Teatro nacional: Había una vez… un país que no sabía crecer

– Acto 2:
Gran parte de la opinión pública se une a los ruralistas. Sube el tenor de las críticas. El tilde de soberbia ya se queda corto. La Presidenta se arregla un poco el peinado y manda el proyecto de retenciones al Congreso. Sigue en su sillón en el centro de la escena. Imperturbable.

– Acto 3:
Aparece Cobos sacándose telarañas de encima pues lo habían encerrado en el sótano de la Casa Rosada. Un cartelito colgado de su cuello indica que es el vicepresidente de los argentinos. Le da un revés a su propio gobierno al votar en contra de las retenciones.
Cristina sale echando chispas del escenario. Una chispa enciende el telón y los diarios titulan: “Un país en llamas”.

– Acto 4:
Entra Cobos al escenario. Ovación total: ocupa el sillón abandonado, en el centro de la escena.

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– Acto 5:
Ruralistas y argentinos varios (con banderitas): ¡Cobos amigo, la patria está contigo!
Del otro lado: ¡Cobos traidor, el diablo es mejor!

– Acto 6:
Consumidores varios piden al gobierno que baje la inflación. Maestros hacen paro y todos piden aumentos de sueldo.
La Presidenta, peinada de nuevo, se acerca a la orilla del escenario y declama: ¿Cómo, inflación? ¡Pero si el caviar me salió lo mismo esta semana que el mes pasado!
Vuelan verduras varias desde los espectadores.

– Acto 7:
El gobierno sale a buscar financiamiento a los países “amigos”. Todos le dan un portazo en la cara. Del fondo de escena entra un Chávez con cartelito precario que dice: “Presto plata… pero salgo caro”.

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– Acto 8:
La gente comienza a gastar menos, las empresas a invertir menos, los turistas a viajar menos… y así sucesivamente. La Presidenta, que a esta altura se ha comprado una burbuja para ya no despeinarse más, piensa: “Qué bueno… mi pueblo está aprendiendo la importancia del ahorro!”.

– Acto 9:
La gente, que compró entradas para ver la obra se da cuenta que ha pagado para volver a ver lo de siempre: ¿Hasta cuándo tendremos guiones mediocres en este país?, decía una señora a la salida del teatro. Otros simplemente se retiran cabizbajos rompiendo los tickets y rogando a Dios que alguien ilumine al guionista para que alguna vez la Argentina tenga un final feliz

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