Contundente triunfo de Schiaretti en Córdoba

El gobernador lograba una diferencia de más de 36 puntos con su seguidor inmediato, Mario Negri, de Córdoba Cambia.

Juan Schiaretti lo hizo. Como nunca antes se había visto desplegado en Córdoba en esta magnitud y con esta contundencia, la hegemonía del peronismo en la provincia mediterránea tomará aún más impulso desde el 10 de diciembre próximo. El ciclo peronista acumulará 24 años. Es la sexta victoria en serie. Y la tercera no consecutiva del gobernador.

Como machacó el pegadizo eslogan utilizado durante la campaña, la gente, masivamente, “votó a Juan”. Anoche, con el 80 por ciento de las mesas escrutadas, el recuento provisorio reflejó en el tablero un enorme 54,6%, entre las mejores marcas del peronismo en la era democrática. A 36,9 puntos terminó Mario Negri (Córdoba Cambia), que logró sumar el 17,7 por ciento de las adhesiones. El radical Ramón Mestre confirmó lo que anticipaban los sondeos previos: concluyó tercero, con un 11,1% de los votos.

Hacemos por Córdoba, la aggiornada cara de la exitosa franquicia electoral creada por José Manuel de la Sota en 1998, tuvo un debut electoral aplastante, en línea con el pronóstico de “cosa sentenciada” que marcó el ritmo de la campaña

No sólo los cordobeses de la provincia ratificaron en las urnas un acompañamiento decidido a Schiaretti, sino que el PJ sepultó su karma en la ciudad capital de Córdoba. Los vecinos de la principal ciudad apoyaron la idea de proyecto común “Provincia-Capital” enarbolado por Schiaretti y Martín Llaryora, el intendente que sucederá a Mestre.

Tras la confirmación en las urnas, la sociedad política entre el gobernador y el próximo titular del Palacio 6 de Julio mostrará ahora otra entidad respecto de la que se inició en 2015, cuando todavía vivía De la Sota.

El arrastre por efecto del casillero lista completa benefició a Llaryora, exintendente de la ciudad de San Francisco, al esteprovincial.

La novedad política capitalina supone el revés más duro para la Unión Cívica Radical desde que perdió el poder provincial sobre finales de los 90. La UCR dejará el poder de la principal ciudad del país que tenía bajo control.

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La victoria de Llaryora, más amplia incluso de lo esperado, deja al oriundo de San Francisco como la segunda figura más importante del peronismo.

Impedido Schiaretti de un nuevo turno reeleccionista, Llaryora se posiciona, a priori, como el sucesor natural de una renovación que el PJ ya puso en marcha. La vicegobernación de Manuel Calvo es un ejemplo de otra de las figuras emergentes del partido.

Juan Schiaretti lo hizo. A menos de dos años de haber perdido por unos dolorosos 18 puntos frente a Cambiemos en las legislativas de 2017, su fuerza se recuperó por completo.

Y volvió a mostrar –por si hacía falta confirmarlo– que los electorados priorizan las gestiones antes que los partidos. El estrépito del radicalismo en la Capital es un reflejo unívoco de ese paradigma cada vez más afianzado.

En las urnas, los capitalinos lo dijeron con todas las letras: quieren que se replique en la ciudad de Córdoba la forma de administrar que lleva adelante Schiaretti en la Provincia. Al menos, quieren probarlo. Llaryora será el encargado de llevar adelante ese ejercicio.

Ya sin De la Sota, tras su trágica muerte en septiembre de 2018, Schiaretti superó el examen de conducir el peronismo a una nueva victoria. Además, le sumó el agregado capitalino, un objetivo que el fallecido exmandatario entendía no prioritario, después del fracaso de Germán Kammerath.

Sucesión encaminada
El combo “2×1” deja al peronismo con la sucesión del 2023 encaminada, aunque no resuelta.

Además, proyecta la figura de Schiaretti hacia el plano nacional como un legítimo articulador de una tercera vía –el Peronismo Federal– de la cual no será candidato, sino armador con voz decisoria.

Sergio Massa, Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey deberán consensuar con el jefe del Panal cualquier plan que imaginen para las postas electorales de agosto, octubre y noviembre.

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El gobernador también logró minimizar en el electorado el discurso opositor que advierte de la tentación de caer en los peores excesos, asociados a la perpetuidad.

A la luz de los resultados, el fuerte programa de obras de infraestructura desplegado tuvo respuesta en las urnas.

Si Schiaretti le hubiera diagramado a la oposición un plan perjudicial para sus intereses, no se hubiese atrevido a plantearle una estrategia tan riesgosa como la que hilvanaron, por las suyas, los exsocios de Cambiemos.

Mestre pegó la elección capitalina creyendo que sería la bala de plata con la que lograría la rendición de Negri. No sólo se equivocó, sino que obligó a Schiaretti a echar mano de Llaryora, quien jamás imaginó ocupar el principal despacho del Palacio 6 de Julio.

El gobernador también se favoreció por la desaparición en la boleta única de la oferta K, anulada por Cristina Fernández, quien evitó así un desempeño flaco en la provincia más antikirchnerista del país.

El triunfo de Hacemos por Córdoba no tuvo fisuras: ganó en el norte, en el sur, en el este y en el oeste. Pintó de celeste los 26 departamentos. La Legislatura tendrá mayoría de las 70 bancas de ese color.

El peso y el control territorial se extenderá hacia zonas donde el radicalismo y, en menor medida el PRO, habían logrado instalarse. La “ola” peronista cubrió casi todo.

Una parte importante de las intendencias y gobiernos comunales ratificaron que el ciclo del peronismo está en su apogeo. La oposición confió en que la parábola del PJ se estrellaría contra el cansancio popular. No fue así, todo lo contrario.

Fortalecido por el poder que otorgan las urnas, el peronismo gobernará hasta el 10 de diciembre de 2023. Arrasó con contundencia. Y no es una redundancia. Juan Schiaretti lo hizo.

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