La experiencia argentina ante un mundo en crisis

Luego del estallido de la burbuja generada por las hipotecas subprime en los Estados Unidos a fines de 2008, quedó en evidencia la fragilidad de un sistema en el que prevalece la valorización financiera por sobre la economía real. Esta crisis, que tuvo su epicentro en los países desarrollados, rápidamente fue exportada hacia el resto del mundo con el consecuente declive del comercio internacional.

Según algunos economistas, serán los países en desarrollo los que continuarán impulsando el aumento de la actividad económica mundial. En este contexto, el caso argentino ilustra una experiencia exitosa de crecimiento económico con inclusión social. Sobre ella expusimos en el Encuentro Estival del Frente de Izquierda francés (Estivales du Front de Gauche) que tuvo lugar en la Universidad Stendhal Grenoble, Saint-Martin-d’Hères, Francia, los días 24 y 25 de agosto.

Durante la década del ’90, el auge del mercado como gran asignador de recursos trajo aparejado el descrédito de la política como instancia de articulación social en pos de los denominados estados mínimos gestionados por tecnócratas al servicio de la eficiencia en el manejo de los asuntos públicos. Hoy vemos cómo los gobiernos de los países centrales –siguiendo este paradigma neoliberal– apuestan por las clásicas políticas de ajuste, de recorte del gasto público que se implementaron en la Argentina bajo la tutela de los organismos de crédito internacional a partir de la última dictadura militar y que llevaron al estallido social y político de 2001; políticas procíclicas que amplifican el impacto de la recesión, que generan un círculo vicioso de más ajuste y endeudamiento, y cuyos principales damnificados son los sectores populares.

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Desde el año 2003, nuestro país comenzó a transitar otro camino con la puesta en marcha de un modelo de crecimiento económico con inclusión y mediante un proceso de revalorización de la política como actividad que –legitimada por la voluntad popular–reordena y jerarquiza las problemáticas sociales con mayor margen de autonomía respecto de los poderes fácticos. En tal sentido, nuestro país lleva nueve años de crecimiento ininterrumpido –algo inédito en toda nuestra historia– apostando a la reindustrialización del país, la producción nacional y el trabajo argentino y atravesando, en mejores condiciones que otro estados, los efectos de la crisis internacional.

En línea con lo anterior, vemos que las protestas que se suceden en distintas latitudes, sobre todo impulsadas por los jóvenes, tales como los indignados, demuestran el agotamiento del cada vez más excluyente modelo neoliberal, que ha subordinado la política a los poderes económico y financiero y que ha disciplinado, en el caso de los países latinoamericanos, a los sectores populares mediante la desindustrialización, la fuerte concentración del ingreso y la represión. Lamentablemente, no es algo novedoso para nuestra región que ha sufrido procesos similares hace una década.

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En el encuentro realizado en Francia tuvimos la oportunidad de intercambiar opiniones y experiencias con referentes de distintos países y sectores sobre los nuevos desafíos que en este escenario mundial debemos enfrentar quienes tenemos responsabilidades públicas. El trabajo es arduo, sabemos que es más fácil –y rápido– destruir que construir alternativas de cambio, pero es un desafío que no podemos soslayar, que requiere de toda nuestras fuerzas y creatividad para dar nuevas respuestas más inclusivas a los problemas que hoy enfrentan nuestras sociedades. Este es el gran objetivo por el que seguiremos trabajando fuertemente y sin descanso.

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