Alberto Fernández: «No podemos ofrecer más que esto y no es un capricho, es sensatez»

Al disertar ante representantes de la comunidad financiera internacional en un encuentro virtual organizado por el Consejo de las Américas, el primer mandatario aseguró que la pandemia de coronavirus generó “un daño inmenso a la economía mundial”, y subrayó que el propósito de su gobierno es «sacar al país del default».

Alberto Fernández llevó hoy ante el Council of Americas, el influyente foro empresarial en Estados Unidos y América latina, un mensaje inequívoco de su administración: no quiere caer en default, pero no se moverá de la oferta que el ministro de Economía, Martín Guzmán, les hizo a los bonistas. En otras palabras, no aceptará los términos económicos y financieros presentados por los bonistas extranjeros, que desde su punto de vista perjudicarían a la Argentina. De hecho, el propio Guzmán ya dijo que la propuesta del Gobierno argentino es la última porque seguir negociando implicaría tocar las jubilaciones, límite muy claro para la administración del frente de Todos.

Alberto Fernández hizo su presentación en una videoconferencia organizada por Susan Segal, la coordinadora general del Council of Américas, que supo entablar siempre buenas relaciones con Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Cristina Fernández de Kirchner y Eduardo Duhalde, por citar a los presidentes de los últimos 30 años.

Al otro lado de la pantalla se contó con la presencia de más de 1000 empresarios y políticos de Estados Unidos y América Latina, que tienen fuertes expectativas por lo que dirá el Presidente.

«Confío en que los acreedores entiendan que estamos haciendo un enorme esfuerzo al hacer la oferta que hicimos y es la última que podemos hacer», afirmó Alberto Fernández al exponer ante más de 1000 empresarios y políticos de Estados Unidos y América latina, y pidió a los bonistas que «ayuden a la Argentina a salir de esta postración y empecemos a mirar el futuro, porque en el futuro hay muchas más posibilidades que en este presente para el país y para los acreedores».

El mandatario ratificó así que la oferta presentada por la Argentina a los bonistas extranjeros será la última para la negociación abierta hasta el 4 de agosto, e insistió en «el esfuerzo» que hace el país «cuando las pandemia nos sigue golpeando». «No es un capricho, es sensatez. Es no estafar a nuestros acreedores prometiéndole algo que no podemos cumplir».

Fernández relató, más adelante, una de las conversaciones que mantuvo con uno de los acreedores, en los largos meses de negociación en curso, durante la cual su interlocutor le había dicho que presentaría una propuesta que le “sirviera” al Gobierno», a lo cual el Presidente respondió que no era eso lo que necesitaba el país sino que “la Argentina, de una vez por todas, dejara de hablar de la deuda, que la deuda fuera coherente con el nivel de desarrollo que tenemos y nos comprometemos a pagarla».

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El primer mandatario recordó también su anterior gestión en la administración de Néstor Kirchner, como jefe de Gabinete, y la postura de los gobiernos kirchneristas con la deuda: «Nosotros, desde 2003 a 2015, cumplimos todas las obligaciones que contrajimos, y las que no también. Siempre cumplimos, a partir de un modelo de desarrollo que nos permitió contar con los recursos necesarios (para hacerlo). Lo que intento hacer ahora es lo mismo».

El Presidente también recordó que existen recomendaciones internacionales, aprobadas por la ONU, para dirimir deudas soberanas y que «están para cumplirlas». «Están escritas y nosotros estamos respetando las normas que el consenso mundial aprobó. Si el mundo decide cambiarlas, asumiremos ese cambio, pero no podemos cambiarlas sobre la marcha», sentenció Fernández en el único tramo en el que cambió el tono cordial y diplomático de su disertación.

«Para nosotros la deuda es un fuerte condicionante, pero estamos buscando un modelo de desarrollo que no postergue a más gente. Es imposible pedirle a un país, con un 40 por ciento de pobres, un esfuerzo más. La forma de sacar a esa gente de la pobreza es a través de la inversión privada que genere producción y empleo», subrayó Fernández, quien insistió en que la pandemia permite repensar el capitalismo para alejarse de la lógica financiera.

La herencia macrista

«Cuando llegamos al gobierno (el 10 de diciembre del año pasado), la Argentina estaba en terapia intensiva y con un respirador automático. Llegó la pandemia y desenchufó el respirador automático y así enfrentamos la situación que enfrentamos», describió Fernández la situación que atraviesa el país, e insistió: «La Argentina viene expresando una parálisis de la economía que en los últimos cuatro años se profundizó de un modo muy peligroso, más de 34 mil empresas cerraron. El desempleo y la pobreza se convirtieron en un problema social».

Además de la situación económica heredada, el Presidente remarcó que, desde la oposición, siempre criticó el nivel de deuda tomada por el macrismo para cubrir el déficit fiscal porque «conducía al punto en el que estamos» y preguntó: «Yo me di cuenta, muchos se dieron cuenta, ¿el mundo no se dio cuenta?».

En esa encrucijada, el mandatario sostuvo que el déficit fiscal es algo que su gobierno tomará en cuenta, pero resaltó que para salir de la «postración económica» que generó la pandemia «la Argentina tiene que hacer una gran inversión fiscal». «El objetivo no es vivir con déficit fiscal, pero no es este el momento de preguntárselo, como no se lo pregunta nadie en el mundo», advirtió ante los empresarios reunidos por el Consejo de las Américas.

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A pesar de marcar esas diferencias con la gestión anterior, el mandatario subrayó la unidad alcanzada entre oficialismo y oposición frente a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus: «La pandemia nos enseñó algo que los argentinos hace muchos años no practicábamos: la unidad. Todos entendimos que estábamos enfrentando un peligro y debíamos hacerlo juntos para que no nos dañe».

«Hay que construir un sistema económico más sólido»

En ese contexto, el jefe de Estado convocó a aprovechar la lección de la pandemia y comenzar a «construir un sistema económico más solido, que incluya, que no deje a nadie afuera, que distribuye más equitativamente. No es una tarea que debe hacer solo Argentina».

«Hay que repensar la lógica financiera del capitalismo. Lo que más necesita la Argentina es inversión, producción, trabajo y desarrollo. No hay otro modo de cambiar las estructuras de un país que no sea a través del desarrollo», propuso el mandatario.

En ese contexto, el Presidente defendió ante los empresarios y los acreedores la propuesta de desarrollo económico del país, que genere a través de las exportaciones las divisas necesarias para poder hacer frente a sus obligaciones.

«La economía de la Argentina se desarrolló en torno al puerto de Buenos Aires y al centro del país, donde está el campo; pero luego hay dos periferias que no logran desarrollarse». «La Argentina sigue siendo un país con mucha riqueza que no explotó adecuadamente y que necesita de la asociación del Estado y del capital privado», afirmó Fernández.

El Presidente exhortó también a los capitales extranjeros a invertir en las «oportunidades de desarrollo» como Vaca Muerta, la minería, la agroindustria y la actividad pesquera, «con un criterio distinto del utilizado hasta ahora, favorecer la inversión en el interior del país», y abrió el abanico de oportunidades en obra pública, entre ellas la ruta bioceánica con Chile y la hidrovía del Paraná. También resaltó «el potencial humano» argentino para la industria del software.

«La globalización sigue siendo para nosotros una gran oportunidad, la Unión Europa sigue siendo una gran oportunidad si sabemos administrarla sin que se vuelva en contra de nosotros», planteó, por último el primer mandatario.

 


Fuente: Página/12

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