La constatación del destino del Peronismo

Debería empezarse por establecer los primordiales factores que el Peronismo ha introducido en la práctica política de la Nación argentina: la Reforma Constitucional de 1949, llevada a cabo en el primer trimestre de ese año; y la revisión, filosófica, de los avatares de la política, es decir la Reforma Constitucional que se implementó en el primer cuatrimestre de ese singular año, sancionada el 11 de marzo de 1949.

Con este par de parámetros, se visualizará, al mismo tiempo, el papel que el Peronismo ha intentado promover en la Argentina: la dignificación y el protagónico accionar de los trabajadores, así como sus leyes oportunas, no sólo por mejorar sus salarios, sino por refutar las muestras de racismo –de ninguna otra manera se la puede clasificar– como el de »civilización o barbarie», »guerra de policía», »negros de mierda» o »no ahorrar sangre de gauchos».

Si a esto sumamos la nacionalización financiera, el comercio exterior y el IAPI, la industria aeronáutica, la flota mercante nacional, la modernización de los transportes, el correo, las telecomunicaciones, el desarrollo de una política sanitaria, el nacimiento de ENTEL, Gas del Estado, el desarrollo energético, la integración latinoamericana, el crecimiento de nuestro petróleo y el agro, la política exterior, la función social de la propiedad, el estatuto del peón rural, la tierra para quien la trabaja, Evita y la acción social, derechos del trabajador, derechos cívicos de la mujer, protección y derechos de la ancianidad, prioridad educativa, enseñanza universitaria, creación de universidades del trabajo, la cultura popular, y muchas otras iniciativas que sería sumamente largo enumerar, tendremos una instancia aproximada del Peronismo en lo que representó como movimiento de transformación social en una tierra como la nuestra. A estas innovaciones habría que agregar muchas obras, como, por ejemplo, los hospitales construidos, la inauguración del Hospital de Niños, la baja de la viruela y de la tuberculosis, los centenares de cines inaugurados, el Festival de Mar del Plata, la importación de 7000 televisores, el total de los clientes de gas que pasaron de 220.643 a 700 mil en menos de 15 años, y varias secuencias similares.

Todo esto, detallado y graficado en el Libro Manual del antiperonismo ilustrado de Claudio Díaz, se corona con algunas otras iniciativas, muchas de las cuales sobreviven en el presente, así como la destacada suba de nuestro deporte, la creación de Canal 7, el cine nacional y la inexistencia del slogan creado por el liberalismo de »Alpargatas sí, libros no», que ridiculizaba el fervoroso –y constantemente creciente– movimiento por la fundamentación de una cultura nacional, que se evidenciaba por las acciones que el gobierno llevaba adelante por la configuración de una cultura nacional independiente.

Y bien, así como sucedió la Historia deben sucederse en la mente de la gente los eslabones de la misma, perfectamente conectados. Por eso este debe ser el primer capítulo del análisis, en la configuración de una nueva sociedad de crecimiento absoluto y no interrumpido, que busque la dignidad de todos.

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Reflejamos en nuestro libro La historia esencial del Peronismo los aciertos de la política de los gobiernos peronistas, en el sentido de impulsar la inclusión total de los trabajadores en el marco de una Patria inclusiva para todos los argentinos, sin exclusión de la clase trabajadora en ningún nivel. El reflejo de las obras políticas, económicas y sociales del Peronismo se hizo sentir de tal manera que los trabajadores argentinos disfrutaron, por primera vez en su vida, de los beneficios de un país que entre todos habían construido. Sin trabajadores –la esencia del accionar de la Nación empeñosamente trabajadora y creciente en todos sus niveles– la oferta de los mayores beneficios no se podría disfrutar, ya que al estar excluida una parte sustancial de la tarea cotidiana, esta no se resumiría más que en un acopio de felicidad para la parte privilegiada de una sociedad que viviría a costa del trabajo de los demás.

Las notas impuestas por el gobierno de Néstor Kirchner se enlazan con el Peronismo que luchó por los trabajadores, por ejemplo, al desechar la conexión con el Fondo Monetario Internacional y los restantes órganos de crédito capitalistas; no sólo recuperan la Justicia (así, con mayúscula) para todos los argentinos, sino que labra un sentido de independencia para las decisiones comunitarias, y, por otra parte, su recuperación (también con mayúscula), continuada en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, después de los avatares inhumanos del proceso dictatorial en que vivimos recala a los argentinos en la propia inserción que tenían los que animaron la fiesta peronista entre los años ’46 y ’51 del siglo ya pasado.

EL PERONISMO ACTUAL Y EL CAMINO DEL PORVENIR. El análisis de la trayectoria peronista, desde su origen, sus planteos gubernamentales, y el impacto ideológico de esta alternativa sobre nuestro porvenir, reviste una visualización completa de la Historia de una ideología que transformó la Patria. Los sindicatos, su poder social y su vigencia en la legalidad y en todos los aspectos que hacen a la vida de los laburantes, se maravillan como un arma específica y solidaria de la complejidad comunitaria. Los trabajadores argentinos, junto con los sectores de una Patria Libre, Justa y Soberana, conforman el entramado básico y fundacional de una Argentina en beneficio de los argentinos. La nueva ideología del Justicialismo hizo honor a su nombre, repartiendo la Justicia (con mayúscula, nuevamente) para todos los habitantes de la Nación.

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Las nuevas convergencias apartaron al Justicialismo de sus cánones de aportes políticos, como bien lo dice Claudio Díaz, en sus inferencias sobre el dominio de la década de los años ’90, cuando se aceptaron la privatización de ENTEl, desde el gobierno supuestamente peronista, incluidos los sindicalistas que tanto habían luchado por su vigencia. El novel neoliberalismo de los ’90, implantado por el gobierno, era una contestación brutal contra lo que el Peronismo había hecho desde su surgimiento.

Aquí si cabe recordar el Manual del antiperonismo ilustrado, como base sintomática del andar histórico del Justicialismo y sus avatares en el transcurso del tiempo. Pero sí cabe hacer notar que el Peronismo nunca se apartó de sus bases, que se sustentan en los trabajadores y sus sindicatos, y se apegan a los grandes beneficios que Juan D. Perón les ha dado en su trayectoria política.

La sustanciación del Peronismo hoy día se basa en el respeto de una ideología que sí puede cambiarse en los marcos de las nuevas circunstancias, pero que nunca jamás desvirtuará su esencia, y de una Justicia plena que abarque a todos. No es la historia del País, pero sí es la plena circunstancia que hace explicable la Argentina que todos visualizamos y a quién alentamos en nuestras almas para vivirla.
La Nación económicamente libre, políticamente soberana, socialmente justa y culturalmente independiente, nos subyuga a todos los argentinos, de la clase social que provengamos y de cualquier carácter económico que tengamos. Por esa Patria es por la que lucharemos, con el escudo histórico y la apología que nos dará el Peronismo con su impacto político, social, económico y cultural que ha impuesto en el país para que llegue, permanentemente, a todos los niveles y a todos los argentinos.

El 17 de octubre de 1945 fue algo más que una leyenda histórica, es el inicio de la democracia argentina, y no por cuanto en Plaza de Mayo hubo más o menos asistentes que en la manifestación anterior sobre la Marcha de la Constitución y la Libertad, convocada por los radicales, casi un mes anterior, el 19 de septiembre de 1945, donde se calculó en unas 200 mil personas, de clase media alta, que formaron la manifestación, que desfiló ante el reducto de las Fuerzas Armadas, sino por cuanto era un manifestación donde la apariencia constituía una dispersión de la primera

Jornada de democracia en la Argentina, el pueblo pidiendo la candidatura de Perón, aun cuando este no se había postulado todavía, fue un acto totalmente democrático, el primero que la Argentina recuerda.

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