MALVINAS, Krypto AG y otros deslices de la comunidad de Inteligencia latinoamericana

Malvinas, Krypto AG y otros deslices de la Comunidad de Inteligencia latinoamericana

por Jorge Orduna

 

La CIA descifraba las comunicaciones encriptadas de un centenar de países gracias a la compra, en secreto, de la empresa suiza que producía las máquinas de cifrado. Estas máquinas fueron consideradas seguras por los servicios de inteligencia latinoamericanos, que creyeron el mito de la confiabilidad suiza e ignoraban la compra de la compañía. Mientras EE.UU. mantenía públicamente una imagen de neutralidad en el conflicto de Malvinas, en secreto el presidente norteamericano alentaba a Margaret Thatcher a “seguir adelante”, y el secretario de Estado, Alexander Haig, escribía: “Nosotros tendremos, por supuesto, mayores posibilidades de influir sobre el comportamiento argentino, si aparecemos ante ellos como no favoreciendo a ninguno de los dos lados”. En esto los argentinos no fueron ingenuos: el préstamo estadounidense de sus instalaciones en la isla de Asención a Gran Bretaña era más que suficiente para descreer de la imparcialidad norteamericana.


Pero, además de apoyar a Gran Bretaña, EE.UU. seguía las comunicaciones internas de los militares argentinos durante la guerra. La inteligencia argentina tenía, o debió haber tenido, elementos para sospechar que las máquinas de cifrar, un elemento esencial en una guerra, no eran seguras. De hecho, hacía ya siete años que un desertor de la CIA, Philip Agee, quien había estado destinado muchos años en Uruguay y Ecuador, había publicado un libro de muchísima difusión (“Inside the Company: CIA Diary”). El libro fue traducido al castellano en varias ediciones, oficiales y clandestinas, y los servicios argentinos debieron haberlo conocido.

Allí, lo que sólo ahora se ha podido conocer con certeza por documento desclasificados, era ya anticipado por el autor en los capítulos referidos a su permanencia en Uruguay. En su libro, Agee, quien entonces no parece al tanto de la compra de la empresa por la CIA, sí mencionaba las máquinas suizas de encriptar y describía su funcionamiento y la posibilidad que tenían los servicios estadounidenses de interceptar y descifrar lo que con ellas se escribía.

Pero la Comunidad de Inteligencia latinoamericana no creyó que pudiera ser verdad. Como suele suceder en los espíritus pobres, el encono contra el autor llevó a negar de antemano toda veracidad a lo que relataba.
Así, la inteligencia argentina no detuvo el uso de las máquinas Hagelin, y desarrolló la guerra sin saber que las comunicaciones eran interceptadas por los estadounidenses que compartían esa información con Gran Bretaña. Según la prensa suiza, el resultado de la intercepción de las Crypto AG era compartido por los EE.UU. con los servicios de Gran Bretaña, Alemania Occidental e Israel.

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Las investigaciones de medios Suizos y Alemanes, y del estadounidense Washington Post, muestran que los espías argentinos no solamente eran espiados por EE.UU. y Alemania, sino que el dinero con que compraron esas máquinas pasaba a alimentar las cajas de la CIA y la BND. El gobierno suizo conocía la situación; de hecho, la prensa helvética, además de señalar que “nuestra reputación está hecha trizas” y “nuestra neutralidad es una hipocresía”, subraya que “el suizo fue uno de los pocos países que no compró las máquinas Crypto alteradas por la CIA”; justamente, porque el gobierno suizo estaba al tanto. En un artículo anterior señalamos que ni Rusia ni China compraron las máquinas de Hagelin, por desconfianza; tampoco la compraron Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, porque, por supuesto, estaban en el ajo.

Tanto confiaban los espías argentinos en estos aparatos, que fue un oficial argentino, en el marco del Plan Cóndor, quien instaló los mismos en el Ministerio de Defensa ecuatoriano.

La operación de la CIA para interceptar las comunicaciones secretas de la inteligencia latinoamericana tuvo por nombre en código, inicialmente “Operación Thesaurus”, que luego cambió a “Rubicon”, siendo la palabra clave para designar a las encriptadoras suizas, “Minerva”. Un nombre definitivamente poco difícil de descifrar, puesto que en cualquier enciclopedia de la época se podía encontrar que Minerva, además de ser la diosa de la sabiduría y la estrategia militar, era también el nombre de una conocida máquina de escribir italiana.


Entre los clientes de la empresa suiza estuvieron México, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Venezuela, y Nicaragua. El uso en estos países de esas máquinas, durante décadas, colocó a la CIA en situación de monitorear: el golpe militar de 1973 en Chile; el golpe militar de 1976 en Argentina y toda actividad cifrada ligada a la represión; el asesinato del opositor a Pinochet Orlando Letelier y su secretaria Ronni Moffitt, en Whashington, en 1976; el atentado terrorista contra el vuelo 455 de Cubana que costó la vida a 73 personas en 1976; la revolución sandinista; las actividades de los Contras en Nicaragua que los militares argentinos apoyaron de manera encubierta; la guerra de Malvinas…

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Todo esto mientras ella, la Inteligencia Latinoamericana, al parecer, dormía. Pero no dormía; por el contrario, estaba muy ocupada; como lo está hasta el día de hoy, espiando ilegalmente a sus propios ciudadanos, escuchando a escondidas sus conversaciones telefónicas, infiltrando organizaciones políticas legales y asociaciones civiles, monitoreando la actividad de artistas, personalidades del espectáculo, periodistas… buscando basura en la vida personal de todos, de izquierda y de derecha, escarbando para encontrar algún trapo sucio que le permitiera gritar ¡Victoria!. Algo que siempre se podrá negociar, con unos o con otros. Y todo esto con la misma inteligencia y sagacidad en el análisis que les llevó, en su momento, a llevar preso un grupo de estudiantes porque estaban estudiando con un libro de ciencias cuyo título era “La Cuba Electrolítica”. La inteligencia provincial, de pueblo chico, donde no hay nada más importante que espiar al vecino. Mientras tanto, alguien había comprado Crypto AG… y ella no lo supo.

 

 

Jorge Orduna es escritor y periodista de investigación argentino. Autor de varios libros sobre temas vinculados a la religión en América Latina, el esoterismo, las drogas, la doble  nacionalidad, las multinacionales ecologistas, antropología e historia.

1 https://mendozaopina.com/sociedad/maquinas-de-encriptar-espionaje-la-cia-y-documentos-desclasificados/

2https://nsarchive.gwu.edu/dc.html?doc=329502-19820331-letter-from-the-secretary-haig-to-lord 

3 https://www.cenae.org/uploads/8/2/7/0/82706952/la-cia-por-dentro.pdf   P. 365.

4 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51474629

5 SRF es un canal de la televisión pública suiza. https://www.srf.ch/suche?q=Krypto+AG&date=all&page=0

6 ZDF es un canal de la televisión pública alemana. En su sitio puede verse también un mapa mundial con los países que compraron las máquinas Krypto. https://www.zdf.de/nachrichten/heute-sendungen/videos/crypto-karte-100.html

7 https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/national-security/cia-crypto-encryption-machines-espionage/   El sitio posee posee también un video en el que puede verse un modelo en funcionamiento.

8 https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/chile-cyber-vault-intelligence-southern-cone/2020-02-11/cias-minerva-secret  A los cinco fundadores del Plan Condor se sumaron luego Perú, Brasil y Ecuador.

9https://mendozaopina.com/politica/informe-especial-sobre-el-espionaje-ilegal-en-argentina/ 

Las fotografías que ilustran ésta, y la primera parte de éste artículo se publican con la autorización expresa de The NSA. «These materials are reproduced from www.nsarchive.org with the permission of the National Security Archive.»  

 

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