sanitarios. No había personal femenino a cargo en una de las seccionales luego del cambio de turno. Varios detenidos realizaban tareas periodísticas.

No voy a entrar en detalles de lo pasado luego de las detenciones.
Mi intención era solo dar testimonio de que la excusa principal de la actuación policial, que es la “violencia de los manifestantes, desmanes y delitos” no se verifica en la realidad.
No hay testimonios, -salvo los policiales y de funcionarios de gobierno-, ni fotos ni filmaciones que lo indiquen.

La violencia, la actuación con uso desproporcionado de la fuerza, contra un grupo de estudiantes desgarbados y en bermudas, la mayoría universitarios, algunos fotoperiodistas, varias mujeres, es el “acto de valentía, el cuidado de los bienes y la salvaguarda de la seguridad” por parte del Estado provincial a cinco días de elecciones nacionales. Elecciones donde, el señor gobernador, -egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNCuyo, lugar de formación de excelencia-, es candidato a diputado nacional.

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