La oposición, dominada por la lógica binaria

En el desarrollo de un ser humano es esperable, normal, cotidiano y previsible que se produzca esa evolución. Ahora bien, cuando esa lógica prepúber se reproduce en la forma de hacer política de buena parte de la oposición, la que está en problemas es, sin duda, la sociedad. Porque para los opositores nada de lo que hace el gobierno nacional es bueno y todo lo que promueve es sospechoso de ser perjudicial. Así viven, así se ofrecen hace casi diez años.

Por estos días, el tema para continuar con esta forma de enfrentar al gobierno es la ley que expropia la ex Ciccone Calcográfica. No importa cuántos argumentos hayan brindado el fiscal de la quiebra, los juristas consultados y hasta el kiosquero de la esquina sobre la inexistencia de conflictos entre la causa judicial y la expropiación.

Tampoco parece servir que haya coincidencia en que esa norma, que será sancionada esta semana en Diputados, favorecerá a la investigación judicial, porque se podrá conocer la verdadera identidad de las empresas que controlaban la imprenta. Y aunque todo eso es justo lo que los más fieros opositores reclaman sin tregua, los discursos anuncian el peor de los mundos. Se afirma, sin temor a perder la cordura, que ese proyecto de ley consagra la impunidad y favorecerá al vicepresidente Amado Boudou, causa y razón de los males, aunque en la investigación judicial su nombre no exista como imputado.

Así, macristas, peronistas disidentes, radicales, socialistas y miembros del GEN disuelven las supuestas diferencias ideológicas que tienen entre sí para emitir discursos similares, copias certificadas de esa forma de actuar. No importa si el origen es neoliberal, como los del PRO, si son fieles seguidores de Alfredo Palacios o de Hipólito Yrigoyen, de todos brotan iguales conceptos, las mismas palabras, la misma indignación. Cuando hay tanta coincidencia da para sospechar.

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El denominador común entre estos grupos opositores es la indignación permanente y exclusiva con el oficialismo kirchnerista. Luego de tantos años de mantener una misma conducta, esa indignación suena a una coartada para continuar gozando de supuestos privilegios que otorga el lanzar ácidas críticas, sospechas, maldiciones y presagios ruines a todo lo que está viviendo y respaldando buena parte del pueblo. Esa coartada da cuenta de lo cómodo que resulta ser una oposición sin compromiso porque, como dijo el poeta cubano, »desde una mesa gigante y un auto elegante, se sufre también».

Esa conducta es también una expresión de algo más profundo y serio, como lo es la casi inexistente pulsión del político de conquistar el poder (democrático) para transformar una realidad que considera injusta. El perfil político de la actual oposición dista mucho de ello y se conforma con cultivar la indignación, porque tiene sus beneficios: no se zambulle en las procelosas aguas de la transformación de una sociedad, goza de los beneficios de los cambios, pero critica sin que el sudor manche la camisa y, por si fuera poco, las fuertes corporaciones mediáticas le brindan ese halo de forzada seriedad y compromiso que necesitan para mostrarse ante sus representantes.

Estos grandes medios suelen recibir con gozo a los que abandonan el barco oficialista y les ofrecen, por un tiempo, sus altares. Lo que les falta, lo que no tienen, son los votos, pero eso en el fondo parece no importar.

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Aun así, y aunque suene paradójico, en la oposición las diferencias se expresan y, de tanto en tanto, algunos dejan de ladrarle a la luna y aceptan que hay en el otro, en este caso el que conduce el gobierno, aciertos y que es posible acompañar una ley sin que por ello se les pegue el mal de una enfermedad infectocontagiosa. Lo vivió el senador Luis Juez, que mantuvo su condición de legislador de la oposición, aun votando un proyecto como el de la expropiación de la ex Ciccone. El cordobés había presentado una iniciativa igual y por ello sintió que debía acompañar. Diferente es la actitud de los radicales que, a pesar de que el jefe de los diputados de la UCR, Ricardo Gil Lavedra, presentó un texto parecido, decidieron borrarlo y cumplir con el impuesto rol del indignado.

Todo esto para nada le habilita al Frente para la Victoria, la posibilidad de aflojar la tensión que implica llevar adelante la construcción de un modelo político. Es más, los obliga a ir mucho más allá. Por caso, qué bien le vendría a la sociedad que avancen en la modificación del sistema financiero y lo estructuren para que sirva al nuevo paradigma que se construye desde hace casi diez años. Habrá resistencias y algún complot para detenerlo, tal como ocurrió con todas las leyes fundamentales que impulsó el FPV, organización política que demuestra que la lógica binaria sólo existe en los niños y en la oposición.

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