La autoestima

También tenemos que tener en cuenta que la autoestima se construye desde que nacemos con la mirada de los otros –especialmente de las personas significativas como mamá y papá–, y cuando hemos escuchado de su boca descalificaciones como: »no servís», »quién te va a querer», »nunca vas a lograr nada», puede pasar de ser una voz externa a transformarse en nuestra voz interna. Cuando la mirada del otro fue descalificadora, negativa, no estamos muy bien de estima. Por otro lado no existe la persona con mucha estima, el narcisismo o el exceso de estima en realidad es falta de estima. Los psicoanalistas tienen un dicho que dice: »dime de qué te pavoneas y te diré de qué careces». Siempre que una persona llama la atención, de alguna u otra manera, está sintiendo inseguridad en ese área, y ahí viene la sobrecompensación, y la persona queda como pedante.

Tenemos que darnos permiso para equivocarnos, tener una buena estima no significa no errar sino aceptar las cosas buenas y las malas. Aceptar nuestros aciertos y nuestros errores es señal de una buena estima.

Algo muy importante que podemos hacer los padres es enseñarles a nuestros hijos que no valemos por lo que tenemos ni sabemos sino por quienes somos. Tenemos que validar el esfuerzo en ellos sabiendo que la mejor manera de ayudarlos a construir una buena estima es permitiéndoles que tengan obstáculos, ya que la sobreprotección trae baja estima, porque en un futuro nuestros hijos van a evitar las decisiones ya que nosotros las tomábamos por ellos. Mi consejo para las personas que tienen que sanar su estima es que comiencen a darse caricias y a aceptar la validación de los demás, porque cuando podemos recibir también podemos dar. La estima es el capital más valioso que tenemos, por eso tenemos que cuidarlo. Cuando comenzamos a llevarnos mejor con nosotros mismos logramos llevarnos bastante mejor con los demás.

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