»Hay una gran resistencia a que exista otra forma de educación»

Cómo surgió este proyecto?

–Cuando tenía 21 años. Siempre me interesó el cambiar las prácticas educativas, desde que estudiaba en el secundario, pero en 2008 fui a un congreso de educación holística en Córdoba y dije que quería hacer una película, y resulta que había mucha gente trabajando en esto hace mucho tiempo y veían la necesidad de que se resuma un poco el discurso de diferentes experiencias en una película.

–¿Y se armó sobre la marcha o la idea inicial era el formato documental?

–Después de las primeras entrevistas –hicimos cerca de 90–, en los primeros siete meses, que no tenía nombre ni nada, nos dimos cuenta de que podía ser un documental; pensé en sacar tres o cuatro entrevistas más e hice el primer trailer, puse »próximamente» y lo saqué en febrero de 2010. Y ahí tomó el nombre porque había que llamarlo de alguna forma, y en un brainstorming con gente que trabaja en educación en una mesa salió el nombre.

–¿Y por qué salió el nombre?

–Nos encantó, porque es muy provocador. Nosotros queremos que cuando la gente escuche hablar de la película le choque. También es porque me había cruzado con enormes experiencias que se encontraban con muchas trabas, por ejemplo burocráticas, otras sociales o de la comunidad, que para hacer lo que querían tenían que remarla muchísimo. En otros casos el mismo comentar las ideas con el grupo de amigos. Contás cómo es la escuela en que estuviste y ya te dicen »no, eso no está bien, no es posible». Notaba una resistencia muy grande a que existiera otra forma de escuela o de educación.

–¿La expectativa es instalar el debate o vas más allá?

–Instalarlo y alimentarlo, y lograr que se debata de manera constructiva y consiga que haya gente interesada en hacer escuelas y que se abran caminos para hacerlo más fácilmente, para discutir sobre eso, que se generen redes de vínculos entre distintas experiencias, y que las otras experiencias alternativas que existen se abran un poco porque esta resistencia que hay genera eso.

–¿Y esa resistencia es acá o hay países donde es peor?

–Hay países donde es peor. Por ejemplo, el caso tan celebrado de Finlandia, número uno de educación en el mundo: tiene muchos elementos de educación constructivista que tienen estas escuelas (alternativas), donde por ejemplo no hay exámenes hasta los once o 12 años, hay grupos integrados, mucho tiempo libre para los adolescentes y cosas que se hacen acá, pero viene el ministro de Educación y nos dice »hagamos esto» y a nosotros nos parecería una locura y allá funciona. En países con diferentes tipos de gobierno también hay otras resistencias. Las resistencias tienen que ver con una cuestión social. En Latinoamérica no es que está escrito en algún lugar »esto está prohibido», tiene que ver con que hoy planteás una escuela y a toda la comunidad le parece mal.

–Además de las resistencias, son bastante onerosas estas escuelas no tradicionales…

–Algunas sí, otras no. Hay mucha diversidad. Las escuelas libres o que siguen una línea de escuela libre no necesitan mucho para funcionar; no necesitan una serie de materiales específicos como sucede en el método Montessori, que tiene una serie de materiales de muy buena calidad que no requieren una inversión gigantesca. En la Argentina tenemos estas escuelas experimentales, que son públicas y gratuitas, que están dentro del sistema público, y la estructura que tienen es completamente diferente, sin exámenes ni sistema de calificaciones y la promoción no es cerrada. Hay otras acciones que se podrían hacer que son decisiones de la escuela misma, como el tema de los materiales. Algunas tienen una cooperadora que por semestre compra materiales de calidad para todos los chicos y eso lo aporta y queda en la escuela. Esa es una práctica que se podría hacer en cualquier escuela pública, porque hay una decisión casi pedagógica de que no tiene que haber un lápiz de marca al lado de un lápiz que no lo es. A la vez es más difícil la formación de los docentes, conseguir docentes que tengan la mente lo suficientemente abierta y flexible como para trabajar en la escuela y transformar la práctica.

–¿Es posible?

–Creo que sí, es lo interesante, porque lo he visto. También, docentes que empiezan y al tiempo dicen »en estas condiciones no es que no puedo trabajar, pero el trabajo se redimensiona». Cuando hay mucha transparencia y se pueden hablar de determinados temas, los docentes son personas, se empiezan a transformar en ellos mismos. También hay transformación de las familias. He visto familias enteras que empiezan y se ven obligadas a replantearse cosas de su día a día. Hay escuelas que aconsejan que los chicos no vean tanta TV en casa y los chicos van después a la casa y los padres los ven una hora al día; la escuela les dice »nosotros estamos tratando de trabajar, generando un enfoque de vínculos, de contacto con el chico, de conocerlo, y después en tu casa no le das ni bola». Ahí es necesario claramente un cambio en la familia, por ejemplo.

–¿Cómo se distribuirá?

–A partir del 13 de agosto va a estar en Internet y también se proyectará en salas independientes. Ya tenemos más de 100 funciones confirmadas.

–¿Hay campo a nivel estatal para plantear esto en la Argentina y América Latina?

–Creo que sí. En Chile y Colombia se están replanteando muchas cosas. En Chile tengo muchos amigos de una red de escuelas libres que plantean la libertad curricular para lograr la excelencia educativa a partir de que los maestros puedan decidir sobre sus prácticas no sólo para escuelas privadas sino también públicas. En este momento que se está democratizando todo, que se habla de los movimientos de España, de democracia real, se dan cuenta de que se plantean muchas cosas y cambian, y tal vez esto sea un reflejo de eso. Se podría decir que se plantea la democratización del sistema educativo en el sentido de que se empoderen los individuos, los chicos en el aula, los maestros a nivel estatal y las familias a nivel comunitario. Creo que la verdad es un buen camino a seguir; lo importante de esta lógica es que no hay una forma de hacer las cosas y eso lo que a veces genera es un poco de temor.

–Pero esto de democratizar no es bien visto. Hace poco el ministro de Educación Alberto Sileoni celebró la participación política de los estudiantes en las escuelas y lo cuestionaron mucho.

–Eso tiene más que ver con los medios, pero creo que sí nos podemos sentar a discutir seriamente; la participación de los estudiantes en las escuelas –en el secundario– es indispensable: así se construyó la universidad pública, con las revoluciones universitarias. Tal vez la discusión es qué tipo de participación o lugar. 

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