Vicentin y la Soberanía alimentaria – para consolidar un debate por Diego Montón

por Diego Montón

El anuncio de la intervención y posterior expropiación del grupo Vicentin como parte de las acciones del gobierno nacional avanzando en la vía de la Soberanía Alimentaria, marca un paso necesario y estratégico en el desarrollo de nuestro país, para afrontar el escenario excepcional, combinado por la pandemia y la crisis en que nos sumergió Macri.

El anuncio de la medida generó, como era de esperar  una ola de rechazo de los voceros de Juntos por el Cambio, que una vez más asume la representación de los sectores acomodados y concentrados de la economía argentina, los únicos que se beneficiaron (como Vicentin) durante su gobierno.

En este caso, estando Macri como presidente,  el Banco Nación  entregó de manera irregular en forma de  préstamos a Vicentin  18.182 millones de pesos.  Además Vicentin aportó 27 millones de pesos a las campañas de Mauricio Macri, lo que le quita mucha seriedad al accionar de Juntos por el Cambio yendo a la justicia para intentar impedir la intervención.

El concepto de «soberanía alimentaria» fue lanzado en 1996 en el Foro de la Organización de la Sociedad Civil de Roma por la Vía Campesina, un movimiento internacional conformado por 182 organizaciones de familias  campesinas y agricultoras familiares con presencia en 81 países. La declaración final de ese foro -«Beneficio para pocos o comida para todos»- se presentó en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en ese mismo año.

La soberanía alimentaria es un concepto dinámico que expresa, fundamentalmente, la propuesta política de los movimientos populares para enfrentar el hambre y sus consecuencias. Comprende el derecho de los pueblos a una alimentación saludable y nutritiva, adecuada culturalmente, en base a alimentos producidos de forma ecológica y sustentable, así como el derecho a decidir su propio sistema agroalimentario, priorizando la participación y las necesidades de quienes producen, distribuyen y consumen, por sobre los intereses de las empresas y de los mercados.

En la Declaración Internacional de los Derechos Campesinos se hace hincapié en la soberanía alimentaria, asociada a los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas para 2030. «En su artículo 15 establece que los Estados, en asociación con los campesinos y con otras personas que trabajan en las zonas rurales, formularán políticas públicas a nivel local, nacional, regional e internacional para promover y proteger el derecho a una alimentación adecuada, la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria, así como sistemas alimentarios sostenibles y equitativos.

En  nuestro país cerca de un cuarto de la población padece inseguridad alimentaria, pero, además del hambre, crece la obesidad  y la malnutrición. Solo el 6% de los argentinos come  la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud de verduras y de frutas. Mas del 70 % de las hortalizasanalizadas por el SENASA presentan   contaminación con agroquímicos. Así que, no se trata solo de productividad, sino de quién y cómo produce, y de quiénes y cómo acceden a los alimentos, así como el cuestionamiento sobre qué es un alimento saludable.

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Actualmente no  hay soberanía alimentaria porque la tierra, la agroindustria y el comercio están fuertemente concentrados, hay una situación oligopólica que atenta contra una democratización de esos bienes. Las brechas entre la retribución que obtiene el productor y el precio en la góndola de los alimentos han llegado a extremos del 500%. El propio Estado tiene dificultades para comprar alimentos en un país que tiene las condiciones para alimentar una población 10 veces mayor a la actual, esto deja en evidencia que  el pueblo no es soberano sobre su sistema agroalimentario, por eso desde las organizaciones campesinas sostenemos que no tenemos soberanía alimentaria en la Argentina.

El mercado externo determina stocks y precios de productos esenciales en el mercado interno. La soberanía alimentaria requiere un comercio exterior regulado en torno de la prioridad del abastecimiento de alimentos de calidad para toda la población. El sector cooperativo y las pymes agropecuarias son actores importantes para el desarrollo y en gran medida están integradas por agricultores familiares. En el Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular pudimos encontrar muchos puntos en común y de agenda compartida con el movimiento cooperativo. .

Consideramos y esperamos que superando la pandemia, rápidamente surja una agenda de desarrollo con la participación de las organizaciones campesinas que establezca financiamiento concreto para el desarrollo de agroindustrias locales dirigida a  la agricultura familiar, campesina e indígena  y así abastecer con valor agregado a los mercados de cercanía y a los programas del Estado. En ese sentido, muchas organizaciones del sector agropecuario venimos trabajando para ser protagonistas del Plan Argentina Sin Hambre.

La Soberanía Alimentaria requiere que las políticas públicas pongan en el centro de la escena a la agricultura familiar y campesina y a los consumidores de manera de garantizar alimentos saludables y a precios Justo. Entre los principales lineamientos  para esas políticas  podemos sintetizar:

-El acceso del campesinado  y familias agricultoras a los recursos esenciales, tierra, agua de riego, semillas y tecnología apropiada. La Declaración de las Naciones unidas sobre  Derechos Campesinos y otras personas que viven en áreas rurales   establece en su articulo 17: “los Estados adoptarán medidas apropiadas para llevar a cabo reformas agrarias a fin de facilitar un acceso amplio y equitativo a la tierra y a otros recursos naturales necesarios para que los campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales puedan disfrutar de condiciones de vida adecuadas, y para limitar la concentración y el control excesivos de la tierra, teniendo en cuenta su función social.”

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-El Desarrollo de la  agroecología: La sustitución de los agrotóxicos  por dinámicas ecológicas, uso de bio insumos, conservación de la biologia y estructura de los suelos, diversidad biológica y de cultivos, etc.
-La protección y desarrollo del mercado local, promoviendo mercados de cercanía y garantizando una política de precios acordes a los costos de producción para garantizar el nivel de vida adecuado de los productores y el acceso a los alimentos de los consumidores.

-La participación del campesinado en la construcción e implementación de las políticas agrarias, así como de los consumidores y la población en general en la elaboración de las políticas de acceso y comercio de los alimentos

-El límite al tamaño máximo de la propiedad y posesión de la tierra; y garantizar el principio del provecho de toda sociedad sobre los bienes de la naturaleza, agua, y biodiversidad.

-La reformulación  del papel del Estado para que él ordene el proceso de soberanía alimentaria, garantizando su producción y distribución en todas las regiones del país. Control directo del gobierno sobre el comercio exterior (importación/exportación) de alimentos y sobre las tasas de interés y de cambio. El desarrollo de  un amplio programa de pequeñas y medianas agroindustrias instaladas en todos los municipios del país, en la forma de cooperativa.

-Asegurar  stocks reguladores de alimentos saludables, por parte del estado, para garantizar el acceso a toda la población.

-La Garantía sobre el libre uso, conocimiento y mejoramiento de las semillas de parte de toda la población y especialmente de las familias campesinas, la biodiversidad y la diversidad de especies y variedades.

Argentina tiene las condiciones naturales excepcionales, organizaciones campesinas, de agricultura familiar, pymes y un sector cooperativo que confluyen en el Foro Agrario con vocación unitaria y pro-positiva,  y ahora un gobierno que asume el compromiso, en primer lugar con el Plan Argentina contra el Hambre, y ahora  con la afirmación de ir hacia la Soberanía Alimentaria. Es un tema prioritario y estratégico que todos y todas debemos acompañar e impulsar.

Diego Montón

MNCI Somos Tierra

 

Artículo aparecido originalmente en «La Arriera» Digital

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