El particular gobierno de Micky Vainilla

Un ejemplo singular de dicha patología ha sido el reportaje del genocida Jorge Rafael Videla dado a la prensa internacional, en relación a la existencia de presos políticos en la Argentina dictatorial y su perverso juego de palabras sobre los desaparecidos »como entes que no están, no existen ni vivos ni muertos, se han esfumado, han desaparecido». Este tétrico ejemplo de nuestra historia reciente, sin llegar a tamaña perversidad, retorna con otros personajes y por cuestiones de las más diversas. Cuando esas patologías del poder se naturalizan por una sociedad, llevan implícitas un grave riesgo político, el de identificarse con referentes que conciben a esa transgresión ética como una virtud o por lo menos el medio necesario para el logro de determinados fines. Esta forma de entenderse con la realidad se torna recurrente a lo largo de las tres décadas de transición democrática. Prometer electoralmente la Revolución Productiva y efectivizar un plan desindustrializador, enorgulleciéndose al tiempo del engaño al electorado, es otro ejemplo que ha dejado marcas indelebles en el imaginario social y en el quehacer de nuestra sociedad. Con el arribo de la posmodernidad y los resabios de la trilogía dictadura cívico militar –su transición inconclusa– y el consumismo individualista, sectores significativos de las capas medias se suman a esta distorsionada forma de ver el mundo.

Atravesados por esa cultura de derechas, reaccionaria y discriminatoria, reforzada por los medios hegemónicos, se tornan fóbicos a la construcción colectiva. Despreciando el rol protagónico de las mayorías populares en la política.

Esta forma de internalizar la realidad instalada por los medios de comunicación genera el terreno fértil para la aparición de nuevos referentes desde las clases más adineradas que se convierten en la nueva esperanza blanca ante el avance de »la chusma populachera» y la batería de medidas igualitaristas para distintas formas de »perversiones sexuales» concebidas por el relato K como un ensanchamiento de las libertades democráticas. Esta vez el nuevo referente de los ciudadanos honrados decentes y normales –de gente como uno–, proviene del palo empresarial y comienza a ser conocido por los éxitos obtenidos por uno de los equipos más populares del fútbol argentino. Portador de un importante patrimonio heredado de su próspero progenitor, el afortunado dirigente deportivo entró al ruedo político con sucesivas derrotas, para al fin lograr la jefatura de gobierno, con posterioridad al luctuoso suceso del boliche República de Cromañón. Si bien en sus años de gestión el improvisado político no se ha particularizado por imprimir cambios profundos en el mejoramiento de la vida de los porteños, si en algo se ha destacado es por su pro-pensión a negar sus frecuentes derrapes políticos. Desde el escándalo de las escuchas clandestinas implementadas por el »Fino» Palacios, al que tiempo antes definió como »el mejor oficial de policía de la última década»; o la sagaz elección del primer ministro de Educación de su gobierno, el procesista Abel Posse, famoso por sus célebres frases sobre el rock y sus consecuencias nefastas en la juventud contemporánea.

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La prometida nueva política se transformó a lo largo de los años de sus sucesivos gobiernos, en la sub ejecución de presupuesto educativo, el vaciamiento hospitalario, la conflictividad laboral, el creciente déficit habitacional. Su máximo despropósito político fue el desconocer su lógica incumbencia sobre la red de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires donde ejerce como jefe de Gobierno, a pesar de la firma de un acta de transferencia con el gobierno de la Nación en el mes de enero y de su primer decisión ajustista de incremento en 127 por ciento sus tarifas. Oportunistamente, tras la catástrofe ferroviaria de la estación Once, se desdice de lo acordado y genera un conflicto aún no resuelto con el gobierno nacional, los trabajadores del sector y la empresa concesionaria, sufriendo los cientos de miles de usuarios las consecuencias de su graciosa negación. A pesar del costo político de su perverso accionar, el improvisado jefe de gobierno porteño no ceja en sus dislates. A meses del conflicto docente al inicio del año lectivo, ante el cierre de numerosos cursos, y la consecuente afectación de puestos de trabajo de decenas de maestros, la nueva ocurrencia del hijo de empresario y de su ministro de Educación de apellido patricio, Esteban Bulrrich, fue sancionar separando de sus cargos y de sus tareas pedagógicas a media docena de docentes de una escuela de Monte Castro, por haber dramatizado en una obra teatral en pleno conflicto docente su oposición a los planes de ajuste macrista, desencadenando un paro de los diversos gremios del sector con una masiva movilización en las puertas de la Jefatura del Gobierno porteño. Nuevamente el discurso freeky del admirador de Freddie Mercury con responsabilidades de gobierno, es el mismo del 0800 delator, de las últimas semanas, expulsar las prácticas políticas de la instituciones educativas, dirigiendo este discurso del orden a sus electores más fieles, tan refractariamente sensibles a la politización de las clases sub-alternas, cultores del libre-mercado noventista, identificados con la mirada country del mundo y sus alrededores, tan bien interpretado por el personaje capusottesco de Micky Vainilla, ideólogo light del fascismo descafeinado hecho gobierno.

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