Tristes días de violencia en Bolivia por Emilio Vera Da Souza

por Emilio Vera Da Souza

UNO. Hasta hace dos meses Evo Morales era uno de los mejores presidentes del mundo, destacado en la Asamblea de la ONU y tomado como referente para que aprendan los gobernantes a hacer bien las cosas. Luego de trece años de gobierno, Morales consiguió algunas cifras ponderadas por organismos internacionales, universidades y medios europeos. Redujo a menos de la mitad la pobreza, alfabetizó a los pobladores adultos y lejanos a las ciudades, nacionalizó recursos naturales que antes estuvieron en manos de empresas trasnacionales (petróleo, gas, minería, energía), llevó agua potable a todas las regiones. Antes el agua estaba en manos de una empresa monopólica y era considerado delito con pena de cárcel sacar agua de los arroyos y ríos, inclusive en algunos casos, juntar agua de lluvia.

DOS. En toda la historia de Latinoamérica, Bolívia fue el país que más sufrió la interrupción de sus experiencias democráticas. Hasta esta semana llevaban 188 golpes militares con complicidad civil, de organismos internacionales y de la iglesia. El golpe 189 dado a Evo Morales cuenta con la novedosa participación activa de las fuerzas policiales. Uniformados que individualmente reniegan de su historia, de su raza, de su composición de clase y del motivo de su existencia: preservar las vidas y bienes, en el marco de las leyes y la Constitución.

TRES. Los líderes que han tomado la iniciativa violenta de desconocer el mandato de las urnas, de imponer su voluntad a conveniencia son los que han perdido algunos de sus privilegios y que no podían ejercer sus ideas autoritarias sin control y sin ley. Se suma a estas condiciones un novedoso componente: las pertenencias a iglesias evangélicas fundamentalistas, que traen parámetros desconocidos hasta hace muy poco y que adquieren un protagonismo político y moral para ser tenidos en cuenta. Ya está la experiencia de Brasil con el ascenso del líder ultraderechista Bolsonaro, que llegó a la presidencia luego de conseguir la anulación de la posibilidad de participar en la contienda electoral del preferido por las encuestas, Lula Da Silva (Libro «Teocracia. El auge del evangelismo en América Latina» del periodista e investigador Jorge Orduna, Ed Octubre).

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CUATRO. Trece años de gobierno votado en elecciones libres, abiertas, fiscalizadas por veedores internacionales. Trece años donde consiguió sacar a las mayorías de la pobreza, sin endeudar al Estado y cuidando las cuentas públicas. Mientras que la europea Ángela Merkel es mencionada como una líder a imitar, que lleva 16 años al frente de Alemania, Evo Morales es tratado de dictador por ser indio, de piel oscura, campesino, y vestirse con prendas elaboradas por manos campesinas. El primer presidente indio de su país.

CINCO. Hubo un presidente de Bolivia en el siglo pasado, que tenía su escritorio donde atendía los «asuntos de Estado» en el edificio de la Embajada de los Estados Unidos.
Hubo otro presidente de Bolivia que sólo sabía hablar inglés ya que nunca había vivido en el país del altiplano.

SEIS. Desde el nacimiento de las democracias modernas, algunos países han seguido algunas doctrinas internacionales y tradiciones humanitarias. La República Argentina siempre condenó en la historia los golpes militares y se solidarizó con los pueblos que sufrían la violencia institucional de los malversadores de las voluntades mayoritarias. Siempre se repudiaron oficialmente los golpes. Hasta ahora.

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SIETE. Desde el nacimiento de las democrácias varios países han seguido sus tradiciones humanitarias para preservar las vidas en riesgo de las personas perseguidas por causas políticas, siempre que no hubieran cometido delitos comunes en sus lugares de origen. La República Argentina se solidarizó con los perseguidos ofreciendo refugio a ellos y sus familias. Evo Morales llegó asilado a México. Argentina asiló en su embajada en La Paz a dos ministros del gobierno democrático, pero no hizo nada por proteger a Morales y las personas que con él, estaban en riesgo de vida.

OCHO. En Mendoza y en Argentina viven cientos de miles de bolivianos que en general son bien tratados, y gozan de los mismos derechos que los nacidos en esta tierra. Sería un buen gesto que defendieran un democrático modo de vivir. La misma tradición democrática que se ve interrumpida en su propio país de origen.

ULTIMO. Esperamos que termine la violencia y que se recupere el beneficio de la historia común. Y que los bolivianos e hijos de bolivianos que viven junto a nosotros tengan la dignidad de defender a los más débiles en este asqueroso y perverso juego que nos hacen jugar sin nuestro consentimiento. Este juego de los más poderosos intentando ser dueños de vidas y bienes, sin importarles el daño de los más débiles, de los que no tienen nada que perder, porque no tienen nada que ganar.

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