“El sexo es sucio e inocente, la reproducción, monstruosa”

Su lengua lo antecede en el más amplio sentido de la palabra. Porque por un lado, Fernando Vallejo es un apasionado del comportamiento del lenguaje y, por otro, porque el autor de La puta de Babylonia genera revuelo cada vez que hace uso de ese órgano. Polémico, controversial, provocador, todos adjetivos que le quedan al escritor colombiano, que adoptó la ciudadanía mexicana, que dice que Colombia es como una cruz como la que cargó el Nazareno, pero afirma que es probablemente el lugar donde termine sus días. El hombre que pasó por Buenos Aires invitado por el Festival Internacional de Literatura (FILBA) está entre los autores más leídos de América latina; escribió varios guiones de películas y su novela La virgen de los sicarios fue llevada al cine y adaptada por él. Tanto en sus obras, como en sus declaraciones públicas o entrevistas, no duda en cargar contra las religiones, los políticos y la sobrepoblación mundial.

Fernando Vallejo es un hombre amable, educado y caballero, sostiene la puerta del ascensor, deja pasar primero. Camina despacio, con los hombros un poco hacia adelante. Tiene un tono de voz suave y tranquilo, con un acento colombiano que entona a la manera mexicana. Con esa dulzura que parece emanar, puede llegar a decir las frases más polémicas imaginadas. Pero esa honestidad bruta que lo caracteriza, no la usa porque sí. »Es distinto herir a alguien en la vida cotidiana y herir a alguien cuando uno está hablando en público. En la vida cotidiana uno no tiene derecho a ser grosero con los demás, ni atropellarlo, ni explotarlo, ni abusar de ellos de ninguna forma. Uno tiene que ser respetuoso con los demás, afectuoso si se puede, y educado siempre. No puede ser grosero. Pero si uno habla en público, el micrófono mismo que me están dando a mí, lo tienen para usarlo y a ver dónde está la ofensa», asegura. Vallejo ama a los animales, tanto que es vegetariano; el monto de dinero que ganó con el Premio Rómulo Gallegos y el Premio FIL (Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara) terminó en dos asociaciones protectoras de animales, algo que él asegura que no fue un gesto de provocación, sino de convicción. »Yo quiero a los animales, quiero a los perros y a los que trabajan con ellos los tengo como mis hermanos. A los que quieren a los animales y trabajan por ellos los tengo cerca del corazón. Mi gesto es desde el convencimiento de que los animales de sistema nervioso complejo son mis hermanos», dice.

–Su último libro, »El Cuervo Blanco», es una biografía, ¿por qué se decidió por este género?

-Yo he escrito tres biografías. Emprendí la investigación porque quería saber de ellos, me sobró el escribirlo, porque en realidad quería saber para mí, no para contarles a los demás. En realidad, los personajes ya no le importan a nadie. Pobres de todos los que nos morimos porque no vamos sólo para la muerte, sino para el olvido, porque la humanidad no tiene memoria para tanto personaje. Hay muchísimos personajes y cada vez se producen más, hay una infinitud.

–¿Por qué le preocupa tanto el crecimiento de la población mundial y lo remarca como una gran problemática?

–La gran tragedia de la humanidad es que seamos tantos, en realidad son muchas tragedias, la tragedia es que estemos vivos, pero aparte de eso le sumamos el que seamos tantos, que estemos hacinados. Vivimos hacinados en las ciudades, en medio de tanto carrerío, tanta motocicleta, atestadas las calles, las autopistas, los teléfonos, el internet, las oficinas.

–¿En su cotidianidad siente la molestia de la gente?

–Yo la siento cada vez más, porque nací en un mundo más despoblado. Cuando yo nací la población del mundo se estimaba en 2.800 millones y ahora somos 7 mil. Es un aumento monstruoso del que nadie está hablando ya. Hace poco se celebró la vigésima cumbre de la Tierra en Río, y ¿quién habló del problema demográfico? Estos están locos, cómo van a hablar de ecología y conservar la naturaleza si no están diciendo qué es lo que hay que hacer, que es parar este crecimiento demográfico acelerado.

–¿Usted se planteó alguna solución posible a esto?

–No tiene solución porque el daño está hecho. Tú no puedes suprimir 4 mil millones de personas, matarlos, no puedes. ¿Cómo lo haces? Con el control de la natalidad podrías parar esto, pero quién es el que va a hacer el control de la natalidad si Mitt Romney, que es el candidato republicano a la presidencia en Estados Unidos tiene cinco hijos, no sé cuántos nietos. Imagínate si la gente de la Tierra se estuviera reproduciendo como Romney, ¿cuántos seríamos? Si un irresponsable de éstos, que se dicen defensores de la vida como el Papa, actúan así, entonces qué hay que esperar.

–¿En algún momento sintió el deseo de ser padre?

–A mí se me hace monstruoso traer gente a la vida, se me hace un crimen casi como quitársela. Nadie tiene derecho a reproducirse, nadie tiene derecho a traer hijos al mundo ¿quién se lo dio? ¿Por qué le va imponer la carga de la vida a otro? Eso es una infamia.

–¿Su vida es una carga?

–No, yo soy menos infeliz que la inmensa mayoría y he vivido con más suerte que la inmensa mayoría. He hecho lo que se me ha dado la gana siempre. No puedo concebir ser una persona amargada, que esté tristísima, me fue muy bien, hice lo que quise, pero no tengo por qué hacer el mal. Yo he tratado de que el mal que me hicieron sea menos grande, pero no se lo impongo a nadie. Eso no tiene que ver con preferencias sexuales ni nada. Tienes que disociar la reproducción del sexo. El sexo, en principio es sucio e inocente. La reproducción es monstruosa. La paternidad y la maternidad son un crimen, un delito entre dos. Hasta ahora son un delito que no se puede cometer solo, ya empezarán a clonar gente y lo podrán cometer solos. Hasta ahora es por la colaboración de dos criminales.

–¿Le tiene miedo a la muerte?

–No. Me parece que estoy viviendo demasiado, más de la cuenta. No tengo intereses en seguir viviendo, tengo más o menos amarras a la vida de la gente que quiero, mi perro, por ejemplo, y otras personas que no menciono porque las cosas privadas no tienen por qué ventilarse en público, pero no quiero dejarlas. Pero no tengo un apego a la vida, de terminar ahora me resultaría completamente tranquilo. Me angustia más el estar vivo.

–¿Qué opina de este crecimiento de la espiritualidad oriental?

–Eso tiene mucho de marihuanero hippie, porque no hay ninguna filosofía ni ninguna religión. ¿Cuál espiritualidad? ¿Qué están buscando? Están logrando borrar el yo de las angustias de la vida. Buda dijo que el que no ambicionaba nada, no tendría desilusión, ése es un buen principio, pero de ahí no pasa. ¿Nos vamos a poner a hacer yoga porque el vecino nos está atormentando con lo que hace con su equipo de sonido o con sus groserías? ¿Cómo borramos esto si estamos metidos en un hormiguero de monstruos bípedos, carnívoros? Algunos son buenos; en mi opinión muchos buenos, porque por todas partes me encuentro gente de calidad, de bondad, de tolerancia, benevolencia. También me encuentro con una cantidad de groseros, maleducados y ambiciosos de poder.

–Usted llama mafiosos a los políticos, ¿se puso a pensar cómo sería para usted el sistema de gobierno ideal?

–El sistema único posible es la democracia, lo que pasa es que no la conocemos. Ni siquiera en Grecia la tuvieron, decimos que nació ahí, la palabra es griega, pero usted no puede llamar democracia al poder de las mafias políticas, porque no hay partidos políticos, hay mafias políticas para poder llegar al poder a repartirse un botín. Las juventudes que entran a hacerle el juego, en un partido o en otro, es una juventud prostituida, despreciable, que entran de los puestos públicos y del atropello a los otros.

–En América hay un crecimiento generalizado de la militancia juvenil, ¿no hay ideales detrás de esto?

–Ya se dieron cuenta los jóvenes dónde estaba la plata, dónde estaba el poder, y fácil: no trabajando. Son mentirosos, son aprendices de mentiras, de charlatanes, hampones. No hay servidores públicos, hay atropelladores públicos. No hay salvadores de países, hay aprovechadores de países.

–¿Cómo imagina el futuro del mundo?

–Me da la impresión de que se acaba pronto. Las circunstancias están dadas para que se acabe pronto. No pienso que por un virus biológico como el ébola, porque los virus biológicos se atenúan, cuando aparece uno que se pone virulento, después retrocede, entonces yo no veo que por ahí vaya a haber un problema grande. Por ejemplo, la epidemia del SIDA, ¿a cuántos mató? ¿30 o 40 millones? Eso no le quita nada a 7 mil. La guerra nuclear sí es decisiva y puede explotar.

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