Negativos, envidiosos y otras calañas

En el trabajo o en la familia, tenemos que identificar a: El negativo: persona tóxica que necesita generar un displacer o una queja porque no puede disfrutar.

Los envidiosos: viven comparándose y piensan que si no tienen lo que otros, lo critican o destruyen.

Los burladores: necesitan reírse de los errores ajenos o exagerar algún rasgo que tenemos porque son personas inseguras.

El chismoso: tiene baja estima y necesita capturar la mirada del otro y para seducir utilizan información extraordinaria.

Una persona difícil trata como fue tratado, al agredir te hace saber cómo fue agredido. Cuando tiene mal la estima está quebrado por dentro y cree que la manera de recuperar esa estima es lastimando al otro. Se acercan como amigos para tratar de ocupar el círculo de intimidad afectiva. Se involucran con nosotros, se ofrecen para ayudar y lentamente aparecen la envidia, la burla, la agresividad; son conscientes de lo que hacen pero necesitan lastimar al otro porque así recuperan el poder.

Tenemos que tener una confianza inteligente: no ser desconfiados ni tampoco crédulos, ya que creer que todo el mundo es bueno es lo que se llama en psicología el síndrome de la niña buena: »si yo trato bien a todos, todos me van a tratar bien»… ¡Error! No tenemos que idealizar a nadie ni vivir desconfiando de todo el mundo.

Siempre debemos esforzarnos en desarrollar la inteligencia emocional y preguntarnos cuál sería nuestra mejor respuesta para esa situación. Y con las personas difíciles tenemos que establecer límites; muchas veces se trata de aprender a decir »sí» y »no», o aclarar que en ciertas condiciones no vamos a hablar, o hacer oídos sordos y dejarlo pasar. Todos somos un poco difíciles, pero una cosa es tener problemas y otra cosa es ser problemático.

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