¿El estrés engorda?

Durante mucho tiempo se tuvo el convencimiento de que el estrés producía adelgazamientos bruscos y dificultaba el aumento de peso. Sin embargo, investigaciones recientes llegaron a la conclusión de que el estrés crónico es una de las causas del sobrepeso y la obesidad.

¿Entonces podemos pensar que los conceptos anteriores que lo vinculaban con la pérdida de peso eran erróneos? La respuesta es que, aunque resulte contradictorio, el estrés puede llevar a perder peso y también a aumentarlo de acuerdo a su tipo.

El estrés que lleva a la pérdida de peso es aquel que surge repentinamente como consecuencia de situaciones que nos desbordan física y emocionalmente produciendo fuertes tensiones, por ejemplo, nerviosismo, angustia, rabia o preocupación.

Estas emociones intensas suelen causar pérdida del apetito o problemas digestivos que impiden la asimilación de los alimentos pero, por lo general, este tipo de estrés se mantiene durante un período limitado y cesan sus efectos cuando se revierte la situación que lo causaba.

El estrés que engorda

El que origina aumento de peso es el estrés crónico, es decir, aquel que se mantiene durante largo tiempo y que no ha podido ser controlado.

Investigaciones del instituto Garvan de Australia concluyeron que, ante las tensiones sostenidas, el cerebro segrega un neuropéptido (Y2) que se encuentra en los adipocitos (células de grasa) produciendo un aumento de su tamaño y una multiplicación de las mismas, lo cual aumenta la cantidad de tejido graso en el organismo.

Esto explica por qué muchas personas no logran perder peso y hasta pueden aumentarlo pese a consumir pocos alimentos o aun llevando estrictas dietas hipocalóricas.

Este descubrimiento es muy alentador porque aporta una herramienta más para tratar de revertir la obesidad. Lo que aún queda pendiente es cómo se puede controlar el estrés para evitar los daños que causa a la salud.

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