El derrumbe del macrismo en su plan de alianzas

Nota publicada en Tiempo Argentino

Dentro de seis días cierra una de las inscripciones más importantes del cronograma electoral de 2013. Será el próximo sábado 22, cuando concluya la cuenta regresiva para que todas las fuerzas políticas del país inscriban a sus candidatos y se preparen para disputar las próximas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 11 de agosto: el sondeo institucional previo a los comicios nacionales del cuarto domingo de octubre. Ante esa cuenta regresiva de plazos que aparecen acuciantes, el jefe de gobierno Mauricio Macri corre el riesgo de terminar este año igual que como lo empezó: en la soledad de su fuerza política y sin aliados sólidos que le permitan construir el puente para transformarse en candidato presidencial en las elecciones de 2015, y liderar el arco opositor al kirchnerismo.

Hace un año los planes diseñados imaginaban alianzas abarcativas dentro de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, el norte argentino, e incluso la Ciudad, considerada el único territorio gobernado por el PRO desde hace seis años. Hasta hace pocos días el mayor tesoro electoral del macrismo iba a ser disputado con un ambicioso frente entre la ex vicejefa de gobierno Gabriela Michetti y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, como una apuesta amarilla para sumar caudal electoral en la Capital con la inclusión de un extrapartidario.

Dentro de ese mapa, el macrismo se ilusionaba con formar parte de un esquema sin el peronismo disidente a nivel nacional, pero con una coexistencia por distritos que le permitiera eludir »el peso histórico y fantasmal del viejo pejotismo», y a la vez aprovechar sus mejores figuras, como Lavagna en Capital.

En Capital el peronismo no dejó de ser un problema para Macri. Sus operadores siguen sin descartar un último acuerdo con Lavagna.

Hace cuatro días, durante la finalización de plazos para el armado de alianzas y adhesiones en todo el país, los principales capítulos de esa arquitectura imaginaria terminaron de hacerse trizas, al menos, a los dos lados de la Avenida General Paz. En la provincia de Buenos Aires los coqueteos entre Macri y el intendente de Tigre Sergio Massa, aún sin desenlace, terminaron de obturar un año de negociaciones con el empresario Francisco de Narváez, una de las patas más fuertes de la mesa pejotista que se lanzó el 1 de mayo, desde Córdoba, con el gobernador José Manuel de la Sota, el camionero Hugo Moyano y sin Macri. Tras los últimos tironeos del miércoles pasado, Macri insistió a los medios en que las conversaciones siguen en pie, pero al lado del »Colorado» advirtieron que »se agotaron los tiempos electorales» y acusaron al alcalde porteño de »mentirle a la gente» por insistir en la existencia de una mesa que »se cayó a pedazos».

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La dureza entre ambos socios desconfiados incluye la posibilidad de que De Narváez, embanderado en el peronismo bonaerense, comience a recibir en sus filas a parte de los dirigentes provinciales del PRO que, hasta la semana pasada, daban por descontado un frente común con el Colorado y ahora navegan en la preocupación de »salir a pelear solos en el Conurbano». En público, el denarvaísmo no afloja detalles, pero en privado, los amigos del empresario reconocen que »Francisco espera con los brazos abiertos a todos los referentes que Macri abandonó en el Conurbano». En el PRO contestan que no hay abandono alguno, pero tampoco niegan la buena relación que une al intendente de San Isidro, Gustavo Posse, con el empresario de origen colombiano. El mandatario comunal del distrito más rico de la primera sección electoral está muy preocupado por el fracaso de todas las negociaciones bonaerenses del PRO y comparte la angustia con Jorge Macri, primo de Mauricio, e intendente de Vicente López. »Después de muchas reuniones con nuestros dirigentes del interior y el Conurbano, la realidad nos marca que hay muy poco consenso para un frente con Francisco», dijo Jorge, luego de justificar la estrategia de su primo, y sostener que el PRO »ha demostrado una enorme vocación de sumar voluntades, escuchando el pedido de la gente, pero evidentemente las confianzas están rotas».

Pero mientras el primo Macri agiganta los temores de su partido, el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, se tomó menos de un mes para transformarse en el fundador del éxodo macrista bonaerense y trabajar para Massa. »Macri agarró el peor camino» cuando trató de reeditar la alianza con De Narváez, dijo el mandatario comunal. »Estoy convencido. Sería un grave error que (Massa) no juegue. La gente lo está demandando. Somos muchos los intendentes que lo acompañamos», deslizó Cariglino, como parte de un operativo clamor que encierra más temores por quedarse sin acuerdos, que certezas sobre la concreta participación de Massa. Si el oriundo de San Martín e intendente de Tigre juega con su nombre y cierra con el macrismo, habrá salvado a las tropas amarillas del escarnio. Pero si no hay acuerdo, ni disputa en las primarias de agosto, las huestes del PRO habrán quedado a la intemperie como un suculento plato para De Narváez.

En Capital el peronismo no dejó de ser un problema para Macri. Sus operadores siguen sin descartar un último acuerdo con Lavagna, en calidad de extrapartidario, pero con razonamientos más basados en la fuerza que la razón. »Si no quiere ser el primero de la lista, quedará condenado al tercer lugar», dicen en el primer piso de Bolívar 1, para explicar la posible salida a la cancha del ministro de Ambiente y Espacio Público Diego Santilli, como segundo candidato a senador nacional después de Michetti. Para curarse en salud, Lavagna habló del fracaso en las negociaciones con el PRO para armar un »frente socialcristiano» y disparó contra »algunos jóvenes que, en realidad, actúan con todas las mañas de la vieja política» y que »interfirieron» en los intercambios. Esa metáfora fue disparada contra el secretario general del gobierno porteño Marcos Peña, mano derecha de Macri y el principal responsable, junto al consultor Jaime Duran Barba, de minimizar la importancia que tendrán los resultados de este año en los planes presidenciales de 2015. »No va a haber 2015 normal, democrático, si no se gana de manera contundente en 2013», disparó el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, para capitalizar en público la desazón que varias figuras del Gabinete porteño confiesan en privado ante la posibilidad de perder la provincia, »sin haber disparado ni un solo intento».

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Con esos pantallazos en el área metropolitana, el PRO se encamina a disputar su territorio con candidatos propios que disputen con Lavagna, pero también con Pino Solanas y Elisa Carrió, dos contendientes que mellarán el mismo electorado. En Santa Fe, la bandera amarilla tendrá al actor Miguel del Sel como primer candidato, junto al ex titular del PJ provincial Ricardo Spinozzi. Los números no se muestran tan favorables para el humorista como en 2011, especialmente por el poco peso de Macri a nivel nacional, que tampoco alcanzó para que el ex árbitro de fútbol Héctor Baldassi pueda hacerle sombra al delasotismo en Córdoba, que competirá con el ex gobernador peronista Juan Schiaretti.

Pero el peronismo que el PRO no pudo captar en Capital ni provincia, lo cosechó en San Juan, donde disputará internas abiertas; en La Pampa, donde llevará al ex jugador Carlos »El Colorado» Mac Allister y también en Tucumán, Salta, San Luis, Salta, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Misiones. En otros territorios, como Formosa, Corrientes y Catamarca, los acuerdos vinieron de la mano del radicalismo. Hasta ahora, nada aparece como fue imaginado, y el sueño presidencial de Macri corre el riesgo de hacerse trizas, mucho antes de nacer.

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