Francia el ajuste más grande de los últimos 30 años será de 42 mil millones de dólares.

Se trata del »sacrificio más grande de los últimos 30 años» en Francia.

»Quiero que en 2017 podamos decir: estamos mejor que en 2012», propuso en declaraciones a la cadena TF1 de televisión. Cuatro meses después de acceder al poder y para hacer frente a una caída de popularidad y una ola de críticas que brota desde todos los sectores políticos y económicos, Hollande defendió su actitud y prometió medidas concretas y un calendario de acción. Además de enunciar un programa de economías de 33 mil millones euros, en esa entrevista de 30 minutos definió una »agenda de dos años para la recuperación» del país.

En contraste con la ideología y el estilo autoritario de su predecesor Nicolas Sarkozy, Hollande insistió varias veces en la necesidad de »concertación» y »justicia social».

Aunque nunca utilizó los términos ajuste, rigor ni austeridad, Hollande propuso claramente a los franceses ajustarse el cinturón. A diferencia de las medidas anunciadas en los últimos meses por España e Italia, el programa de saneamiento económico estará basado en la »justicia social», prometió.

En todo caso, es la primera vez que un presidente francés anuncia personalmente un paquete de medidas fiscales.

Hollande confirmó que, en el marco de ese programa, aplicará un plan de austeridad de 30 mil millones de euros (38 mil millones de dólares) que -por lo menos en teoría- distribuirá el esfuerzo de rigor en forma proporcional entre todos los sectores de la población. »Los que más tienen, deben mostrar el ejemplo», precisó.

Un tercio de ese esfuerzo provendrá de economías presupuestarias. Sólo tres sectores serán santuarizados y no resultarán afectados por las economías: la educación, la justicia y la seguridad. Todas las demás áreas del Estado deberán reducir sus presupuestos.

Otra parte surgirá de diversas economías realizadas mediante una participación mayor de las empresas más grandes.

Por último, otros 10 mil millones de euros se obtendrán de nuevos impuestos a los particulares. Se trata de aumentar la contribución de los más altos ingreso, incluida la »medida excepcional» de aplicar un gravamen de 75 por ciento a los ingresos por encima de un millón de euros »hasta que el pedido retome la senda de la recuperación». »Esa medida concierne entre 2 mil y 3 mil personas», indicó.

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»Los que más tienen, tendrán que pagar más», enfatizó el mandatario.

Hollande repitió en tres ocasiones que se trata de una »medida excepcional» que durará probablemente dos años. Contrariamente a lo que se había anunciado, esa medida también se aplicará a los deportistas y artistas.

El presidente indicó que todas esas medidas forman parte de una »agenda de recuperación» que durará hasta fin de 2014. Será la primera etapa del programa de cinco años que se propone desarrollar durante su mandato, que concluye en 2017. Hollande anunció una batería de medidas técnicas destinadas a facilitar la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo.

Con todo ese arsenal, espera crear 100 mil nuevos empleos.

Su margen de maniobra será extremadamente estrecho porque el agravamiento de la crisis obligó a reducir los parámetros económicos del próximo presupuesto. Hollande dijo que para preparar el cálculo de gastos y recursos de 2013 se adoptó una hipótesis de crecimiento »apenas superior a 0 por ciento en 2012» y de 0.8 por ciento para 2013.

El capítulo de los impuestos y de los esfuerzos excepcionales dio pie a Hollande para abordar el caso del empresario Bernard Arnault, que el sábado causó una conmoción nacional al anunciar que había pedido la nacionalidad belga, probablemente para escapar a las medidas fiscales que se aplicarán a los llamados »muy altos ingresos». Arnault, primera fortuna europea y cuarta del mundo con un patrimonio de 41 mil millones de dólares, »debió medir lo que significa pedir otra nacionalidad», comentó. El empresario aclaró ayer (domingo) que su iniciativa no era un gesto político. »Soy y seguiré siendo contribuyente francés y, en esa condición, cumpliré con todas mis obligaciones fiscales, como todos los franceses», precisó. »Nuestro país debe contar con la contribución de todos para enfrentar una crisis económica profunda», insistió.

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Sin criticar en ningún momento la iniciativa de Arnault, el presidente apeló al »patriotismo» de todos los sectores de la sociedad francesas para hacer frente a este »momento excepcional».

También anunció una »flexibilización del mercado de trabajo» para »crear condiciones favorables a las contrataciones». Pero indicó que esa reforma debe surgir de una concertación entre empresarios y organizaciones sindicales. »Si no hay acuerdo antes de fin de año, el Estado asumirá sus responsabilidades», indicó.

Refiriéndose a las críticas formuladas por la prensa y la opinión pública contra las tensiones y contradicciones de su gabinete. También confirmó su confianza en el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, y en todo su equipo ministerial: »La mayoría de los ministros son novicios -dijo-, pero el tiempo de aprendizaje ya terminó. Ahora entramos en el tiempo de la acción». Hollande recordó a la opinión pública -asustada e impaciente- que no todo son malas noticias, ya que el nuevo gobierno cumplió algunas de las 60 promesas anunciadas durante la campaña electoral, como el regreso de la jubilación a los 60 años, las ayudas para la vuelta al colegio, la contención de los alquileres o la reducción del precio de la gasolina.

En ese contexto, comentando las críticas que recibió por la supuesta parsimonia de su gobierno, Hollande respondió: »No puedo resolver en cuatro meses lo que mis predecesores no hicieron en cinco o diez años».

»Estoy en situación de combate y, desde esa posición, no me limito a mirar el pasado. Estoy asumiendo compromisos para el futuro»

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