Creencias populares: No sos argentino si no conoces estas

Especialmente en las zonas urbanas con importantes conjuntos de población deestratos medios, es común ver que una misma persona tenga una estatuilla de San La Muerte, otra del Gauchito Gil, de la Virgen y use una herradura para “llamar” la suerte, una ristra de ajos, una maceta de trébol de cuatro hojas etc. como elementos apotropaicos (“alejadores del mal”).

Pero como argentinos no podemos dejar de conocer el origen o trasfondo de las creencias y mitos más divulgados del país, y que conforman la tradición de los sectores populares. Estas son algunas de las más conocidas y las características:

Primero que nada hay que entender que en Argentina las creencias más famosas tienen origen criollo-gauchesco, pues también existen las de origen mapuche, quechua y avá.

    Gauchito Gil

El Gauchito Gil es una figura religiosa, objeto de devoción popular en la Argentina de origen criolla y gauchesca. Su fundamento histórico está en la persona del gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, de quien se sabe poco con certeza. No está comprendido dentro de la liturgia católica.

Nació en Pay Ubre, cerca de Mercedes, en la provincia de Corrientes, alrededor de 1840 y fue asesinado el 8 de enero de 1878 a unos 8 kilómetros de Mercedes.

Antonio Gil fue un gaucho trabajador rural, adorador de “San La Muerte”, que tuvo un romance con una viuda adinerada. Esto le hizo ganar el odio de los hermanos de la viuda y del jefe de la policía local, quien había cortejado a esa misma mujer. Dado el peligro, Gil dejó el área y se alistó para pelear en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) contra Paraguay. Luego de regresar, fue reclutado por el Partido Autonomista para pelear en la guerra civil correntina contra el opositor Partido Liberal, pero desertó. Dado que la deserción era delito, fue capturado, colgado de su pie en un árbol de espinillo, y muerto por un corte en la garganta. Gil le dijo a su verdugo que debería rezar en nombre de Gil por la vida de su hijo, quien estaba muy enfermo; el verdugo así lo hizo y su hijo sanó milagrosamente. Él le dio al cuerpo de Gil un entierro apropiado, y las personas que se enteraron del milagro construyeron un santuario, que creció hasta hoy.

Se toma la tradición de envolver con banderas rojas o pintar de rojo los santuarios de veneración al Gauchito Gil, dado que es el color que caracteriza al Partido Autonomista en la Provincia de Corrientes.

Actualmente la historia se ha difundido fuera de la provincia de Corrientes llegando a varias provincias argentinas. Es común ver en rutas y caminos rurales santuarios o pequeños cultos caracterizados por banderas o harapos de color rojo.

    Luz mala

La luz mala es uno de los mitos más famosos de los folclores de Argentina y Uruguay. Algunos le decían la leyenda de la luz buena, también conocida como el fantasma dentro del farol. Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil, desplazarse, o en algunos relatos, perseguir a gran velocidad a alguien. Muchas veces aparece a una distancia cercana al horizonte.

El mito tiene su origen en el fenómeno real del fuego fatuo, una fosforescencia producida por la descomposición de materias orgánicas sobre el suelo o enterradas a poca profundidad.

También puede ser el reflejo de la luz de la Luna en los huesos de vacas muertas en el campo. Al reflejarse en el medio de la noche produce un efecto de luz que es interpretado por la gente de los alrededores como algo místico, que termina siendo refutado al llegar al lugar de la luz.

    Llorona

La Llorona es un espectro del folclore hispanoamericano que, según la tradición oral, se presenta como el alma en pena de una mujer que asesinó o perdió a sus hijos, busca a estos en vano y asusta con su llanto a quienes la ven u oyen. Si bien la leyenda cuenta con muchas variantes, los hechos principales son siempre los mismos.

En Argentina se dice que La Llorona era una mujer que mató a sus hijos arrojándolos a un río, por lo que se suicidó a causa del sentimiento de culpa. Se la describe como una mujer alta y estilizada vestida de blanco, a quien no es posible verle la cara y, en algunas ocasiones, tampoco los pies, de modo que parece que flota en el aire. Se aparece por los caminos emitiendo estremecedores lamentos que enloquecen incluso a los perros. En algunos relatos cumple la función de espíritu vengador al subirse a los caballos de los trasnochadores y matarlos de un helado abrazo mortal.

Es considerada un espíritu de malos presagios. Puede causar enfermedades a las personas, empeorar la condición de quienes ya están enfermos o traer desgracias a los seres queridos. En otros relatos se presenta como una mujer inofensiva que necesita consuelo y ayuda, por lo que despierta la piedad de la víctima, pero, cuando esta se acerca a consolarla, le roba todas sus pertenencias.

En la ciudad de Marcos Juárez, provincia de Córdoba, se solían escuchar llantos que se decía que provenían de la Llorona. Sin embargo, resultaba que venían de algunos bromistas que, usando grabadoras y otras herramientas tecnológicas, asustaban a los vecinos de la ciudad. No solo ocurrió en Marcos Juárez, sino también en pueblos aledaños como Leones.

Es un mito que ha perdido fuerza y valor oral, hace muy pocos años era común escuchar hablar de este espectro, muchos vecinos dicen haberla visto en el cementerio municipal, lugar mítico del departamento que reúne también otras historias similares.

    Salamanca

La Salamanca es un lugar legendario que aparece en numerosas leyendas hispanoamericanas. Se trata de un antro donde brujas y demonios celebran sus aquelarres. En el origen de esta tradición confluyen la leyenda española de la Cueva de Salamanca.

Según la versión de los santiagueños, y otras zonas del norte de la Argentina, la Salamanca como producto del mestizaje cultural es un espacio destinado a la enseñanza y al intercambio de conocimientos ubicado en una cueva o en el monte, allí el iniciado aprende el arte que le interesa (domar, bailar, tocar la guitarra, curar, maleficiar y demás) siguiendo las lecciones del Supay (el demonio). La tradición cuenta que si alguien escucha la música de la Salamanca, caerá en una vida de terror , a menos que se trate de una persona de buena fe o tenga un rosario entre sus manos para no caer en la tentación del Supay.

Muchos aseguran que a la Salamanca concurren a hacer pactos con el diablo diversos artistas que quieren utilizar al máximo sus dotes. Esto también implica un “descanso” repleto de sufrimiento.

Personas que viven alejadas de los centros en campos desolados, aseguran que existen.

    Empacho

Empacho es una palabra utilizada en la Argentina y otros países (especialmente del Cono Sur) para designar una severa indigestión, que puede incluir distintos síntomas, como dolores abdominales, náuseas, vómitos, diarrea, cefalea (dolor de cabeza), inapetencia (falta de apetito), palidez y la “lengua blanca” (con saburra).

Casi siempre la afección popularmente llamada «empacho» es un síndrome que se debe a una dispepsia nerviosa y ésta por su parte a un estrés nervioso negativo o distrés.

Se cree popularmente que el empacho no se cura con la medicina tradicional, sino que sólo la pueden realizar los curanderos y especialmente curanderas mediante distintos métodos. Aunque se trate de una pseudomedicina, se estima que 7 de cada 10 argentinos creen que el empacho se cura “tirando el cuerito”.

-Metodos de cura

Los siguientes métodos son de uso común en Argentina. Si bien no tienen ninguna base lógica ni empírica, se incluye este listado a modo de referencia para ilustrar una práctica extendida:

1- “Medir el empacho”. Para “medir” la importancia del empacho se utiliza una cinta, o una “piola” con la cual se miden tres codos (literalmente la extensión entre la mano y el codo de la persona “sanadora”) desde la punta de la cinta y se dobla en donde están los tres codos. Después se coloca la punta doblada en la boca del estómago y se vuelve a medir los tres codos. Este procedimiento se repite tres veces, hasta que no haya diferencias.
La cinta se acorta cuando el paciente está “empachado”. Luego de cada una de las mediciones se señala con la mano una cruz en la boca del estómago del “empachado” o la “empachada”. Este ritual se repite hasta tres días, dependiendo de la gravedad medida del empacho. Hay personas que sólo necesitan una sola curación.

En lugar de una cinta también se puede realizar con una corbata u otro objeto similar.

2- “Tirar el cuerito”. Se acuesta al paciente boca abajo y el curandero le tira la piel que recubre la columna vertebral, utilizando sus dedos (según los médicos, especialmente los acupunturistas al tirar la piel (“tirar el cuerito” se dice popularmente) se logran activar nervios que facilitan la motilidad gastrointestinal.

3- Curar “a palabra”. Se le entrega al curandero el nombre del enfermo y él, con ese único dato, hace desaparecer el empacho.
Los dos primeros procedimientos se realizan mientras el curandero reza una oración en voz baja.

Aunque para la cura del «empacho» se suele requerir de «curanderos», es muy frecuente en áreas rurales y semirurales donde predominan las costumbres tradicionales que la cura del “empacho” solo se requiera la participación de mujeres (muchas de ellas amas de casa) que conocen tal práctica y que a la medianoche de año nuevo han sido instruidas en esta praxis antes y luego de rezar un Padre Nuestro.

    El Mandinga

Mandinga es el nombre que recibe la representación del diablo en algunas regiones de Sudamérica, al aparecer como un ser humano normal o casi normal, con la intención de presentarse una apariencia más amigable. De esta manera, según el mito, podría lograr tentar más fácilmente a las personas. A pesar de ello la creencia afirma, también, que al alejarse deja un característico olor a azufre, que denota su presencia.

En Argentina al diablo también se le llama “Mandinga”, y se lo representa de color y vestiduras totalmente negros. Utilizado como adjetivo, “mandinga” se origina en el apelativo que se aplicaba a los hombres negros del oeste de Sudán. Puede ser que el término haya sido introducido en el Río de la Plata por los traficantes de esclavos, antes de que la Asamblea del Año XIII comenzara a abolir la esclavitud.

    Mal de Ojo

El mal de ojo, es una creencia supersticiosa según la cual una persona tiene la capacidad de producir mal a otra persona sólo con mirarla, producido por la “envidia” o la admiración excesiva. De la persona afectada se dice que “está ojeada, o que le echaron mal de ojo, o el ojo encima”. La creencia está extendida universalmente a través de muchos pueblos.

Para curar el mal de ojo existen varios métodos y se suelen usar amuletos de protección.

Los síntomas del aojamiento en la cultura popular son los de un cansancio, infecciones oculares severas, adormecimiento o pesadez, que termina enfermando gravemente a su víctima e incluso llegar a la muerte. Puede darse también una tristeza profunda y ganas de llorar, y en este caso se habla de “Aliacán”. De la misma manera, se puede sospechar el mal de ojo, si algún objeto favorito o querido de la “víctima” sufre algún daño inesperado, sin causa previa específica o si el daño surge “de la nada”.

Muchos mitos y creencias hayan perdido fuerza con el paso del tiempo, el mal de ojo es una de las pocas que continúa siendo una creencia fuerte entre las personas.

Verdad o no, cada una de estas creencias forman la identidad de una sociedad y de la nación. ¿Conocés alguna otra?

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