Blaquier apuesta a la victimización como estrategia de defensa judicial

»El gobierno militar tenía el poder público y no necesitaba ninguna camioneta nuestra ni nada por el estilo. Ellos hicieron lo que quisieron con sus vehículos. Si alguna vez tomaron alguna camioneta no la pidieron prestada, la tomaron de prepo». Nervioso ante la posibilidad de ser procesado por su vinculación directa con la dictadura en operaciones de secuestros masivos, Carlos Pedro Blaquier hizo lo que desde hace varios años no hace: hablar.

Y para mostrarse eligió Jujuy, provincia a la que se niega a concurrir cada vez que la justicia lo llama a declarar en causas por violaciones a los Derechos Humanos, usando la excusa de estar enfermo y tener problemas para viajar desde Buenos Aires, donde reside gran parte del año.

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Lejos de sus días de hombre fuerte y pata empresaria de los genocidas, el presidente del Ingenio Ledesma se preocupó por aparecer como un octogenario bueno, inocente, padre de familia, preocupado por el futuro de sus trabajadores y agradecido por los »abrazos» simbólicos que la comunidad, según él, le da a cada rato.

Profundizó así la estrategia de presentarse como una víctima, camino que ya había recorrido cuando evitó declarar en la provincia argumentando un ataque por parte de militantes de los organismos defensores de los Derechos Humanos que aguardaban en la puerta del juzgado.

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