“No cambiar el rumbo”

 

Por Camila Matrero para Pagina12

El debate industrial ha sido eje central de la confrontación entre los distintos modelos de país. ¿Granero del mundo? ¿País industrialista? ¿Cueva periférica de la especulación financiera? Estos interrogantes dirimieron las pujas de poder desde la colonia. Cash dialogó con el presidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren.

En los debates políticos actuales, ¿observa intentos de volver al sistema de valorización financiera?

–Creo que hay que cuidarse de los intereses económicos, que hoy están representados por economistas mediáticos, porque los debates no son neutros, hay enormes intereses en juego detrás del régimen de valorización financiera. En los ’90 hubo sectores a los que les fue muy bien. Ahora, cuando se apoya la valorización productiva, estos intereses quedan afectados. El Estado, gracias a que produce y genera riquezas y que no se endeuda, empieza el equilibrio, los superávit gemelos y la sustitución de importaciones con trabajo nacional. Además, desde que el mundo es mundo, la lucha está por dónde se agrega el valor. El país que agrega valor es el que paga altos salarios, el que desarrolla la ciencia y la tecnología. Este proyecto virtuoso de crecimiento con agregado de valor, con desendeudamiento, está afectando intereses y nos trae adversarios.

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Usted declaró que el proyecto de país con Biolcati los diferenciaba. ¿Cuál es el modelo de la UIA?

–El modelo de país de la UIA es un modelo de desarrollo nacional con integración, no solamente social sino territorial, donde no existe la dicotomía Campo-Industria. La Argentina es demasiado grande como para vivir sólo del campo y es prácticamente imposible encarar el desarrollo de integración nacional sin las divisas del campo. Cada vez que hubo ese enfrentamiento predominó la valorización financiera y nos terminó fundiendo a los dos. La crisis del 2001 terminó con 15 millones de hectáreas hipotecadas y 230 mil productores quebrados. No solamente quebró la industria; también quebró al campo.

¿Cuáles son los cambios que tiene que dar la Argentina para convertirse en un país industrial pleno?

–Hay que continuar cambiando la matriz productiva. En los ’60, Argentina y Brasil tenían el mismo Producto Bruto. Los dos tuvieron un plan de desarrollo. Brasil nunca más lo abandonó, y en la Argentina el proceso se interrumpió con Martínez de Hoz y con la convertibilidad. La historia de la industria brasileña ya se extiende por más de cincuenta años, pudieron desarrollar su músculo productivo, mientras que nosotros recién hace ocho años que estamos otra vez empezando un proceso de industrialización. Lo más importante es no cambiar el rumbo.

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¿Es posible un intenso desarrollo industrial sin una activa participación del Estado en la economía?

–No. Para encarar un proyecto de desarrollo el campo nacional tiene que estar unido. El Gobierno y los trabajadores son mis socios. En la medida en que este bloque permanezca unido tenemos el éxito garantizado. Soy muy optimista con la Argentina de los próximos años. Poseemos una industria que creció más del 108 por ciento desde la crisis, generando más de 500 mil nuevos empleos formales. Estamos ante un cambio de época. Quiero irme de la UIA dejando jóvenes dirigentes industriales comprometidos, que entiendan cuál es el modelo industrial, que aprendan de nuestros errores, que tienen que defender este proyecto de desarrollo

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