Expectativas empresarias

Es importante destacar que »expectativas» remite a la subjetividad, a una predisposición que se asienta en tendencias y también en la voluntad propia. Y en un (primer) mundo marcado por sentimientos de frustración e incertidumbre, no es un dato menor que los comunicadores críticos del gobierno adviertan un buen clima entre los ejecutivos de empresas. Ayer, en el programa radial de Daniel Fernández Canedo (Clarín) se habló largo de cuánto incide la recuperación de la industria automotriz por las mejoras de la economía brasileña. Se sabe, el principal destino de exportación de autos argentinos es Brasil, que es a su vez el principal socio comercial de Argentina. El impacto de la crisis europea, más algunas medidas del gobierno de Dilma Rousseff habían enfriado la economía por unos meses. Además, ya no se machaca con los cortocircuitos –reales– producidos por las restricciones a las importaciones, que generaron tironeos entre ambas naciones. Otro caso: Fernando González, director de El Cronista (cuyo dueño es Francisco De Narváez), escribió una breve nota referida al foro organizado en conjunto por la Cámara Argentina de Comercio y el Consejo de las Américas (presidido nada menos que por el magnate David Rockefeller). Según González, Eduardo Eurnekian, Cristiano Ratazzi, Carlos Bulgheroni, entre otros, estaban distendidos, »todos presintiendo un repunte de la economía hacia fin de año de la mano de Brasil y de la supercosecha de soja que se espera para el año entrante». La soja, de la mano de la tremenda sequía en Estados Unidos, cotiza en un récord histórico, y permitirá una balanza comercial muy positiva para fin de año. »¿Las críticas para el Gobierno?» –se pregunta el director de El Cronista–, y contesta: »En todo caso se hacían en voz baja. El castigo de las trabas a las importaciones, el cepo a la compra de dólares o el simple fisgoneo de la AFIP han exacerbado mucho la prudencia empresaria en estos tiempos».

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La edición de Clarín del jueves refiere que, al inaugurar la reunión, el titular de la Cámara Argentina de Comercio, Carlos de la Vega, lo hizo »también con elogios a la situación económica y el vaticinio de que el 2012 no será un mal año».

Éstas no son las excepciones, sino que reflejan lo que la prensa económica y los círculos empresariales dicen sobre el llamado clima de negocios. Miguel Gallucio, presidente de YPF, según todos los medios, »fue la estrella del encuentro». Entre otras cosas, porque logró acuerdos con la petrolera norteamericana Chevron.

La semana pasada, Miradas al Sur le dedicó un amplio espacio al congreso de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (Aeda), presidido por el gerente general del Banco Central, Matías Kulfas. Allí, sin presencia de ejecutivos de multinacionales y con ponencias excelentes, como la de Aldo Ferrer, se dio un impulso a la necesidad de más Estado en la economía y de más políticas activas para la redistribución del ingreso. Ese encuentro fue olímpicamente ignorado por la prensa opositora. En todo caso, las menciones a esos espacios de pensamiento nacional se centran en que Axel Kicillof (Clarín de ayer) es el »supervice» y que »ya tiene bajo su órbita a YPF, el precio de los combustibles y empresas con participación estatal». La última perla que sumó al collar de la discordia neoliberal sería el sector eléctrico, ya que las empresas del sector están presionando para que el Gobierno aumente las tarifas.

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Como Edenor y Edesur acumulan pérdidas millonarias y dan signos de boicot, el Gobierno puso más atención en la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico Sociedad Anónima (Cammesa). De inmediato, los neoliberales se desesperan. La realidad es que empresas como Edenor y Edesur son un ejemplo más de capitalismo sin riesgos: concesionados en los tiempos de Menem-Cavallo, viven todavía de una tasa de ganancia que nada tiene que ver con »el riesgo» (única justificación del capital), sino que se valen de tarifas fijas y subsidios que nunca bajan. El día que los subsidios se ponen en la lupa, de inmediato la contabilidad de las empresas muestran pérdidas y sus comunicadores quieren asustar con el cuco de »la estatización».

De este clima de las »buenas expectativas empresarias» se pueden sacar tres hipótesis de temas a desplegar y debatir. La primera es que »más distribución y más Estado» no es sólo un acto de justicia social y de soberanía económica, sino un rumbo que muchos empresarios pueden o, al menos, deben acompañar. La segunda es que las acciones de prensa pueden ocultar y disfrazar pero, cada tanto, los intereses de los propios empresarios no pueden negar. La tercera es que si crece tanto la presencia del Estado se hace imprescindible hacer reformas de fondo, para mejorar en productividad, en eficiencia, en gestión y acceso a la información, en la selección y convocatoria a concursos en los cargos de mayores responsabilidades. Es decir, dar vuelta la página de todos los resquicios que todavía existen de las reformas encaradas durante los noventas.

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