La economía también es una batalla cultural

La economía está resolviendo problemas de crecimiento. Tuvimos dos años muy buenos, con tasas del orden del 9%, y esto llevó a que algunos pilares del modelo, como los superávit fiscal y comercial, se angostaran, pero mucho menos de lo que el país necesita para seguir creciendo en un mundo complejo», dice Roberto Feletti. Su visión subraya que ninguno de los escenarios que planteaban los gurúes de la economía se cumplió. »El país pagó un vencimiento muy fuerte, como el Boden 2012. En poco tiempo más pagará otro muy pesado, como el cupón del PBI», agrega el ex viceministro de Economía y actual presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados. El dato no es menor en un mundo en crisis. El análisis subraya que »el Gobierno Nacional no tomó el rumbo que pedían los sectores concentrados»: tomar deuda, recomponer los superávit gemelos, incrementar las reservas y financiar la cuenta corriente en el mercado de capitales. Tampoco la segunda de las opciones: una devaluación abrupta que contrajera el nivel de las importaciones y el consumo. Variante ortodoxa que, con matices, adoptó Brasil en los últimos meses.

–Revisemos la política aplicada…
–A lo que se suele llamar flotación cambiaria administrada le agregamos una administración cualitativa de la cuenta corriente. No abrimos la cuenta de capital, ni el mercado a los flujos de corto plazo. Tampoco tomamos deuda para financiar al sector público. Mucho menos optamos por una devaluación brusca.
–La decisión de administrar el comercio exterior y restringir el giro de divisas al exterior generó muchas quejas en algunos sectores del empresariado…
–No hay razones para las quejas. Las necesidades de importación son analizadas caso por caso y, si están justificadas, se aprueban. En cuanto al giro de divisas, lo que se hizo es restringir la salida de utilidades y dividendos.
–También se restringió el acceso al mercado cambiario…
–La única restricción está relacionada con la demanda de dólares para atesoramiento. Una medida lógica en el actual contexto.
–Van unos seis meses de aplicación de esa política. ¿Cómo evalúa los resultados?
–Los hechos demuestran que la estrategia es exitosa. En primer lugar, afrontamos un pago de deuda potente sin alterar en forma drástica el nivel de reservas. Por el lado de las importaciones hubo una contracción del orden del 3,8 por ciento en el primer cuatrimestre con relación al mismo período del año pasado…
–Hay una caída fuerte en la importación de bienes de capital…
–Es cierto, pero se relacionada más con decisiones empresarias que con la política aplicada.
–En los últimos días se difundieron dos índices claves: el industrial y el de la construcción. Ambos dieron para abajo.
–La caída en la actividad industrial se focaliza, casi exclusivamente, en el sector automotor. Sin embargo, y éste es un dato importante, no se vieron afectadas las metalmecánicas, muy vinculadas a las terminales…
–¿Cómo lo explica?
–Porque existe un mercado interno que está demandando. El caso de los automotrices es diferente. Están muy asociadas a lo que ocurre en Brasil. Que las metalmecánicas no hayan caído confirma que hay una dinámica interna que funciona.
–¿Y la construcción? Van tres meses de bajas consecutivas…
–La caída no es generalizada. La construcción residencial más o menos se mantuvo. Lo que registró una baja es la construcción reproductiva; es decir: la ligada a la actividad industrial y la infraestructura. El panorama no es tan grave ni tiene el dramatismo que algunos le quieren imprimir. Fíjese que los indicadores de consumo interno dan todos para arribar: supermercados, centros de compras y servicios públicos.
–¿Estamos ante un problema de expectativas empresarias…?
–Efectivamente, y se verifica en la caída de las importaciones de bienes de capital. Sin embargo, el escenario en materia de expectativas es bastante heterogéneo. Hay un componente muy importante del capital local y extranjero que, ante las restricciones para girar dividendos y utilidades, se ve obligado a reinvertir sus ganancias. Ese les molesta. En el caso puntual del capital extranjero, las empresas quieren acelerar las remesas para compensar los balances de sus casas matrices. El otro tema es la lógica con la que se mueven esos capitales. Según estos sectores, para que haya buenas expectativas, el gobierno debería convalidar una altísima tasa de ganancia en dólares…
–Es la famosa discusión sobre si el precio del dólar blue es un precio testigo de los costos internos…
–Los que sostienen eso mienten. Si un empresario tiene que importar, y justifica la necesidad, consigue los dólares en el mercado formal. Los que quieren instalar que el blue es un téster no piensan en sus costos, sino en su tasa de ganancia. Si nos negamos a tomar deuda para proveer de divisas baratas, como se hizo en los ’90, o nos negamos a una devaluación brusca, es porque no vamos a convalidar una tasa de ganancia alta en dólares.
–Hasta cuándo puede durar esta contracción empresaria…
–Hasta que se produzca un cambio en la lógica de estos empresarios, que son un sector, no todos. Estamos hablando de los que pretenden rembolsar la inversión en tres años.
–¿Cómo definiría el momento económico?
–Como un momento de fricción. Estamos transitando hacia una nueva etapa de la política económica. Cuando se pruebe que la estrategia garantiza el mercado interno y el comercio regional e internacional, las expectativas comenzarán a cambiar. Hoy, se retraen porque no pueden dolarizar ganancias. Estamos embarcados en un cambio fundamental.
–El problema es que hay sectores que siguen atados conceptualmente a la lógica de la valorización financiera.
–No todos los empresarios piensan igual. Nueve años de crecimiento permitió consolidar un mercado interno que abrió horizontes. La regulación del mercado cambiario hace que los agentes económicos tengan que pensar en una tasa de acumulación en pesos, que exprese la capacidad de compra de bienes y activos locales. Pero sí, es cierto, la valorización financiera persiste en muchos sectores que se estresan cuando se les dice que la acumulación y reproducción del capital debe ser en pesos. Es una batalla cultural muy fuerte.
–¿Parte de esa batalla es generar instrumentos de ahorro en pesos?
–Seguro. Para ganarla hay que conseguir una mayor convergencia entre la tasa de devaluación esperada, la tasa de interés y la inflación.

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Un horizonte de mucha convergencia. Si logramos eso, el peso tomará fuerza como reserva de valor. Los avances en materia de pesificación son muy importantes. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central permitió desvincular la emisión monetaria de las reservas. Esto posibilita crear un escenario de mayor consumo interno frente a una retracción de la demanda internacional. De cualquier forma, ahora, la preocupación del Gobierno es estimular el consumo.
–Lo llevo al tema del crédito para inversión. La decisión del Banco Central de exigir a los bancos privados que presten a las pymes es un paso importante. Sin embargo, desde las entidades aseguran que hay poca demanda.
–Obviamente, la mayor demanda se concentra en el crédito de corto plazo, pero siempre hay demanda para inversión. La clave reside en orientar los recursos, porque los que más demandan son los sectores más dinámicos. El Estado debe impulsar la oferta y, al mismo tiempo, planificar el para qué de esa inversión. De lo que se trata es de planificar las decisiones de inversión, de interactuar con el sector privado para definir la asignación de los recursos. En la práctica, no hay oferta de crédito que sirva sin horizonte, sin matriz de política industrial.
–Un objetivo que pasa por la sustitución de importaciones.
–Se puede avanzar, aunque sea en forma lenta, hacia una mejor relación coeficiente/producto. Hasta el momento, por cada punto que crece el producto, las importaciones crecen tres puntos. Si queremos autofinanciar el crecimiento es necesario caminar hacía un coeficiente más bajo.
–¿Cuál es la clave de ese proceso?
–La conexión de la oferta de crédito para inversión con las necesidades de la política industrial. En este plano se juega la política planificadora del Estado nacional. Esto es lo que está faltando en los proyectos de inversión: una acción decisiva del Estado a partir del nuevo escenario del sector externo.
–¿Por qué esa ausencia?
–Porque el Gobierno debió concentrarse en la macroeconomía. Había que recomponer la sociedad, integrarla, tornarla administrable. Reconstruir el Estado es el principal logro del proceso que arrancó en 2003. Es cierto que, hasta el momento, no se intervino en la microeconomía. Esto aparece ahora, en la figura de Axel Kiciloff, centralizando la política hidrocarburífera y coordinando, por ejemplo, la actuación de los directores estatales en las empresas donde el sector público tiene participación accionaria. Se está empezando a pensar en la microeconomía.
–En síntesis: de ahora en más, la discusión es cómo se interviene en la asignación de los recursos.
–Estamos buscando darle mayor competitividad a la economía para aumentar la sustentabilidad del modelo. Mayor competitividad y menor dependencia de las importaciones por fuera del tipo de cambio. El desafío es administrar el país en el mediano plazo. La estrategia que se está desarrollando se va a demostrar exitosa hacia el primer trimestre del año que viene. El proceso va a dar frutos. Consolidado el sector externo, con un buen nivel de reservas y la actividad económica recuperándose mejorarán las expectativas.
–¿Cómo analiza el rol de los medios hegemónicos en este juego de poder que implica la batalla cultural de la que hablábamos hace un rato?
–Hoy, los medios hegemónicos no tienen la posibilidad de instalar lógicas discursivas que disuelvan al nuevo actor social. Hay medios que le hablan a un actor social que ya no existe, ni por derecha ni por izquierda. No hay partido militar, ni tampoco el sujeto colectivo que expresaba el que se vayan todos. Morales Solá y Biolcatti le hablan a un país que dejó de existir. El manejo de la crisis y la persistencia conllevan una fuerte legitimación. No hay lugar para los candidatos shampoo.Campo vs. Industria
Dos lecturas correctasEl cruce que se registró en los últimos días entre el saliente presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcatti, y su par de la Unión Industrial Argentina (UIA), Horacio de Mendiguren, se coló en la entrevista. Las visiones encontradas de ambos dirigentes sobre el rol de la industria y el agro en el desarrollo económico del país se inscriben en el marco de una pulseada histórica por la transferencia de recursos. »Ambos actores leen correctamente la situación. Es lógico que si avanzamos en una política industrial sea el campo el que deba financiar, en el marco de la superrenta que obtiene, la industrialización», afirma Roberto Feletti. Se análisis señala que la transferencia está justificada –»cualquiera sea el mecanismo», agrega el ex viceministro de Economía–. »Hasta ahora, lo que hubo fue una apropiación por parte del Estado nacional de la superrenta del agro para desendeudar y reparar socialmente. Ahora, viene la etapa de transferir hacia la industria. Los dos actores dicen lo que tienen que decir», apunta Feletti. ¿Cuál debería ser la postura de los núcleos concentrados de la Pampa húmeda frente a la actual fase de desarrollo? »Si Biolcatti fuera un dirigente, y no lo es, lo que debería plantear es lo que plantearon los barones paulistas, o Federico Pinedo en el ’40: la necesidad de industrializar parte de la renta agropecuaria. Sin embargo, Biolcatti no tiene una visión de país. La discusión que encierra el cruce entre De Mendiguren y Biolcatti, en definitiva, es correcta, y refleja el estadio de desarrollo que tiene la Argentina», concluye Feletti.Avanzar hacia un intercambio compensadoCon Brasil tenemos un déficit de unos 6.000 millones de dólares que golpea muy fuerte sobre la industria local. Hoy, el comercio bilateral ronda los 40 mil millones, algo así como el 10 por ciento de nuestro PBI nacional. Está claro que no se puede mantener semejante brecha», señala Roberto Feletti.
–¿Cómo se soluciona? Muchos hablan del tipo de cambio…
–La cuestión no reside en el tipo de cambio, sino en las demandas a cada lado de la frontera. Tenemos que avanzar hacia un intercambio compensado. Es muy importante cerrar la brecha. Y eso se está trabajando. En julio, el déficit se ubicó en unos 157 millones de dólares, un setenta por ciento menos que en el mismo mes del año pasado. En lo que va del año, ronda los 1.600 millones, poco menos de la mitad del que se registró en igual período de 2011. Esto es un mérito de las reuniones que mantuvo la presidenta Cristina Kirchner con Dilma Rousseff. Más allá de esta cuestión, Brasil representa una enorme posibilidad para las exportaciones nacionales porque tiene un poder de compra frente al mundo de unos 200 mil millones de dólares. No hay que olvidar que la integración con Brasil permitió consolidar los sectores automotriz, metalmecánico y químico. De otro forma no hubiera sido posible.
–¿Y la incorporación de Venezuela?
–Mejora nuestra relación con Brasil. Sirve de contrapeso. Además, Argentina y Venezuela son economías complementarias. Ellos tienen energía y nosotros alimentos. Si conseguimos integrarnos será un golazo.

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