HABLEMOS DE PRESOS… UNA FOTO DE MUESTRA… por Rodrigo Avelleira

Hablemos.
La foto pertenece al penal de Florencio Varela, uno de los que mejores condiciones presentaba hasta el 2018; como tenía una población acorde a su infraestructura y el punitivismo viral de la ex Ministra de Seguridad amontonaba presos por tenencia de drogas, los sumó allí.

Cuando hablemos de cárceles, estaremos hablando de lugares así.
Las personas que allí viven no son encarceladas ni excarceladas por ningún presidente ni ministro del Poder Ejecutivo, son policías que detienen por determinada causa (eso sí es decisión política que implanta cierto clima y tolerancia como el caso citado de Pato Bullrich que quería un récord para colgar de la pared y se llevó un sable de Gendarmería) fiscales que cargan la causa de pruebas, juez o jueces que juzgan y deciden las penas.

Semejante perogrulla aclaración es responsabilidad del reparto indiscriminado de estupideces que se han leído por todos lados, porque pocos virus se propagan tan rápido como el de la ignorancia.
Pedirle a un presidente que libere o no presos es como decirle a un juez que les pague el 45% de la deuda a los tenedores de bonos extranjeros.

El origen de la idiotez no es idiota, el reparto tampoco, la multiplicación sí.
Entonces se meten a hablar de la cárcel y los encarcelados.
Miren la foto.

ahora charlemos con datos:

– 7 de cada 10 de los que habitan eso de ahí, no tienen sentencia.
– La mitad de esos 7 ni siquiera accedieron a la primera instancia de juicio.
– 5 de cada 10 presos que están allí es por narco menudeo, es decir, venta y distribución de drogas por menos de 500 gramos de posesión.
– El promedio de ocupación indica que donde debe haber 10, viven 14. En algunos lugares como Devoto (la nombro porque fue noticia en estos días) donde deben vivir 10, lo hacen 19.
– El 95% de la población carcelaria son hombres.

Volvamos a la foto.

Pensemos en cada indicación que los ministerios nos dan para cuidarnos y contener a un virus que se multiplica 3 veces más que cualquier otro y que no tiene vacuna para prevenir ni antídoto para combatirlo cuando ya está en sangre.
Lo único que lo contiene es el aislamiento, la distancia social entre nosotros y al aseo y desinfección de los lugares que habitamos y transitamos.

Ahora pregunta para los preguntones de hombros levantados, ¿cuál de todas las indicaciones se pueden cumplir allí?
¿adónde van a ir cuando se infecten?
¿los que necesiten cuidados intensivos y respiradores?
¿el personal que trabaja allí y no entra en la lógica del «que se jodan por delincuentes»?
¿no era la idea que el achatamiento de la curva permita que no se desborde el sistema sanitario?

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En realidad los preguntones gritan la pregunta porque silencian las respuestas, si se infectan como casi seguro va a suceder, viene la segunda etapa del revoleo:
que no vengan a «nuestros» hospitales.
Lo que callan es que en realidad quieren que se mueran.
Y despacito.
Como no hay Pena de Muerte, déjenlos morir.
No son los que quieren justicia, desean venganza.
Les cuento que se queden tranquilxs, en estas condiciones un juez que encarcela a alguien en ese lugar que vemos, cumple con la Némesis de estos vengadores anónimos.
El tema es que dos de cada tres de los que quieren que se cocinen en el virus no sabemos si son culpables o inocentes.
De algún modo, este dato no importa.

En pleno estado democrático hay uno de los tres poderes que disfruta de los beneficios de la lógica de castas, sus puestos de trabajo principales son cubiertos por familiares o amigxs, se reciclan entre los propios, arreglan sus impunidades con renuncias y jubilaciones lujosas y calladas, se llevan las memorias a casa y nadie juzga sus recorridos que atraviesan décadas de fallos judiciales fallados como el ataque del Juez Violini que cambiando algunas letras, libera violadores. NI hablar de los tribunales de hombres que liberan femicidas como los de Mar del Plata que se cargaron a Lucía Pérez y solo están presos.

Ahora amparados en algo absolutamente razonable como revisar quiénes pueden aliviar la superpoblación en un encierro apilado, liberan de volea, vagamente, sin leer causas.
Son los jueces, no el presidente. Estamos golpeando la puerta del palacio equivocado.

Cuando tuvimos la chance de quebrar esa hegemonía con un proyecto de ley que nos brindaba la chance de elegir jueces y sobretodo, a quiénes los elegían, respondimos con piedrazos. Era tanta la estupidez conducida que acusaban a un sistema de elecciones de autoridades por parte de la población como autoritario y dejan el que está que se decide en una mesa de poquitos, a espaldas nuestras y sin saber quién es el que va a levantar o bajar el pulgar, a abrir y cerrar las jaulas. El proyecto pertenecía al gobierno de Cristina Kirchner, el rechazo fue tan rápido y con explicaciones tan berretas como las firmas de los jueces actuales para liberar, por ejemplo, a un tipo en Neuquén que secuestró a un menor, le cortó un dedo como prueba de vida que le mandó a la familia y tiene 50 años, está saludable y como va a ser papá (quiere decir que disfruta de algunos permisos) lo liberan. En las calles el pueblo casi lo mata.

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Todo preso es político cantaba un poeta y cantábamos en canchas cada vez más grandes, a veces un estribillo en cientos de miles de gargantas lo instalan en un lugar de oro, lejos del barro que describen. La frase es un estandarte de nuestros tiempos, esa foto de esa prisión, ese lugar imposible es política. La decisión de alivianar esas piara humana encerrada para evitar un contagio peor, es una decisión política, por eso las pautan dentro de límites que marcan fuerte que muchos no podrán salir de allí porque su crimen es tan aberrante y ofensivo que soltarlos duplica el peligro.
Los jueces desobedeciendo estos lineamientos para irritar el humor social, también es política y de la peor especie.

Un Estado está compuesto de tres poderes y uno solo no es elegido por el pueblo, desperdiciamos la posibilidad de hacerlo y entonces vemos una monarquía colegiada haciendo lo que se les canta y nosotros, conducidos por el griterío que los comerciantes de la información nos imponen, estampamos el enojo lejos de donde sucede.

Quien esto escribe siempre se sorprendió por aquellas manifestaciones en pedido de justicia que se realizan frente al Poder Ejecutivo y no frente al Poder Judicial quien es el que imparte esa justicia que estamos reclamando. Es gritar gol en otra cancha. Pedirle al plomero que arregle la luz del comedor.

Debemos ajustar para crecer y comenzar a exigirle a la casta dominante que aplica las leyes que rigen la vida en común, que cambien o se vayan.
Y de vez en cuando, como para soplar para otro lado a ver qué pasa, dejar de hablar sin saber, sin conocer y bien al pedo.

 

por Rodrigo Avelleira, periodista de La Conjura de los Nervios. 

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