El Hombre Araña cumplió sus primeros cincuenta años

Por Daniela Rossi

Cuando iba al jardín de infantes en Surrey, Inglaterra, Andrew Garfield soñaba con ser aquel superhéroe que admiraba en la televisión. Peter Parker, ese tímido estudiante y fotógrafo elegía hacer el bien con los poderes otorgados por la picadura de una araña radiactiva, lo desvelaba. »Estaba muy nervioso en la audición porque sabía que era uno de mis sueños», contó su fantasía cumplida (y la de muchos niños) como protagonista de El sorprendente hombre araña, la película que se estrenó en julio, la cuarta de la saga que sirve de precuela de la historia. En el año del 50° aniversario de la primera publicación del superhéroe en un cómic de Marvel, el filme batió récords en todo el mundo: en los Estados Unidos recaudó U$S 35 millones en su primer día en cartel y superó el millón de entradas vendidas en la tercera semana. El superhéroe, que repite que »un poder supone una gran responsabilidad», sigue vigente.

En medio de la época dorada del cómic, Stan Lee, guionista principal de Marvel, la editorial más exitosa de ese mundo (creadora de Capitán América, Iron Man y Los 4 Fantásticos, entre otros), recibió un encargo, que después dibujó Steve Ditko. De esa dupla artística nació el personaje con el traje y personalidad con el que atravesó los años, los cambios de dibujantes y sus habilidades características: poder de curación, fuerza, reflejos, adhesión de su cuerpo a diferentes superficies y capacidad de anticipar los problemas, sumada a la brillantez mental de Parker.

»Se me ocurrió un superhéroe con poderes extraordinarios, pero en un contexto cotidiano, con los problemas de adaptación e identidad de cualquier adolescente promedio de este país. Aún no tenía muy claro su nombre de guerra, hasta que Steve Ditko me sugirió una araña. La araña, que causa repulsión a mucha gente, es un insecto admirable. Una y otra vez se enfrenta con el reto de tejer su tela aunque la dañe el viento o la lluvia. A pesar de las adversidades, la araña nunca se rinde. Entonces nació Spider-man, un chico como vos y yo, que nunca se rinde por más que lo golpee la vida», contó Lee, su creador.

El 10 de agosto de 1962 Spider-Man (tal su nombre original) fue publicado en el número 15 de la revista Amazing Fantasy, que tuvo muy buenas ventas. La carrera del superhéroe tomaba forma: ya en los ’70, el álter ego de Peter Parker compartió en otra revista aventuras con otros superhéroes de Marvel, y en 1976 comenzó su segunda publicación como único protagonista. Luego pasaría del papel a la pantalla chica. Entre 1967 y 2012 fue el protagonista de ocho series animadas, durante las que aparecieron sus novias -la siempre atractiva Mary Jane Watson y Gwen Stacy, otra de sus parejas ya fallecida, y sus sucesivos enemigos, Venos, Duende Verde, Octopus y Electro, entre otros.

Su primera película llegó recién en 2002 y llevó sólo el nombre del superhéroe como título. El veinteañero estadounidense Tobey Maguire –amante de las arañas- fue quien se vistió de rojo y azul para encabezar ese filme junto con Kate Winslet; la película recaudó U$S 821 millones y que lo marcó el resto de su carrera. »Sé que algunas personas pensaban que no era lo suficientemente emocionante para este tipo de papel. Pero es un personaje que yo sabía que podía lograr sin decepcionar. Peter Parker no es un héroe de acción típica, es probablemente el que más tiene los pies en la tierra, el mejor elaborado de las figuras del cómic», contó Maguire sobre su experiencia, para la que se preparó con una dura rutina de entrenamiento. La segunda de esa trilogía, de 2004, recaudó algunos millones menos, con el doctor Octopus como villano, y la tercera y última (2007) dio el golpe: con U$S 890 millones, se ubicó en el puesto 13° de las películas más taquilleras de la historia cinematográfica. En esta pieza, de 2007, el dibujante Lee hizo un cameo, como en muchas otras películas de Marvel, y aparece junto a Parker.

Más allá del paso del tiempo, los fans del álter ego del científico no se resignan a soltar a su héroe. Semanas atrás, un comprador anónimo consiguió el número 328 de la primera revista que publicó a Spider-man por 657 mil dólares. Esa portada, que muestra al Increíble Hulk sufrir los embates de sus poderes, destronó a Batman como reliquia del cómic. Por otro lado, la industria de los videojuegos también lo adoptó como personaje recurrente. Desde SEGA y Super Nintendo hasta la Play Station 3 y XboX tuvieron sus versiones para treparse junto a él. Broadway –y su fábrica de musicales– también quiso ser parte del fenómeno y nada menos con la dirección y música de Bono y The Edge, líderes de U2, tuvo su obra teatral en 2011, que tuvo 65 millones de dólares de inversión (fue la más cara de la historia de Nueva York) y no cosechó buenos comentarios de la crítica, pero fue vista por 600 mil personas. »Le pusimos toda la energía del mito arácnido y la elasticidad de sus personajes, con algo de punk rock y ópera», contó The Edge sobre aquella aventura. Más allá de los formatos, las mujeres y villanos que pasaron a su lado, Spider-man sigue intacto. En palabras de Ditko: »Aunque lo convertimos en zombie, lo llevamos al espacio a luchar con los Vengadores e incluso estuvo al borde de la desaparición producto de una pasajera crisis creativa, nunca perdió su esencia. Ése es el secreto de su éxito».

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