Crisis

Vamos a encontrar diferentes tipos, como por ejemplo: casarse es una de las crisis normales evolutivas, como el primer hijo, el segundo, la adolescencia, las separaciones, convertirse en abuelos, etcétera. Todas estas son crisis normales que, de acuerdo a nuestra flexibilidad, vamos a superarlas o no. Muchos quedan atascados en una etapa evolutiva y no logran avanzar.

Existen también las crisis estructurales, que son cuando las genera la misma persona; cuando uno exacerba sus propios conflictos hace que adonde vayamos llevemos los problemas. Debemos ser investigadores privados de nuestro mundo interno para poder resolver esas crisis y quizá descubrir que no son tales.

Las situaciones inesperadas o que llegan por accidente, en cambio, son un poco más conflictivas (quedarse sin trabajo, un caño roto en nuestra casa o una enfermedad) y nos generan un shock muy grande.

Pero a quienes les suceden seguido, generalmente buscan culpables externos. Es por eso que cuanto más flexibilidad y más red afectiva tengamos, más fácilmente vamos a superarlas –en vez de quedar atascados en la ansiedad–.

Si una persona enfoca en un punto negro durante varios minutos, cuando levante la vista lo va a ver en cada lugar adonde lleve la mirada. Los griegos decían que no son las cosas las que nos enferman sino la imagen que tenemos de las cosas.

Columna publicada en Tiempo Argentino

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